“Que la esperanza os tenga alegres” (Rom 12,12)

Mons. Julián Ruíz Matorell    Queridos hermanos en el Señor:
Os deseo gracia y paz.
     
 San Pablo nos exhorta: “Que la esperanza os tenga alegres” (Rom 12,12). Sentimos próxima la celebración de la Natividad del Señor, y ya hemos recorrido una buena parte del Adviento. Celebramos y vivimos el comienzo del nuevo año litúrgico como ocasión favorable y tiempo propicio para revitalizar la esperanza.

 La esperanza no es una virtud pasiva. No se trata simplemente de aguantar, de resistir, de aguardar resignadamente. La esperanza moviliza nuestros mejores recursos, facilita la puesta en marcha de muchas iniciativas que nos disponen para celebrar con ánimo fraterno el Advenimiento de Jesucristo, en quien todo tiene origen, hacia el cual tiende la historia como proyecto de salvación, y en el cual todo se sustenta y mantiene con intensidad y vida. 

La esperanza dibuja una sonrisa en nuestros corazones. Una sonrisa serena y distendida para apreciar los signos del amor que se comunica y extiende. Una sonrisa solidaria y abierta. Una sonrisa luminosa y consciente del dolor de tantas personas que viven entre inquietudes y tristezas. Una sonrisa que comparte el sufrimiento, pero que no se deja vencer por él. Una sonrisa que es testigo elocuente de la alegría que brota del interior y que no se extingue nunca. Una sonrisa sincera y cálida. Una sonrisa transparente.

La esperanza es expresión del amor. También nos dice san Pablo: “Que vuestro amor no sea fingido; aborreciendo lo malo, apegaos a lo bueno” (Rom 12,9). La alegría no se puede fingir. A lo sumo logramos ocultar nuestra incomodidad o conseguimos no manifestar exteriormente rasgos de cansancio y abatimiento. Pero el amor, origen de la genuina alegría, no se consigue imitar con falsedad. El amor no es una ficción, una fábula o un engaño. Es una realidad. La realidad más consistente. El amor da sentido a todo y sin amor todo carece de sentido.

 “No te dejes vencer por el mal, antes bien vence al mal con el bien” (Rom 12,21). Estas palabras de aliento nos animan a no perder la alegría cuando todo parece desencajado a nuestro alrededor. En contraste con el activismo desbordante en que solemos vivir, con una agenda cuajada de compromisos presuntamente ineludibles, el camino del bien introduce una nueva luz para saber encontrar tiempos y espacios de silencio en los que, lentamente, va gestándose y madurando un nuevo bien, capaz de superar y vencer al mal que nos inunda.

Una respuesta airada, incluso ingeniosa, pero hiriente, produce un mal reduplicativo. Un gesto inoportuno o un comentario inapropiado siempre encontrarán eco fácil, gratuita publicidad, pero nunca conseguirán producir un bien.

La esperanza no se deja llevar ni se deja vencer. La persona que vive en clave de esperanza clava en lo alto el ancla de su vida. Experimenta el zarandeo, incluso violento, de las adversidades. Pero se mantiene firme, arraigada en Cristo. Y no permite que venza el mal en su interior, sino que con la cruz, como signo e instrumento de paz, rotura los surcos donde siembra en esperanza, con gozo, aunque no vea el fruto ni saboree la cosecha.
Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+ Julián Ruiz Martorell

Obispo de Jaca y de Huesca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.