Estadísticas que entristecen e interpelan

Mons. Julián López   Pensaba haber dedicado este artículo a la glorificación de diez leoneses, jóvenes misioneros oblatos de María Inmaculada que hoy mismo son declarados beatos junto con otros 12 compañeros de hábito y un seglar martirizados en Paracuellos de Jarama. Su único delito fue ser religiosos. Pero la muerte de otros 690 “santos inocentes”, camuflada bajo la aséptica expresión “interrupción voluntaria del embarazo”, me obliga lleno de tristeza a cambiar de tema. 

No es un triunfo el que las cifras, similares a las de 2009, sean ligeramente inferiores a las de 2008, 772 “interrupciones” o a las de 2006, 813. Tampoco es grato quedar los segundos en la Comunidad Autónoma en este ranking, ni consuela el que las protagonistas sean preferentemente solteras entre 20 y 30 años, ni que hayan descendido los casos en menores de 25 años. 

Asusta la frialdad del Ministerio de Sanidad al desglosar la estadística en porcentajes, motivos, causas, perfiles de la mujer, etc. Por lo visto son méritos de la Ley que entró en vigor el 5 de julio de 2010, calificada de “eficaz” por la señora ministra en funciones, el presentar el aborto como un derecho de la mujer, y el que las jóvenes puedan interrumpir su embarazo sin consentimiento paterno a partir de los 16 años y de forma “libre”  hasta la semana 14 de gestación. Penosa estadística, verdadero suicidio de nuestra sociedad, cada año más despoblada y envejecida, cegando las fuentes de la vida humana. Porque esta es la más grave de todas las crisis, incluida la económica, al afectar al más sagrado de los valores, el respeto a la vida de un inocente. Si la maternidad puede ser libremente decidida, la eliminación del hijo ya concebido es un gravísimo atropello y, desde el punto de vista religioso, un horrible pecado. Es una falacia afirmar el derecho de la mujer a la libre disposición de su cuerpo, sobre todo cuando lleva en él un ser humano distinto de ella y sujeto ya del primero de los derechos de la persona, que es el vivir. Por cierto, la famosa píldora del “día después” que “reduce” el número de abortos, no es un simple fármaco para curar sino un medio que acaba también con una vida humana incipiente al impedir la anidación del cigoto.    

Ante este panorama cobra aún más mérito la decisión de la mujer que, pese a las presiones externas de cualquier tipo, continúa con el embarazo no deseado. Como es admirable y altamente valiosa la dedicación de las personas que prestan su apoyo a las mujeres gestantes. También es importante el testimonio de las asociaciones de mujeres víctimas del aborto que ayudan a la sociedad a recapacitar. Pido a los católicos y personas de buena voluntad que no dejen solas en su angustia a las mujeres tentadas de abortar y que les ofrezcan ayuda o las pongan en contacto con las asociaciones “Pro vida”.

 

+ Julián López

Obispo de León

Mons. Julián López
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Mons. D. Julián López Martín nace en Toro (Zamora) el 21 de abril de l945. Estudió en el Seminario Diocesano de Zamora y en el P. Instituto de San Anselmo de Roma, donde obtuvo el doctorado en Teología Litúrgica en 1975, como alumno del P. Colegio Español y del Centro Español de Estudios Eclesiásticos anexo a la Iglesia Nacional Española de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Zamora el 30 de junio de 1.968. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor de Villarín de Campos y cura ecónomo de Otero de Sariegos (1968-1970), coadjutor de la parroquia de Cristo Rey en Zamora (1973-1989) y, desde 1978, canónigo Prefecto de Sagrada Liturgia de la Catedral de Zamora y delegado diocesano de Pastoral Litúrgica, miembro del Consejo Presbiteral y del Colegio de Consultores desde 1984. Ha sido también consiliario diocesano del Movimiento Familiar Cristiano (1976-1986) y consiliario de la Zona Noroeste de este Movimiento (1980-1983). Profesor de Religión en el Instituto "Claudio Moyano" (1975-1976) y en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado en Zamora (1981-1983). Ha sido director del Centro Teológico Diocesano "San Ildefonso" y de la Cátedra "Juan Pablo II" (1984-1992); delegado diocesano para el IV Centenario de la Muerte de Santa Teresa de Jesús (1980-1982); Año de la Redención (1983-1984); Año Mariano Universal (1987-1988); V Centenario (1992) y Congreso Eucarístico de Sevilla (1993). Profesor de Liturgia y Sacramentos de la Universidad Pontificia de Salamanca (1975-1981 y 1988-1994), ha sido también Presidente de la Asociación Española de Profesores de Liturgia (1992-1995), habiendo impartido clases en las Facultades de Teología de Burgos (1977-1988) y de Barcelona (1984-1989). El 15 de julio de 1994 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo por el Papa Juan Pablo II, tomando posesión el 25 de agosto del mismo año. Cargo que desempeñó hasta su nombramiento como Obispo de León el día 19 de marzo de 2002, tomando posesión el 28 de abril. El 6 de julio de 2010 Benedicto XVI le nombró miembro de la congregación para el Culto Divino de la Santa Sede. En la CEE ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 1996 a 1999. De 1993 a 2002 formó parte de la Comisión de Liturgia y desde 2002 a 2011 fue Presidente de dicha Comisión. Desde 2011 es miembro de ella