Discernir y arraigar las motivaciones

Mons. Joan Piris  

Un documento de los primeros tiempos dice que con el cristianismo nace un nuevo tipo de habitante del mundo «que habita en su propia patria, pero como forastero; toma parte en todo como ciudadano, pero lo soporta todo como extranjero; toda tierra extraña es patria para él, pero está en toda patria como en tierra extraña» (Carta a Diogenet, v. 5). Hay que pensar porque una de las paradojas del cristiano es «estar en el mundo pero no ser del mundo» y, en cierto modo, sentirse forastero. Esto no quiere decir vivir sin raíces ni descuidar la importancia que tiene el sentido de pertenencia a una comunidad cristiana y particularmente a la Iglesia particular o Diócesis que hace cercano y visible el seguimiento de Jesús. Pero sí que nos pide profundizar y motivar mejor esta pertenencia, que no puede ser preferentemente sociológica ni tan sólo geográfica, como cuando uno dice «mi» Parroquia o «nuestra» Unidad Pastoral entendiendo prioritariamente un territorio.

Por otra parte, en Jesús se ha hecho presente un Dios interesado en la vida de los hombres (Dios-con-nosotros) y esto hace muy importante también la cuestión de cómo hacer resonar el Evangelio de forma que sea experimentado como una oferta de salvación. Y hacerlo, además, con el lenguaje apropiado en una situación como la actual en la que, a pesar de la descristianización, hay muchas familias que continúan pidiendo los Sacramentos (Bautismo, Eucaristía, Matrimonio…).

La nuestra intenta ser una pastoral de acogida, acompañar con mucho respeto los procesos personales y en grupo, una acogida que quiere ser cordial, sincera y amable, sin prevenciones ni sospechas. Se trata de ayudarnos mutuamente al conocimiento de lo que supone la realidad de la acción sagrada que se celebra y de las respectivas responsabilidades. El diálogo pastoral, en toda su amplitud, es el gran reto de una pastoral como la nuestra en contexto de misión. Ni actitudes maximalistas ni reduccionistas, sino acogida paciente y respetuosa y discernimiento de las diferentes situaciones de fe (confesada, practicada y celebrada) a la luz de criterios objetivos.

Es cierto que aparentemente la motivación social pesa a veces más que la religiosa, pero hay en numerosas personas y familias un rescoldo con raíces cristianas que seguramente puede ser reavivado con un cultivo paciente. Hay que procurar dejarnos conducir por el Espíritu para «no apagar el pabilo vacilante» «ni romper la caña agrietada».

También es cierto que en muchos casos, después de la celebración respectiva, los interesados desaparecen del ámbito parroquial y de la vivencia comunitaria de la fe y no conseguimos que se entienda esta experiencia de fe y de la correspondiente formación como un proceso de maduración para iniciar una nueva forma de vida, sino como algo puntual y momentáneo.

Ojalá todos quisiéramos profundizar más en lo que supone seguir a Jesús y formar parte de su Iglesia.

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

+ Joan Piris Frígola

Obispo de Lleida

Mons. Joan Piris
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Mons. D. Joan Piris Frígola nació el 28 de septiembre de 1939 en Cullera (Valencia). Fue ordenado sacerdote en Moncada el 21 de octubre de 1963. Desde 1964 a 1968 realizó los estudios de Licenciatura en Pedagogía en Roma y la Diplomatura en Catequética en el Pontificio Ateneo Salesiano de Roma. En 1971 obtuvo la Licenciatura en Pedagogía por la Universidad Civil de Valencia. En 1968 fue nombrado Vicario y de 1969 a 1974 párroco de San Fernando Rey de Valencia. Fue miembro del Grupo Promotor en España del Movimiento por un Mundo Mejor, de 1974 a 1979, fecha en la que ejerció como Director del Secretariado Diocesano y luego Delegado Episcopal de Pastoral Familiar en Valencia, hasta 1984. Este cargo lo compaginó con la dirección del Secretariado de la Subcomisión de Familia de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, en Madrid, de 1981 a 1984. CARGOS PASTORALES Ha sido párroco de diferentes parroquias de Valencia y Miembro del Consejo de Presbiterio de Valencia en 1984 y Párroco Consultor un año más tarde. Ha sido Vicario Episcopal de las demarcaciones de La Ribera, Valencia-Nordeste, Lliria-Via Madrid y Valencia-Nordeste. El 1 de marzo de 2001 fue elegido Obispo de Menorca y recibió la Ordenación Episcopal el 28 de abril de ese mismo año. El 16 de julio de 2008 fue nombrado por el Papa Benedicto XVI Obispo de Lleida y tomó posesión de la diócesis el 21 de septiembre de 2008. El 28 de julio de 2015 el Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral (2001-2005) y desde 2005 es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, de la que fue Presidente de 2009 a 2014.