II Domingo de Adviento

Mons. Manuel Ureña   La esperanza que arranca de la fe y que culmina en la caridad es la virtud básica del Adviento.  Mediante ella nos abrimos a Dios, que ha prometido  salir a nuestro encuentro, y le decimos: Ven, Señor, no tardes.

Sin embargo, lo cierto es que a menudo nuestra  esperanza no está puesta precisamente en Dios. Hay  muchos elementos humanos, demasiado humanos, que se interponen entre Dios y nosotros. Por eso, la oración colecta de la misa del segundo domingo de Adviento nos exhorta a pedir ayuda a Dios para poner nuestro corazón en él y no en los ídolos. Señor todopoderoso, rico en misericordia, – dice esta oración -cuando salimos animosos al encuentro de tu Hijo, no permitas que lo impidan los afanes de este mundo; guíanos hasta él con sabiduría divina para que podamos participar plenamente de su vida.

Hay que permanecer, pues, a la espera de la venida de Dios, estar siempre en vigilia como las vírgenes prudentes, con las lámparas bien encendidas y con las alcuzas bien provistas de aceite, con fuego en el alma, con el fuego ardiente del amor, con el ansia del esposo, esa ansia que nos lleva a desear su venida y a estar prontos a abrirle tan pronto como él se presente y llame a la puerta.

Así debe ser y así debe discurrir nuestra vida. Pero, puesto que no vivimos así, urge nos convirtamos. No retrasemos la conversión, pues el Señor llegará como el ladrón en la noche. Es cierto que él tiene mucha paciencia con nosotros, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan. Con todo, puede llegar en cualquier momento, y es necesario nos encuentre en paz con él, inmaculados e irreprochables. Así nos lo dice san Pedro en el paso 3,8-14 de su segunda carta.

¿Qué implica la conversión? ¿Por dónde habrá que empezar? En primer lugar, hay que evitar la temeraria presunción de que Dios nuestro Señor correrá al final un tupido velo sobre los pecados de los hombres y nos salvará a todos a pesar de nosotros mismos, es decir, que salvará incluso a aquellos que permanezcan en su obstinación de no convertirse ni en el mismo momento de su muerte.

En cuanto a aquellos que tienen conciencia moral de estar en gracia de Dios, procuren no confiarse en la justificación ya lograda y cuiden de no caer (cf 1Cor 10, 12) y con temor y temblor sigan colaborando a la salvación que ya han alcanzado (cf Fil 2, 12) por medio de trabajos, vigilias, limosnas, oraciones y oblaciones, ayunos y práctica de la castidad (cf 2 Cor 6,5ss).

Finalmente, a aquellos que son conscientes de haber cometido el pecado mortal o grave y han perdido el estado de gracia, la Iglesia les exhorta a que, movidos interiormente por Dios y mediante el recurso al sacramento de la penitencia, procuren recuperar, en virtud de los méritos de Cristo, la gracia perdida. No en vano, para aquellos que después del bautismo caen en pecado, lo que ocurre de hecho con todos, Cristo Jesús instituyó el sacramento de la penitencia cuando dijo: recibid el Espíritu Santo; a quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados y a quienes se los retengáis, les serán retenidos (Jn 20, 22).

Convirtámonos, pues, al Señor ahora que todavía es tiempo de gracia y de misericordia. Aprovechemos el tiempo de Adviento, plazo de gracia y kairós de penitencia.

Escuchemos a Isaías, que nos dice: en el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale (Is 40, 3-5).

Y sigamos el consejo de Juan el Bautista, que nos predica la conversión y la penitencia como condiciones necesarias de posibilidad para prepararnos a salir al encuentro del Mesias.

† Manuel Ureña Pastor

 Arzobispo de Zaragoza

Mons. Manuel Ureña
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Manuel Ureña Pastor nació en Albaida (Valencia) el 4 de Marzo de 1945. Realizó sus estudios de Enseñanza Primaria en las Escuelas Nacionales de su pueblo natal. En Septiembre de 1959 ingresó en el Seminario Metropolitano de Moncada (Valencia), en donde cursó el Bachillerato Elemental y el Bachillerato Superior, y, posteriormente, el quinquenio de Estudios Eclesiásticos, obteniendo en junio de 1970 el título de Bachiller en Teología. Entre los años 1968 y 1973, cursó Estudios Superiores de Historia y de Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Literaria de Valencia. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca con una tesina sobre “El tema de Dios en el joven Leibnitz”. El 14 de Julio de aquel mismo año, 1973, recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos del entonces Sr. Arzobispo Metropolitano, S.E. Rvdma., Mons. José María García Lahiguera. A partir de septiembre de aquel año ejerce el ministerio sacerdotal, como coadjutor, en la parroquia de Nuestra Señora del Olivar de Alacuás (Valencia) y, al mismo tiempo, imparte clases de Teología pastoral, de Teología Fundamental y de Teología de la fe en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia. En Septiembre de 1976 es enviado a Roma para cursar estudios superiores de Filosofía en la Pontificia Universidad de Santo Tomás. Allí obtendrá en abril de 1984 el grado de Doctor en Filosofía con una Tesis Doctoral sobre el pensamiento del filósofo neomarxista alemán Ernst Bloch titulada: “Ernst Bloch:una interpretación teleológica –inmanente de la realidad” que mereció la máxima calificación académica. En 1980, es nombrado Director del Colegio Mayor "San Juan de Ribera", de Burjasot (Valencia), y profesor de Metafísica y de Historia de la Filosofía Antigua en la Facultad de Teología de Valencia. Durante dos semestres impartiría también las asignaturas de Filosofía de la Religión y de Historia de la Filosofía medieval. En 1987 es nombrado miembro de la Blochsgesellschaft, en la entonces República Federal de Alemania. El 8 de Julio de 1988 el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo de la Diócesis de Ibiza, siendo consagrado el 11 de septiembre de aquel mismo año. Y, desde el 20 de abril de 1990, simultaneó su ministerio episcopal en Ibiza con el de Administrador Apostólico de la Diócesis de Menorca. En Julio de 1991, el Papa Juan Pablo II lo trasladó a la Diócesis, entonces recien creada, de Alcalá de Henares, nombrándolo, al mismo tiempo, Visitador Apostólico de los Seminarios Mayores de las provincias eclesiásticas de Andalucía y Administrador Apostólico de la Diócesis de Ibiza. En 1992, el entonces Presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Zaragoza, S. E. Rvdma., Mons. Elías Yanes Álvarez, lo nombró Consiliario Nacional de la Adoración Nocturna Española, cargo que sigue ejerciendo en la actualidad. En Julio de 1998 es nombrado Obispo de la Diócesis de Cartagena, Administrador Apostólico de la diócesis de Alcalá de Henares y Gran Canciller de la Universidad Católica de Murcia. Promovido al Arzobispado de Zaragoza el 2 de abril de 2005, comenzó a ejercer aquí su ministerio de sucesión apostólica el 19 de junio del mismo año, al tiempo que era nombrado Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena y Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral Social, de Seminarios y Universidades, y del Comité Episcopal ‘Pro vita’. En la actualidad es miembro de la Comisión Episcopal de para la Doctrina de la Fe. Su investigación filosófica gira en torno al pensamiento marxista y al pensamiento postmoderno. En teología, ha trabajado bastante el pensamiento de los teólogos católicos Karl Rahner y Hans Urs von Balthasar; y, en teología protestante, ha familiarizado mucho con los teólogos protestantes Karl Barth y Dietrich Bonhoeffer. Sus trabajos científicos son ya más de 60. Y su principal publicación es el libro Ernst Bloch, ¿un futuro sin Dios? (BAC MAIOR (Madrid) 1986). Reconocimientos: Hijo Predilecto de Albaida, Medalla de Oro de la ciudad de Murcia, Defensor de Zaragoza 2008, Premio IACOM (Instituto Aragonés de Comunicación). Premio Fundación Carlos Sanz 2010. Caballero de Honor de Ntra. Sra. del Pilar. Encargos pastorales: Miembro de la Comisión de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal, trienios (1993-1996; 1996-1999; 1999-2002; 2002-2005; 20005-2008; 2008-2011). Miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (2011-2014). Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica San Antonio de Murcia.