Una luz que prende en nuestros corazones

Mons. Mario Iceta    

1. Iniciamos el mes de diciembre sumergidos en el tiempo litúrgico del Adviento. Los días siguen acortando y la naturaleza se adormece a la espera de la luz y el calor que, tras el invierno, la hará despertar con toda su fuerza y esplendor. Pero este adormecimiento de la naturaleza es ocasión para que brille tenue y débil una pequeña luz que nace un pesebre. Nuestras largas noches son iluminadas por luces de colores que reflejan esta luz de Belén. En la oscuridad amanece una luz que no tendrá ocaso, la fuente de una vida nueva que viene a la humildad de nuestra carne y que, envuelta en pañales, es presencia del amor, misericordia y ternura de Dios. 

2. No en vano, una antigua tradición centroeuropea agregó a la costumbre de hacer y montar los belenes en iglesias y hogares, el iluminar los árboles de hoja perenne como signo de la vida y la luz que brotan del portal de Belén y cuya vida no se adormece ni siquiera durante el crudo invierno. Además, el tiempo de Adviento es ocasión para suscitar en nosotros el deseo de que esa luz que nace en Belén nos ilumine, de que esa vida perenne de Jesús nos abrace y transforme nuestra vida en  vida eterna, y que ese fuego de amor que calienta el pesebre prenda en nuestros corazones. El Adviento es tiempo de desear a Dios, de preparar los caminos del Señor, de disponernos a acoger a Dios que se ha encarnado y abrirle nuestro corazón, nuestras familias, todas nuestras actividades, nuestro tiempo y nuestra historia. 

3. Dispongámonos a celebrar la Navidad en toda su anchura y profundidad. No adulteremos su sentido genuino con el reclamo del consumismo y del derroche, de la frivolidad y de la superficialidad, que siempre dejan el corazón endurecido y el alma vacía. Celebremos unas navidades auténticas, con el gozo profundo que brota de la certeza de que Dios se ha hecho niño por amor a nosotros, de que ha asumido nuestra humanidad para llevarla a su plenitud y dar respuesta a los anhelos más profundos de nuestro corazón. 

4. Si Dios se ha hecho de tal manera solidario con nosotros, en unidad de destino, asumiendo nuestra debilidad y pobreza, también nosotros debemos tener sus mismos sentimientos y actitudes para con nuestros prójimos. Es Navidad, buena noticia, para todos. Desgraciadamente, para muchos hermanos nuestros, el agobio de la pobreza o el desamor, la precariedad o falta de trabajo, la enfermedad o la soledad, la lejanía o ausencia de seres queridos, dificultarán la percepción de la alegría y esperanza que brotan de la celebración de la Navidad. Y el Señor nos envía a aliviar estas carencias y pobrezas, invitándonos a compartir lo que somos y tenemos para que también sobre ellos brille la estrella de Belén. De este modo experimentaremos que hay más alegría en dar que en recibir, viviendo en verdad la Buena Nueva del Señor. 

5. Cada uno, y cada familia, podría pensar en qué modo hacer efectiva esta dinámica del don y del amor que brotan de un corazón que ha acogido a Jesús, nacido en Belén, en la concreción de nuestra vida: algunos destinan una mensualidad del sueldo a los necesitados; otros, la paga extraordinaria. Muchos dan a los necesitados el importe equivalente a un invitado más en la mesa de Navidad y de las fiestas subsiguientes, o la parte proporcional de lo que pensaba gastar en regalos; algunos reducen al mínimo lo que gastan durante estos días para dedicarlo a la ayuda de los demás. También muchos se comprometen con una cantidad fija mensual. ¡Hay tantas formas de hacerlo, sin que por ello nadie tenga que notarlo para que sólo lo vea nuestro Padre del cielo! Y además debemos hacerlo de un modo delicado para no humillar a quien lo necesita, sino que, por encima de todo, sienta el calor de una mano amiga y de un abrazo que pretende acompañar en el camino e iluminar y prestar calor humano y divino en la noche de las dificultades. 

6. Viviendo de este modo la Navidad, percibiremos el secreto que se esconde en el portal de Belén: la grandeza de un Dios que se ha despojado de todo para hacerse pequeño, humilde, servidor de todos. Muy queridos diocesanos: atrevámonos a vivir la Navidad de un modo nuevo, realmente alternativo. Vivámosla en la radicalidad de su verdad. Entonces experimentaremos el gozo profundo de una vida renovada, la certeza de que en medio de tantas oscuridades, amanece una estrella que nos muestra el camino para encontrarnos con Jesús. Y ese encuentro, en la noche santa de Navidad, cambiará decisivamente nuestras vidas llenándolas de su amor y de una esperanza cierta y fiable. Feliz Navidad. Que el Señor renazca en vuestros corazones y en vuestras familias. Que Él nos otorgue su copiosa bendición. Con afecto.

+ Mario Iceta Gabicagogeascoa

Obispo de Bilbao

Mons. Mario Iceta Gabicagogeascoa
Acerca de Mons. Mario Iceta Gabicagogeascoa 81 Articles
Es Doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Navarra (1995), con una tesis doctoral sobre Bioética y Ética Médica. Es Doctor en Teología por el Instituto Juan Pablo II para el estudio sobre el Matrimonio y Familia de Roma (2002) con una tesis sobre Moral fundamental. Es Master en Economía por la Fundación Universidad Empresa de Madrid y la Universidad Nacional de Educación a Distancia de Madrid (2004) y miembro correspondiente de la Real Academia de Córdoba en su sección de Ciencias morales, políticas y sociales desde 2004. Así mismo es miembro de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao desde junio de 2008. Fundador de la Sociedad Andaluza de Investigación Bioética (Córdoba, 1993) y de la revista especializada Bioética y Ciencias de la Salud (1993). Ha participado como ponente en diferentes cursos y conferencias de Bioética tanto en España como en el extranjero y posee numerosos artículos en revistas especializadas en Bioética y Teología Moral, así como colaboraciones en diversas publicaciones y diccionarios. Entre sus publicaciones destacan: Futilidad y toma de decisiones en Medicina Paliativa (1997), La moral cristiana habita en la Iglesia (2004), Nos casamos, curso de preparación al Matrimonio (obra en colaboración, 2005). En el campo de la docencia ha ejercido como profesor de Religión en Educación Secundaria (1994-1997); Profesor de Teología de los Sacramentos, Liturgia y Canto Litúrgico en el Seminario Diocesano de Córdoba (1994-1997); Profesor de Moral fundamental y de Moral de la Persona y Bioética en el mismo Seminario, así como en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de la Diócesis (2002-2008). Profesor asociado de Teología Moral fundamental y Bioética en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra desde 2004 hasta la actualidad. Por último, también pertenece a la Subcomisión de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal Española.