25 Aniversario Vida Ascendente

Mons. Adolfo González    Mis queridos diocesanos de «Vida Ascendente»:

¿Qué podemos decir de Vida Ascendente, sino que es el empeño por llevar a Cristo a los demás y seguir viviendo de su vida de tantas personas cristianas llegadas a la última etapa de la vida, que unos llaman «tercera edad» y otros llaman «de mayores»? Así, en efecto, podemos resumir e interpretar con acierto el objetivo y finalidad de vuestro movimiento apostólico. El vuestro es, en efecto, un movimiento de seglares para seglares que podemos presentar a los demás explicando el alcance del lema que os caracteriza, y que traduce a la perfección vuestra identidad: «espiritualidad, apostolado y amistad».

Espiritualidad, porque lo importante para vosotros como cristianos es vivir de la gracia divina viviendo la vida de Dios que nos ha llegado en Cristo. Apostolado, porque queréis seguir dando testimonio de Cristo, el Hijo de Dios encarnado que se entregó por nuestra salvación y vive resucitado para siempre. Con vuestro compromiso apostólico alentáis la esperanza de los demás, en especial de los de vuestra situación de edad y estado, en que nuestro destino es la vida y no la muerte. Amistad, porque se trata de vivir apostólicamente en la comunión de la Iglesia sentida, experimentada y vivida en grupo apostólico: equipo de acción y comunidad de fe que celebra lo que anuncia con la vida de testimonio que os proponéis, en recíproca disponibilidad y apoyo, cuando ya los años van limitando las posibilidades magníficas de la juventud y de la edad adulta. Una amistad que os ocupa y alivia con la acción apostólica los años que siguen a la jubilación de las personas que se hacen mayores, envejeciendo en el gozo de una vida llena de acción amorosa vivida en el matrimonio y la familia, en los largos años, aunque siempre cortos, de la educación de los hijos y en la experiencia que corona vuestra entrega a ellos, gozosa y nostálgica a un mismo tiempo, de ver marchar a los hijos a fundar una nueva familia.

No se trata, pues, en vuestro apostolado de entretenimiento, como si lo que importara fuera tan sólo ayudaros a pasar el tiempo sin aburrimiento. El vuestro es movimiento de personas mayores que está motivado por la fe, busca prolongar en el testimonio evangelizador la experiencia de Cristo como constante de vuestra vida, la fe en su obra redentora que caracteriza a quienes han vivido y siguen haciéndolo «en el Señor» y «en la Iglesia». Vosotros sabéis bien que la Iglesia es el reino de Cristo, la comunidad donde él tiene una singular presencia sacramental, porque la Iglesia es su Cuerpo místico y en ella vive el Resucitado alentando por medio de su Santo Espíritu la vida de los creyentes, e impulsando el testimonio de vida y salvación que es todo apostolado.

Vuestro movimiento trabaja apostólicamente con personas mayores, y su objetivo es convertirlas en apóstoles, es decir, en testigos de la fe dando intensidad a la experiencia de Dios que ha marcado vuestras vidas, cuando ya nada os puede distraer, porque las preocupaciones inmediatas que os agobiaban antes han dado paso a una mayor disponibilidad de tiempos y espacios para acoger la palabra de Dios y la vida divina. Aunque la mayoría tenéis en Vida Ascendente el referente de lo que siempre habéis sido, porque siempre habéis vivido de la fe cristiana, no deja de haber personas que se han incorporado a vuestro movimiento y están viviendo por primera vez, gracias a Vida Ascendente, con una gozosa intensidad una fe que han reencontrado. Lo más común, ciertamente, es que a Vida Ascendente se llega casi siempre desde el convencimiento de fe de una vida apostólicamente vivida en cristiano. Muchos de los miembros de este movimiento apostólico desembocaron en los primeros tiempos de su actividad contagiosa, hace ahora veinte y treinta años atrás, desde los movimientos de Acción Católica, que en realidad Vida Ascendente prolonga, y los Cursillos de Cristiandad, o la misma Adoración Nocturna. Aquellos primeros protagonistas han dado paso a los grupos que hoy configuráis este movimiento aprobado por la Iglesia y regulado por la Conferencia Episcopal Española para el territorio nacional.

Cuando celebráis los primeros veinticinco años de vuestro movimiento en nuestra diócesis, quiero enviaros, con mi cordial saludo y el afecto del Pastor diocesano, el impulso que estáis esperando y el mensaje de amparo que quiero sintáis de verdad. Precisamente para impulsar la pastoral de mayores, hemos creado en la diócesis el «Secretariado para la Pastoral de Mayores», que viene a llenar el hueco que faltaba por cubrir en los apostolados de edad, y que hemos colocado al lado de otros secretariados de Acción pastoral diocesana. No podemos disponer todo lo que necesitáis, sin duda, pero por mi parte sí puedo y quiero alentaros con la ayuda espiritual que merecéis, deseando que todos vosotros mismos sigáis creando y dando cauce a los medios que necesitáis como movimiento apostólico para permanecer activos y crecer. Es verdad que en los últimos años, el movimiento parece haber experimentado alguna disminución en número, pero sin duda no es así en entusiasmo. Las dificultades que pone a la vida de fe una sociedad tan secularizada como la nuestra exige un mayor empeño apostólico, que yo espero sabréis imaginar y llevar a cabo dentro de vuestras posibilidades y estilo de vida.

Que esta felicitación del Obispo, calurosa y llena de afecto, se una a la acción del nuevo Secretariado, y a la ilusión que anima a su director y equipo, para que la pastoral de mayores redunde en una vida de santidad cada vez más nutrida y testimoniada por vuestra palabra y acción.

Os encomienda y bendice de corazón,

+ Adolfo González Montes
Obispo de Almería

Mons. Adolfo González Montes
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MONSEÑOR ADOLFO GONZALEZ MONTES nació en Salamanca en 1946. Sacerdote desde 1972, ejerció su ministerio en la parroquia de Santo Tomás de Villanueva. Fue Capellán de la Universidad Pontificia de Salamanca, además de Director espiritual y miembro del equipo de formadores durante dos años del Colegio Mayor Santa María de Guadalupe, de dicha Universidad Pontificia. Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca, fue profesor y desde 1988 catedrático de Teología Fundamental. En 1997 fue nombre obispo de Ávila por Juan Pablo II. El 15 de abril de 2002 es nombrado Obispo de Almería y tomó posesión canónica de la diócesis el 7 de julio. En febrero de 2005 es elegido Presidente de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales de la Conferencia Episcopal Española, formando parte desde entonces de la Comisión Permanente de la misma. En la XCI Asamblea Plenaria celebrada del 3 al 7 de marzo de 2008 es reelegido Presidente de la misma Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales de la Conferencia Episcopal Española y miembro de su Comisión Permanente. El 2 de noviembre de 2005 fue elegido en la LXXXV Asamblea Plenaria de la CEE representante de la Conferencia Episcopal Española en la Comisión de Episcopados de la Comunidad Europea (COMECE), con sede en Bruselas.