Estad alegres en el Señor

Mons. Atilano Rodríguez    En el corazón del Adviento resuena con insistencia la invitación a la alegría. La celebración ya cercana de la visita de Dios a su pueblo, para hacerle partícipe de su vida y de su amor, llena de gozo el corazón de quienes esperan la manifestación de su poder salvador. La convicción de haber sido alcanzado por Dios en el camino de Damasco y la profunda experiencia de su amor harán del apóstol Pablo un testigo cualificado de la alegría en medio de las tribulaciones. Por eso nos dirá: “Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres…El Señor está cerca” ( Fil 4, 4-5).

Esta alegría, suscitada por la presencia de Dios en el corazón de los creyentes, no está reservada a unos pocos elegidos. El Señor quiere que su alegría alcance a toda la humanidad. Para que esta promesa llegue a su cumplimiento será preciso que quienes hemos experimentado la alegría del encuentro con Dios asumamos la gozosa responsabilidad de ofrecerla y llevarla a nuestros hermanos. 

Pero, ¿cómo hacerlo?. En ocasiones pensamos en grandes gestos o en actuaciones extraordinarias. Sin embargo, la experiencia nos dice que para trasladar la alegría de Dios a nuestros semejantes basta con una sonrisa, con un apretón de manos, con el ofrecimiento del perdón a quien nos ha ofendido o con la acogida amable al hermano. Con estos gestos sencillos, nacidos en el hondón del alma, estamos mostrando a nuestros semejantes la alegría de haber conocido a Dios en la persona de Jesucristo. 

Cuando contemplamos los comportamientos sociales, vemos con alguna frecuencia que bastantes hermanos confunden la alegría con la risa forzada, con las diversiones ruidosas o con el simple alboroto. Otros consideran que la alegría consiste en la posesión y consumo de todas aquellas cosas que resultan deseables en un momento concreto de la vida. Quienes se comportan de este modo no han descubierto la verdadera alegría o pretenden ocultar la carencia de la misma ante los demás. 

Frente a este tipo de comportamientos, los cristianos sabemos que la alegría verdadera es siempre el resultado de la apertura del corazón al amor y a la gracia de Dios. La experiencia viva de su perdón y de su salvación debería llevarnos a mostrar a todos la alegría como el primer testimonio de nuestra fe. Además, pensando en la evangelización, no deberíamos olvidar nunca que resulta imposible anunciar o comunicar a los demás una buena y alegre noticia, si estamos tristes o amargados. 

Siempre, pero especialmente durante este tiempo de Navidad, es necesario que pensemos en quienes no pueden estar alegres porque son perseguidos, están solos, sufren a causa de la enfermedad o se sienten abandonados. Tal vez no podamos dar respuesta a todos estos sufrimientos pero, por coherencia con nuestra fe y por gratitud al don recibido de Dios, tendríamos que programar alguna acción para paliar el dolor y la soledad de nuestros semejantes. 

La Santísima Virgen recibió la invitación del ángel a la alegría, porque el Señor estaba con Ella. Que María, la Madre buena, inunde nuestro corazón de profunda y verdadera alegría al vivir un año más la experiencia de que Dios también está con nosotros. Que Él os bendiga y os haga renacer a una vida nueva. 

+Atilano Rodríguez

Obispo de Sigüenza-Guadalajara

 

Mons. Atilano Rodríguez
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Mons. D. Atilano Rodríguez nació en Trascastro (Asturias) el 25 de octubre de 1946. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Oviedo y cursó la licenciatura en Teología dogmática en la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1970. El 26 de febrero de 2003 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo, sede de la que tomó posesión el 6 de abril de este mismo año. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostado Seglar y Consiliario Nacional de Acción Católica desde el año 2002. Nombrado obispo de Sigüenza-Guadalajara el día 2 de febrero de 2011, toma posesión de su nueva diócesis el día 2 de abril en la Catedral de Sigüenza.