"Cuando llegó la plenitud del tiempo" (Gal 4, 4)

Mons. Julián Ruíz Matorell    Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.

 “Mas cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley” (Gal 4,4). El tiempo no consiste simplemente en el discurrir diario de instantes idénticos unos a otros. El tiempo es también oportunidad, momento favorable, ocasión propicia. El tiempo alcanza su plenitud en Cristo y Él nos ilumina con su presencia.

Nos quejamos de la secuencia aburrida de tantos momentos apenas significativos y, simultáneamente, nos sorprendemos de la celeridad con que se desvanecen en nuestras manos tantos días cuajados de actividades, de compromisos, de responsabilidades.

Con Cristo, vivimos un encuentro que cambia nuestra vida. En Cristo, nuestro tiempo es rescatado de la banalidad e injertado en el tiempo de Dios. La salvación “pasa” a través de la trama de los hechos y de los gestos cotidianos. Las horas “comunes”, irrelevantes, se hacen “significativas”. El momento fugaz se transforma en un momento decisivo. Desde Cristo, la historia comunitaria y personal se lee con una nueva luz.

En la Carta Apostólica “Porta fidei”, con la que convoca el “Año de la fe”, escribe el Santo Padre: “»La puerta de la fe» (cf. Hch 14,27), que introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia, está siempre abierta para nosotros. Se cruza ese umbral cuando la Palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma. Atravesar esa puerta supone emprender un camino que dura toda la vida” (nº 1).

Añade el Papa: “Deseamos que este Año suscite en todo creyente la aspiración a confesar la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza. Será también una ocasión propicia para intensificar lacelebración de la fe en la liturgia, y de modo particular en la Eucaristía, que es «la cumbre a la que tiende la acción de la Iglesia y también la fuente de donde mana toda su fuerza». Al mismo tiempo, esperamos que eltestimonio de vida de los creyentes sea cada vez más creíble. Redescubrir los contenidos de la fe profesada, celebrada, vivida y rezada, y reflexionar sobre el mismo acto con el que se cree, es un compromiso que todo creyente debe de hacer propio, sobre todo en este Año” (nº 9).

Le decimos al Señor: “Tu luz nos hace ver la luz” (Sal 36[35],10). Y, de modo semejante, la luz de cada uno permite que no anochezca en la vida de los demás.

Nos dice el Señor: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8,12). Y también: “Vosotros sois la luz del mundo” (Mt 5,14). Participando de la luz que es Cristo, nosotros también nos volvemos incandescentes y luminosos. Siguiendo a Cristo, no caminamos en tinieblas, sino que recibimos la luz de la vida. Caminando a la luz de Cristo, todo se ilumina a nuestro alrededor.

Benedicto XVI escribe en la Exhortación apostólica postsinodal “Sacramentum caritatis”: “Nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicar a los otros la amistad con Él” (nº 84). Y también: “Lo que el mundo necesita es el amor de Dios, encontrar a Cristo y creer en Él” (ibid.).

El Papa afirma: “El asombro por el don que Dios nos ha hecho en Cristo imprime en nuestra vida un dinamismo nuevo, comprometiéndonos a ser testigos de su amor. Nos convertimos en testigos cuando, por nuestras acciones, palabras y modo de ser, aparece Otro y se comunica. Se puede decir que el testimonio es el medio con el que la verdad del amor de Dios llega al hombre en la historia, invitándolo a acoger esta novedad radical” (nº 85).

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

 + Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Huesca y de Jaca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.