Testigos humildes de Jesucristo

Mons. Josep Àngel Saiz Meneses      Juan Bautista juntamente con el profeta Isaías y la Virgen María son las tres grandes figuras que, como en un friso, la Iglesia pone ante nuestros ojos en el camino hacia la celebración de la Navidad. El evangelio del tercer domingo de Adviento nos presenta la respuesta de Juan cuando algunos le preguntan sobre su identidad.

Juan contestó sin ninguna reserva: “Yo no soy el Mesías, ni Elías, ni el Profeta”. Él se define humildemente como el heraldo de Jesucristo: “Yo soy la voz que grita en el desierto: Allanad el camino del Señor”. Y por eso, dando testimonio de Cristo, añade: “En medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, que existía antes que yo y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia”.

“En medio de vosotros hay uno al que no conocéis”. Estas palabras resuenan muy ajustadas para estos países nuestros de antigua tradición cristiana, pero que viven una crisis profunda de la fe y de la práctica religiosa. En medio de nosotros hay uno al que muchos no conocen y otros conocemos de modo insuficiente. ¿Qué podemos – y qué debemos- hacer los que nos confesamos cristianos?

Juan Bautista nos da una indicación preciosa. Ante todo, reconocer que nosotros no somos la luz. Como Juan que “no era él la luz, sino testigo de la luz”.  Los cristianos, la Iglesia entera, hoy y aquí, ha de seguir siendo la voz que, en medio del desierto del mundo, sigue diciendo que no es en ella en quien los hombres y mujeres de hoy se han de fijar, sino en Cristo. La Iglesia, como Juan, está llamada a ser el heraldo de Jesucristo. El Concilio Vaticano II comienza su constitución sobre la Iglesia con las palabras “Lumen gentium” (“Luz de los pueblos”), pero esas palabras no son para definir a la Iglesia misma, sino a Cristo, del que la Iglesia se reconoce como “sacramento”, es decir, como signo e instrumento eficaz. “Cristo es la luz de los pueblos”, así comienza el documento central del Concilio Vaticano II.

Benedicto XVI, que asistió al Concilio como un joven teólogo y asesor del cardenal Frings, en su visita a Barcelona, en la homilía de la dedicación de la basílica de la Sagrada Familia, hizo esta afirmación que evidencia una vez más su condición de maestro de la fe y sabio profesor de teología: “la Iglesia no tiene consistencia por sí misma; está llamada a ser signo e instrumento de Cristo, en pura docilidad a su autoridad en total servicio a su mandato”.

Nuestro mundo valora que la Iglesia dé “testimonio de la luz” y no de sí misma”. Que hable más de Jesucristo y menos de sí misma. En la noche de Navidad resonarán las palabras del profeta Isaías: “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban tierras de sombra y una luz les brilló”.

Nosotros somos este pueblo, esta Iglesia que ha de ser el signo de Aquél que es la luz del mundo: “Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo”.

Nuestro tiempo nos pide a todos ser humildes testigos, pero también testigos convencidos de Cristo en la universidad, en la oficina, en el taller, en las diferentes ocupaciones y en los diferentes ambientes. Testigos con los hechos, que es sabido que la predicación del llamado  “fray ejemplo” es la más convincente, pero también testigos con la palabra, llegado el caso. Vivir en Cristo y transparentar a Cristo. No imponer la fe, pero sí proponerla. En definitiva, podemos ser testigos decididos por una razón: porque sabemos que no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo.

 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

Mons. Josep Àngel Saiz Meneses
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Mons. Josep Àngel Saiz Meneses nació en Sisante (Cuenca) el 2 de agosto de 1956. En el año 1965 la familia se trasladó a Barcelona y se instaló en el barrio de Sant Andreu de Palomar. Ingresó en el Seminario Menor Nostra Senyora de Montalegre de Barcelona en el 1968. Posteriormente realizó estudios de Psicología en la Universidad de Barcelona entre los años 1975 y 1977. Participó activamente como miembro del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Jóvenes. Posteriormente estudió en el Seminario Mayor de Toledo los cursos de filosofía, espiritualidad y teología (1977- 1984) y fue ordenado presbítero en la Catedral de Toledo el 15 de julio de 1984. El mismo año obtuvo el Bachillerato en Teología por la Facultad de Teología de Burgos. En la archidiócesis toledana tuvo diversos destinos, primero como párroco en Los Alares y Anchuras de los Montes (1984-1985) y después como vicario de Illescas (1986-1989). El curso 1985-1986 fue capellán soldado en el Hospital de Valladolid. Entre otros servicios realizados en Toledo fue también consiliario de zona de los Equipos de la Madre de Dios (1986-1989), consiliario de zona del Movimiento de Maestros y profesores Cristianos (1986-1989) y profesor de religión en la Escuela de F.P. La Sagra de Illescas (1986-1989). El año 1989 regresó a Barcelona y fue nombrado vicario en la parroquia de Sant Andreu del Palomar, y el 1992 rector de la Iglesia de la Mare de Déu del Roser en Cerdanyola y Responsable de la Pastoral Universitaria en la Universitat Autònoma de Barcelona. También el mismo año 1992 fue nombrado responsable del SAFOR (Servei d'Assistència i Formació Religiosa) de la Universitat Autònoma de Barcelona y Responsable del CCUC (Centre Cristià d'Universitaris de Cerdanyola del Vallès). El año 1995 fue nombrado Consiliario Diocesano del Movimiento Cursillos de Cristiandad. Obtuvo la licenciatura en la Facultad de Teologia de Catalunya el año 1993 con la tesina: “Génesis y teología del Cursillo de Cristiandad”, dirigida por el Dr. Josep M. Rovira Belloso, y publicada el año 1998. En la misma Facultat de Teologia ha realizado los cursos de doctorado. Ha publicado diversos artículos sobre la evangelización y la pastoral en el mundo juvenil, en especial en la revista Ecclesia, y comenzó la elaboración de la tesis doctoral sobre “Agents i institucions d'evangelització”. El 6 de mayo del año 2000 fue nombrado Secretario General y Canciller del Arzobispado de Barcelona y el 10 de abril del 2001 miembro del Colegio de Consultores de la misma archidiócesis. El 30 de octubre de 2001 fue nombrado Obispo titular de Selemsele y Auxiliar de Barcelona y consagrado el 15 de diciembre del mismo año en la Catedral de Barcelona. El 15 de junio de 2004 fue nombrado primer obispo de la nueva diócesis erigida de Terrassa y Administrador Apostólico de la archidiócesis de Barcelona y de la nueva diócesis de Sant Feliu de Llobregat. El 25 de julio tomó solemne posesión en la S. I. Catedral Basílica del Sant Esperit en Terrassa. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión de Seminarios y Universidades.