Preparemos la casa al Amigo

Mons. Atilano Rodríguez    La Iglesia, durante el tiempo litúrgico del Adviento, invita a todos sus hijos a prepararse espiritualmente para celebrar con gozo desbordante la primera venida del Señor con la mirada puesta en su última venida al fin de los tiempos. Dios, que había hablado a su pueblo en otro tiempo por los profetas, ahora quiere mostrarle y decirle a la humanidad su amor y su misericordia enviándole a su mismo Hijo. Díos, que vino en el pasado, viene ahora y vendrá en el futuro, porque, al ser eterno, viene siempre.

Los cristianos estamos especialmente invitados a tomar conciencia durante el tiempo litúrgico del Adviento de que Dios no vive al margen de nuestro mundo ni se desentiende de la suerte de sus criaturas. Por el contrario, Dios, en Cristo, viene al mundo para plantar su tienda entre nosotros, para habitar entre nosotros, para quedarse con nosotros todos los días hasta el fin de los tiempos. Aunque nadie lo acoja ni lo reciba, como ocurrió el día de su nacimiento, el Señor seguirá llamando a la puerta de nuestro corazón para entrar y habitar con nosotros.

La toma de conciencia de esta presencia de Dios entre nosotros tendría que impulsarnos a preparar la casa para acoger al huésped divino. Cuando esperamos la visita de un amigo preparamos nuestra casa, nos vestimos con traje de fiesta y lo organizamos todo para que el amigo se sienta feliz y para que no le falte nada. Cuando se acerca, salimos a recibirle, le damos un abrazo de amistad y le manifestamos nuestra alegría por su visita.

En la Navidad celebramos la llegada del mejor Amigo. Él nos llama y nos trata como amigos queridos. No tiene secretos para nosotros, pues todo lo que ha oído al Padre nos lo ha dado a conocer. Él respeta al máximo nuestra libertad y nunca nos obligará a tomar decisiones en contra de nuestra conciencia, pero una y otra vez nos recordará que desea encontrarse con nosotros y permanecer a nuestro lado hasta el fin de los tiempos. Jesucristo no viene al mundo para quitarnos nada, sino para dárnoslo todo, dándose a sí mismo. Con esta donación de su persona nos ofrece el perdón de los pecados, la vida más allá de la muerte y la auténtica felicidad.

Ante esta incomprensible donación de Dios, los cristianos deberíamos permanecer vigilantes, atentos y bien despiertos, para no dejarnos engañar por las ilusorias promesas del mundo y para no consentir que los falsos dioses ocupen el lugar del verdadero Dios. No podemos quedarnos con los brazos cruzados. Tenemos que salir de nosotros mismos y de nuestras incongruencias para ir al encuentro del Amigo que viene. En este itinerario hemos de buscar la compañía benéfica de la oración y de las buenas obras para purificar de este modo la mente y el corazón y así preparar debidamente la estancia al Amigo para que se siente a gusto en nosotros y con nosotros.

La inapetencia y el olvido de Dios que observamos en muchos hermanos, en ocasiones pueden afectarnos también a nosotros. Al vivir atenazados y dominados por las mil ocupaciones y problemas de cada día, podemos llegar a perder el deseo de Dios, el deseo de recibirle y de estar con Él. Por eso hemos de pedir al Padre que suscite en nosotros y en todos los hombres del deseo de salir al encuentro del Salvador, del Señor.

+ Atilano Rodríguez

Obispo de Sigüenza-Guadalajara

Mons. Atilano Rodríguez
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Mons. D. Atilano Rodríguez nació en Trascastro (Asturias) el 25 de octubre de 1946. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Oviedo y cursó la licenciatura en Teología dogmática en la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1970. El 26 de febrero de 2003 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo, sede de la que tomó posesión el 6 de abril de este mismo año. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostado Seglar y Consiliario Nacional de Acción Católica desde el año 2002. Nombrado obispo de Sigüenza-Guadalajara el día 2 de febrero de 2011, toma posesión de su nueva diócesis el día 2 de abril en la Catedral de Sigüenza.