Adviento, tiempo de espera y preparación para la venida del Señor

Mons. Gerardo Melgar   Queridos diocesanos:

La Iglesia, con la celebración del Tiempo litúrgico del Adviento, nos invita a meditar y a vivir en actitud de espera ante la venida del Señor. De este modo, el Adviento, como tiempo de espera de la venida del Señor, se nos presenta en tres dimensiones:

El adviento histórico:es el que vivió el pueblo de Israel que esperaba la llegada del Salvador. Los profetas nos dejan una serie de enseñanzas fundamentales sobre las actitudes que le pedían a aquel pueblo para prepararse bien a la llegada del Salvador. Estas actitudes nos sirven perfectamente a nosotros para vivir también nuestro Adviento hoy.

El adviento místico: es nuestro propio Adviento; en él nos preparamos para recibir al Salvador que llega a nosotros, y nos pide tener la casa bien limpia y el corazón bien abierto para recibirlo, quitando todo lo que haya de suciedad y pecado, y acoger al que viene a nosotros como Salvador y Redentor. El Adviento, así, nos recuerda que el Señor viene constantemente al hombre, a cada uno de nosotros; por eso, es necesario que seamos conscientes de esta realidad y preparemos nuestro corazón abriéndolo y disponiéndolo para que entre el Señor en él.

El adviento escatológico: es la preparación a la llegada definitiva del Señor, al final de los tiempos, cuando venga para coronar definitivamente su obra redentora, pagando a cada uno según sus obras. Esta llegada del Señor debe ser un hecho gozoso para el creyente porque durante toda su vida no ha hecho sino prepararse para este encuentro final.

Durante los cuatro Domingos de Adviento se nos llama a vivir este profundo significado y se nos invita a encarnar en nosotros las actitudes que vivieron las principales figuras del Adviento.

El primer Domingo -así como la primera semana- se nos llama a la vigilancia en la espera de la venida del Señor. Las lecturas de esta primera semana van a estar constantemente urgiéndonos a vigilar, a estar preparados, a no quedarnos dormido porque cuando menos lo pensemos vendrá el Señor y nos llamará a la Vida eterna. Hemos de preparar esta llegada del Señor cada día -en cada momento de nuestra vida- siendo auténticos discípulos suyos y comprometidos misioneros que con nuestro testimonio le damos a conocer a los demás.

El segundo Domingo -y durante toda la semana segunda- la Palabra de Dios nos llamará a preparar el camino al Señor que viene, a la conversión de nuestra vida según Dios. Es la predicación de Juan el Bautista, su precursor que nos va a repetir: “que ya llega, que está ya cerca, preparad el camino al Señor”.

Sería importante que en este Adviento pensáramos en lo que tenemos que preparar en nuestra vida, lo que tenemos que quitar porque impide o estorba para que el Señor llegue a nosotros -nuestros pecados- y lo que tenemos que poner, porque nos falta para acogerle verdaderamente, lo positivo que tenemos que vivir y que no vivimos. Una manera preciosa de vivir lo que supone esta preparación sería acercarnos al Sacramento del perdón y recibir por él la misericordia divina.

El tercer Domingo pone ante nuestros ojos, para nuestra consideración, el testimonioque María, la Madre del Señor, desarrolla sirviendo y ayudando al prójimo. Esta semana se nos hará una invitación a tener muy presente la figura de la Virgen Santísima, que se prepara para ser la Madre de Dios y que además está dispuesta a ayudar y servir a quien la necesita.

Nosotros somos invitados a vivir nuestra condición de hijos de Dios viviendo lo que Dios quiere y como Él espera de nosotros; pero, al mismo tiempo, comprometiéndonos en tender la mano a cuantos nos necesiten, a tantos como en la actualidad lo están pasando mal tanto económica como moralmente; no nos olvidemos de quienes nos necesitan especialmente en este Adviento y sepamos compartir con ellos lo que tenemos poniéndolo a su servicio.

Finalmente, el cuarto Domingo se nos hará el anuncio del Nacimiento de Jesús con la mirada fija en José y María. La liturgia nos invita a aprender de la Virgen aceptando a Cristo como la Luz del mundo. Aceptar a Jesús como lo hicieron María y José significa dejarnos iluminar por Él, dejar que Él quite las oscuridades de nuestra vida y que resplandezca en nuestras existencias como el mayor Bien al que servimos y adoramos.

Si vivimos cada semana del Adviento con todo su auténtico significado, seguro que nos estaremos preparando bien para el Nacimiento de Cristo en cada uno de nosotros; de este modo, además, estaremos preparando también su última Venida, viviendo el estilo que Él nos propone a sus discípulos y seguidores.

No dejemos pasar este Tiempo y pensemos en algo negativo -algo concreto- que nos dificulta para recibir al Señor en nuestro corazón y que debemos quitar, así como en algo que nos falta y que tenemos que adquirir y vivir para que nos preparemos de verdad a su venida.

Contemplemos en este Adviento a las grandes figuras del mismo -los profetas, Juan el Bautista, María- y tratemos de imitar la lección que nos dan para preparar auténticamente la venida del Señor como ellos lo hicieron.

Que Dios os bendiga,

 +Gerardo Melgar

Obispo Osma- Soria

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.