Disfrutar

Mons. Garcia  Aracil     Todo el mundo se manifiesta satisfecho cuando ha disfrutado de cualquier cosa por cualquier motivo y en cualquier momento. Muchos identifican el disfrute con la felicidad. Por eso pretenden prolongar las circunstancias y los momentos en que están disfrutando, y buscan la forma de recuperarlos cuando terminaron o se fueron. Sin embargo, nadie puede afirmar que ha logrado prolongar a su gusto y hasta la saciedad los motivos de disfrute. Con ello, sienten el disgusto de ver truncada la ilusión de encontrar la felicidad que habían imaginado vinculada a la satisfacción y al placer gustado momentáneamente.

Aunque es el espíritu el que percibe la satisfacción que llega por diversos medios, incluso por los sentidos, sin embargo no siempre se puede identificar el espíritu con la interioridad de la persona, con el interior donde el alma tiene su dominio y ejerce el discernimiento entre lo bueno y lo malo, entre lo correcto y lo incorrecto. Me refiero al espíritu que gobierna la globalidad de la persona. Hay sensaciones y vivencias que producen una satisfacción momentánea pero engañosa, porque no están en relación con lo que es bueno para el desarrollo integral de la persona. Así ocurre con la satisfacción dolorosamente transitoria que puede ofrecer la práctica de los vicios o de las acciones que discrepan de la esencia, de la identidad original de la persona; y, por tanto, son incapaces de alimentar el ansia de felicidad profunda y permanente que corresponde a la persona por su propia identidad trascendente.    

Hay que distinguir lo que llena verdaderamente el alma vibrando acorde con su propia identidad que es, a un tiempo, humana y elevada al orden sobrenatural, y lo que produce engañoso atractivo y ofrece falsas promesas.

Siendo así las cosas, brota espontánea la pregunta: ¿cómo, pues, podemos disfrutar legítima y ordenadamente, hasta el punto de hallar en la correspondiente satisfacción un motivo de crecimiento personal acorde con la propia identidad original?

La respuesta requiere preguntarse acerca de la propia identidad original y decidirse a procurar en todo la coherencia con ella. Leyendo con fe la Sagrada Escritura descubrimos que hemos sido creados por Dios a su imagen y semejanza. Por tanto, nada de lo que se oponga a Dios puede ser causa de verdadero y permanente disfrute. Nada de ello puede llevarnos a la felicidad siempre deseada y a la que estamos ordenados por el mismo Creador. La conclusión es muy clara. El disfrute ante cualquiera de las realidades, buscadas o inesperadas, con que podamos encontrarnos nace, fundamentalmente, cuando el alma está abierta y preparada para percibir el misterio, para descubrir la grandeza de lo pequeño y la profundidad de aquello que puede pasar desapercibido a quien carece de espíritu contemplativo. El disfrute se nos ofrece cuando somos capaces de ver en la naturaleza la expresión de la bondad y de la magnanimidad de Dios creador; cuando nos encontramos con la belleza de un rostro afable, con la armoniosa melodía del silencio que reina en un paisaje majestuoso, con la sonrisa de un niño, con una mirada amorosamente comprensiva; cuando llegamos a descubrir una de las manifestaciones de la inagotable verdad; y, en definitiva, cuando contemplamos, gustamos, o utilizamos cada una de las cosas, dimensiones, aspectos, objetos y vivencias con un sentido trascendente que haga referencia al Autor de todo bien, de toda belleza, y de la felicidad que anuncia la felicidad eterna.

La posibilidad de disfrutar de vivencias, personas y cosas, de la naturaleza, de la verdad, y de todo lo que nos llega como regalo de lo Alto, constituye un motivo de gratitud y alabanza a Dios. Al mismo tiempo, la conciencia de que todo motivo de justo disfrute viene de Dios y depende de nuestra relación con Él, constituye un estímulo para crecer en admiración, adoración y confiada súplica a Quien todo lo ha creado y lo propicia y lo permite para nuestro bien.

+Santiago García Aracil.
Arzobispo de Mérida-Badajoz

Mons. Santiago García Aracil
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ons. D. Santiago García Aracil nació el 8 de mayo de 1940 en Valencia. Es Licenciado en Teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia (1976). CARGOS PASTORALES Fue cura párroco de Penáguila entre 1964 y 1965. Consiliario Diocesano de la Juventud Estudiante Católica (1966-1984). Maestro de Capilla del Seminario Corpus Christi de Valencia entre 1966 y 1984. Además, fue Delegado Diocesano de Pastoral Universitaria entre 1972 y 1984. Ha sido en Valencia fundador del Centro de Estudios Universitarios en 1971. El 27 de diciembre de 1984 fue ordenado Obispo Auxiliar de Valencia, cargo que desempeñó hasta 1988. Ese año fue nombrado Obispo de Jaén. El día 9 de julio de 2004, el papa Juan Pablo II le nombró arzobispo para ocupar la sede metropolitana de Mérida-Badajoz. Tomó posesión de la diócesis el 4 de septiembre de 2004. El papa Francisco aceptó su renuncia el 21 de mayo de 2015. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde marzo de 2014. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral (1987-1990), Relaciones Interconfesionales (1987-1990/2005-2008); Seminarios y Universidades (1990-1993); Enseñanza y Catequesis (1990-1993) y Patrimonio Cultural (1993-1999). Fue Presidente de esta última Comisión de 1999 a 2005 y de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde 2008 a 2014. El 20 de octubre de 2011, en la CCXXI reunión de la Comisión Permanente, fue nombrado miembro de la "Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia".