Madre de la esperanza

Mons.Francesc Pardo i Artigas    El próximo jueves celebramos la fiesta de la Inmaculada Concepción de Santa María Virgen, que contemplo asociada a la Virgen de la Esperanza, propia de este tiempo de adviento. 

La fiesta de la Madres nos ayuda a vivir el tiempo de adviento. Nos encontraremos con el Hijo, pero antes nos encontraremos con su madre, la que más sabe de cómo acogerlo. Santa María del Adviento, la que Dios preparó –Inmaculada- para aportarnos el Señor. 

Con términos humanos manifestamos la convicción de que Dios prepara la mejor de las madres para aportarnos a su hijo, Jesucristo, esperanza para su pueblo y para toda la humanidad. Y la mejor de las madres había de ser llena de gracia, inmaculada desde su concepción. 

Ciertamente que contemplamos a María y las maravillas que Dios ha obrado en ella, la felicitamos y a ella nos encomendamos. Pero, también somos conscientes que debemos esperar a aquel que también esperó María con amor de Madre. Lo esperamos cada uno de nosotros, nuestras comunidades parroquiales, la propia Iglesia, toda persona –aunque no sea conocedora- y toda la sociedad. 

¿Cómo podemos decir hoy que esperamos a Jesucristo, si ya ha venido a este mundo? ¿Cómo podemos pensar que las persones lo esperan, si algunos manifiestan  que no  necesitan Salvador alguno? 

El propio Jesús que aseguró que estaría con nosotros cada día, viene constantemente, en forma carnal, pero sí, envuelto en signos muy humanos, a fin que podemos acogerlo: por medio de la Eucaristía y los sacramentos, la comunidad de la Iglesia, la parroquia, la plegaria, en cada una de les persones que  camina junto a nosotros, y en todos aquellos que nos pide que amemos y sirvamos de una forma especial. Por ello debemos esperarlo cada día.. 

Jesús vuelve como Señor glorioso al término de nuestra vida y de la historia humana para aportarnos en su culminación la salvación que degustamos. Nuestra esperanza es que viviremos con plenitud los deseos más profundos de nuestro ser: deseos de vida, de amor, de felicidad… y para siempre. Pero, aquí y ahora necesitamos saborear y experimentar que la vida es más fuerte que la muerte, que el amor supera al egoísmo, que la justicia y la verdadera libertad son las que realizan la persona en comunidad, y que es Dios quien nos lo asegura y ofrece. 

Por todo ello debemos contemplar a María Inmaculada y a ella encomendarnos como modelo de esperanza. 

Ella, en efecto, es modelo de esperanza, porque como hija del pueblo de Israel, esperaba el cumplimiento de la promesa de Dios, el Mesías, el Salvador. 

Ella es modelo de esperanza, porque confió totalmente en el anuncio del ángel, el mensajero de Dios, y en su poder, para ser madre de Jesús. 

Ella es el modelo de esperanza porque captaba lo que debía hacer en cada momento para estar junto a Jesús: ayudar a unos desposados, estar al pie de la cruz, acompañar a la iglesia naciente… 

Ella es el modelo que cree y espera. Dios, para enviar a su hijo, el que había de dar respuesta a las esperanzas de la humanidad, ha querido contar con alguien de esta misma humanidad. Ha querido contar con María. Ella dijo que sí a Dios, un sí con el que estaba dispuesta a asumir la maternidad. 

Pensemos en nosotros –también hijos suyos- en la Iglesia, en la parroquia… 

Hoy, Dios, para ofrecer a Jesucristo y sus dones a todo el mundo, para edificar un mundo –nuestro mundo- según su querer cuenta con todos nosotros, con la parroquia. Para ofrecer y mantener la esperanza en la Salvación cuenta con nosotros, como contó con María. Y a cada momento se nos pide: ¿Quieres colaborar?

Desde hace generaciones, nuestra Iglesia de Girona, nuestros antepasados en la fe, dieron respuestas afirmativas, como lo hizo María: Gracias a su “si”, Jesucristo ha llenado de esperanza a todas las generaciones que han confiado en su poder y en su gracia. 

Que María Inmaculada, nos ayude a acoger a Jesucristo, aquel que es esperanza de Salvación de toda persona en nuestro presente y en nuestro futuro, y también a anunciarlo y a ofrecerlo. 

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 403 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.