Dios viene a visitar su pueblo

Mons. Ramón del Hoyo  La primera antífona de la celebración vespertina que abre el tiempo litúrgico del Adviento es una invitación para que anunciemos a todos los pueblos que “Dios viene”, en presente, no en pasado, ni futuro. Repetiremos con frecuencia el Salmo 79: “Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve”.

En realidad el Adviento es para muchos una excusa para el ruido y ajetreo, adornados de rutinas sentimentales. Otros muchos, en cambio, aún en medio del bullicio e incredulidad, buscan de mil formas y añoran les llegue el brillo de aquella luz que iluminó la noche de Belén, que transforma a la persona de corazón sencillo y creyente.

El Adviento es, para estos últimos, tiempo de esperanza, de un despertar que moviliza nuestro interior para acercarnos más al Dios que se hace Niño en la próxima Navidad y para pensar y acercarnos con alegría y generosidad, a nuestros familiares, amigos, y hermanos necesitados.

Es la liturgia de las semanas de Adviento, la que nos prepara para la gran Fiesta cristiana de la Navidad, dando voz a esa espera a través de la Palabra de Dios y sus signos.

Recordemos, entre esas señales del camino, algunos versículos del capítulo trece de la Carta a San Pablo a los Romanos. Escribe el Apóstol: “Ya es hora de despertaros de sueño… la noche está avanzada, el día está cerca: dejemos pues las obras de las tinieblas y pongámonos las armas de la luz. Andemos como en pleno día, con dignidad. Nada de orgías y borracheras, nada de lujuria y desenfreno, nada riñas y envidias. Al contrario, revestíos del Señor Jesucristo y no deis pábulo a la carne siguiendo sus deseos”.

La noche, la orgía nocturna con todas sus manifestaciones, es para San Pablo la expresión de lo que significa el sueño, “estar dormido”, en el ser humano. Es la imagen del mundo pagano e increyente que se hunde en lo material y permanece en la tiembla, sin la luz de la verdad. En medio del ruido y la agitación prefiere la tiniebla.

Levantarse del sueño “despertar al día y a la luz” significa, por el contrario, abandonar el conformismo que nos envuelve y, con el coraje de la fe, mirar una nueva luz, con ojos de niños sorprendidos, al Dios hecho Niño que viene a visitarnos.

Adviento es anuncio de esperanza, de un despertar para recorrer nuevos caminos. Son días que nos hacen ver que hay promesas más grandes que los manjares, el poder, el tener, la diversión vacía. Es nueva luz que envuelve nuestro ser de creyentes, nos renueva, y hasta nos hace más luminosos, generosos y transparentes para los demás. Hasta nos fijamos en nuevos rostros que nos necesitan.

El próximo día 26, primer domingo del próximo adviento, será el inicio del camino que nos llevará hasta el Portal de Belén. Muchos lo hacemos muy cerca de la que es Madre de la Esperanza y de San José. Que ellos pongan en nuestros brazos y en nuestro corazón al Niño Dios.

Con mi saludo y bendición.

+ Ramón del Hoyo López
Obispo de Jaén

 

Mons. Ramón del Hoyo
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Mons. Ramón del Hoyo nació el 4 de septiembre de 1940 en Arlanzón (Burgos). Cursó estudios en los Seminarios Menor y Mayor de Burgos, entre 1955 y 1963. Obtuvo la Licenciatura en Derecho Canónico en la Universidad Pontificia de Salamanca (1963-1965) y el Doctorado en la Pontificia Universidad Angelicum (1975-1977). Fue ordenado sacerdote para la archidiócesis de Burgos el 5 de septiembre de 1965. CARGOS PASTORALES Su ministerio sacerdotal lo desarrolló en la diócesis burgalesa. Comenzó como coadjutor de la parroquia de Santa María la Real y Antigua y Director espiritual de la Escuela media femenina “Caritas”, entre 1965 y 1968. Desde este último año y hasta 1974 fue Notario eclesiástico y Secretario del Tribunal Eclesiástico. Además, en el año 1972 fue nombrado Provisor-adjunto de la Curia de Burgos y en 1978 Provisor, cargo que desempeñó hasta 1996. También fue Vicario Judicial del Tribunal Eclesiástico Metropolitano desde el año 1978 y hasta 1993, cuando fue nombrado Vicario General y Canónigo y Presidente del Capítulo Catedral Metropolitano. Estos cargos los compaginó, desde 1977 y hasta su nombramiento episcopal, con la docencia en la Facultad de Teología del Norte de España, sede de Burgos, como profesor de Derecho Canónico. El 26 de junio de 1996 fue nombrado obispo de Cuenca y recibió la ordenación episcopal el 15 de septiembre del mismo año. El 19 de mayo de 2005 se hacía público su nombramiento como obispo de Jaén, diócesis de la que tomó posesión el 2 de julio de 2005. El papa Francisco acepta su renuncia al gobierno pastoral de esta diócesis el 9 de abril de 2016 y le nombra administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor,el 28 de mayo de 2016. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, de la que fue presidente de 2005 a 2011. Ha sido miembro del Consejo de Economía desde 2012 a 2017. También fue miembro de la “Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia”, que se creó con el encargo de preparar la Declaración y la promoción de la figura del nuevo Doctor.