Derechos humanos, una fecha histórica

Mons. Francisco Gil Hellín

El próximo 10 de diciembre se cumplen sesenta y tres años de la aprobación del artículo 18 de la Declaración de los Derechos Humanos de la ONU. En él se decía literalmente: “Toda persona humana tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y religión; este derecho incluye el derecho de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual o colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia”.
No fue fácil llegar a esta redacción. El delegado de la URSS, señor Paulov, situaba en el mismo rango la ciencia y la religión; el de Uruguay, señor Fontana, ponía en el mismo nivel la libertad de pensamiento que la de ciencia y religión. El representante de los países musulmanes, en cambio, se oponía a las cláusulas que permiten cambiar de religión. El señor Ayaz, de
Afganistán, fue más lejos, al afirmar públicamente que él seguiría las leyes islámicas en cuanto prohíben el cambio de religión.
Por fin, la Asamblea General de la ONU aprobó el proyecto de Declaración, con una cierta resistencia de ateos y agnósticos, con la repulsa disimulada de concepciones marxistas y con el rechazo de algunos fundamentalistas. De los 58 Estados miembros, 48 dieron su aprobación. El texto salió adelante y ha servido de punto de referencia para la reflexión y el ordenamiento jurídico de las últimas décadas. El concilio Vaticano, en su declaración sobre la Libertad religiosa aprobó otro texto importantísimo: “la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa. Esta libertad consiste en que todos los hombres han de estar inmunes de coacción tanto de personas particulares como de grupos sociales y de cualquier potestad humana; y esto de tal forma que en materia
religiosa ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, solo o asociado, dentro de los límites debidos” (Dignitatis humanae, n. 2). Tampoco fue fácil llegar a esta redacción, pero terminó siendo aprobada por una mayoría abrumadora.
Los textos están ahí, pero contra ellos se alzan personas y grupos en casi todas partes. Parece mentira, pero el hombre, en lugar de defender la libertad con uñas y dientes, porque ha sido creado por Dios como ser libre y es la única criatura terrena que goza de esa maravillosa prerrogativa, encuentra más fácil levantar barricadas en contra de la libertad de los demás; y, sin
pretenderlo pero como lógica consecuencia, contra su libertad. Esto ocurre no sólo más allá de los muros de las sociedades occidentales sino también dentro de esos muros y hasta, en ocasiones, dentro de ciertos ambientes eclesiales. Así, se da
el caso de que algunos países, que levantan sus edificios religiosos en cualquiera de las grandes ciudades de Europa, niegan a los católicos hasta el ejercicio del culto privado. En Europa y Estados Unidos, por otra parte, algunos intelectuales reclaman la libertad de pensamiento, pero niegan el derecho a que los católicos puedan sacar las conclusiones sociales de su fe. A veces,
algunos sectores intraeclesiales tratan con menosprecio y hasta con hostilidad a instituciones y personas que, siendo bautizadas como ellos, tienen otras sensibilidades religiosas. El gran Juan Pablo II –experto conocedor de ambas persecuciones en sus propias
carnes- nos dejó este criterio orientador: “Un creyente sufre por causa de la justicia cuando, por su fidelidad a Dios, experimenta humillaciones, ultrajes y burlas en su ambiente, y es incomprendido incluso por sus seres queridos; cuando corre el riesgo de ser impopular y afronta otras consecuencias desagradables. Sin embargo, está dispuesto siempre a cualquier sacrificio,
porque hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”.

Mons. Francisco Gil Hellín
Arzobispo de Burgos

Mons. Francisco Gil Hellín
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Mons. D. Francisco Gil Hellín nace en La Ñora, Murcia, el 2 de julio de 1940. Realizó sus Estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Diocesano de Murcia entre 1957-1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma entre 1966-1968. Además, estudió Teología Moral en la Pontificia Academia S. Alfonso de Roma entre los años 1969-1970. Es Doctor en Teológía por la Universidad de Navarra en 1975. CARGOS PASTORALES Ejerció de Canónigo Penitenciario en Albacete entre 1972-1975 y en Valencia de 1975-1988. Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede de 1985 a 1996. Fue Vicedirector del Instituto de Totana, Murcia entre 1964-1966 y profesor de Teología en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia (1975-1985). También en el Istituto Juan PAblo II para EStudios sobre el Matrimonio y Familia (Roma, 1985-1997) y en el Pontificio Ateneo de la Santa Cruz en Roma (1986-1997). Juan Pablo II le nombraría despues Secretario del Dicasterio de 1996 a 2002. Fue nombrado Arzobispo de la Archidiócesis de Burgos el 28 de marzo de 2002, dejando su cargo en la Santa Sede, y llamado a ser miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia desde entonces. El papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Burgos el 30 de octubre de 2015, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 28 de noviembre de 2015. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida desde el año 2002. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Burgos desde 2011 hasta 2015. Además fue miembro de la Comisión Episcopal del Clero de 2002 a 2005.