Adviento, tiempo de esperanza

 Mons. Lluís Martínez Sistach      El nuevo año litúrgico se inicia con el tiempo de Adviento, cuatro semanas antes de la Navidad. El calor de la fiesta familiar y entrañable de la Navidad mantiene un clima de renovada esperanza en nuestro mundo. Porque Adviento significa precisamente eso: esperanza.

En la sociedad actual la esperanza resulta difícil y fatigosa. Más bien se respira resignación, desengaño e incluso se llega a la frustración y a la desesperación. De modo especial en medio de la crisis económica que vivimos, más grave y persistente de lo que parecía en sus inicios.

Son cada día más fuertes las voces que nos ayudan a ver que la crisis no es tan sólo financiera o económica, sino también una crisis de valores, una crisis moral. El cristiano ha de saber que sus valores no son los del mundo y que ha sido llamado a vivir su fe entre contrariedades y luchas.

Adviento es tiempo de esperanza hoy y en medio de nuestro mundo. El Señor viene continuamente. En la celebración litúrgica del Adviento coexisten tres dimensiones históricas: el memorial del pasado en Belén cuando el Hijo de Dios plantó su tienda en medio de nosotros, el misterio de la Navidad que se actualiza en el presente y la anticipación del futuro. Fundamentados en la fe en un Salvador que ya vino, vivimos ahora en el amor a aquel que por nosotros se hizo hombre y está siempre con nosotros, y vivimos la esperanza de que Cristo volverá a dar plenitud a su redención. Por ello, las oraciones de la Iglesia, sobre todo en este tiempo de Adviento, rebosan esperanza. Y en todas las celebraciones de la Eucaristía, cuando Jesús vuelve a nacer en el altar, le decimos: “Ven, Señor Jesús”.

Inauguramos este año el ciclo litúrgico con el grito de Isaías que nos invita a reconocer y a vivir la primacía de Dios en medio de tiempos de crisis, también de crisis religiosa: “Tú, Señor, eres nuestro padre, tu nombre de siempre es nuestro redentor. También hoy es realidad aquello que constataba el profeta: “Nadie invocaba tu nombre ni se esforzaba por aferrarse a ti; pues nos ocultabas tu rostro y nos entregabas al poder de nuestra culpa.”

No obstante, Isaías, tan realista, no es un profeta de calamidades, ya que confía plenamente en Dios, y por eso confiesa esperanzado: “Y, sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero; somos todos obra de tu mano.”

Quisiera recomendar, como lectura espiritual para este tiempo de Adviento, la segunda encíclica de nuestro Santo Padre, dedicada precisamente a la esperanza cristiana. Su título, citando a san Pablo, es Salvados en esperanza. En este documento, Benedicto XVI nos recuerda que “quien no conoce a Dios, aunque tenga muchas esperanzas, está en el fondo sin esperanza, sin la gran esperanza que sostiene todala vida. La verdadera, la gran esperanza del hombre que resiste a pesar de todas las desilusiones, sólo puede ser Dios, el Dios que nos ha amado y que nos continúa amando hasta el extremo, hasta el cumplimiento total”.

La palabra del Papa, de este modo, se hace eco del mensaje de Isaías: “Y, sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre.” Aquí se basa la esperanza invencible del creyente y en especial del creyente cristiano en el primado de Dios.

 

+ Lluís Martínez Sistach

Cardenal arzobispo de Barcelona

Mons. Lluís Martínez Sistach
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El Cardenal Martínez Sistach nace en Barcelona el 29 del abril de 1937. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Mayor de Barcelona entre los años 1954 y 1961. Fue ordenado sacerdote el 17 de septiembre de 1961 en Cornellá de Llobregat. Entre 1962 y 1967 cursó estudios jurídicos en la Pontificia Universidad Lateranense de Roma, doctorándose en Derecho Canónico y Civil. Terminados sus estudios jurídicos en Roma, fue nombrado Notario del Tribunal Eclesiástico de Barcelona, cargó que ocupo desde 1967 a 1972. Desde ese mismo año y hasta 1979, fue Vicario Judicial Adjunto del Tribunal Eclesiástico de Barcelona, y de 1975 a 1987, Profesor de Derecho Canónico de la Facultad de Teología de Cataluña, en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Barcelona y en el Instituto de los PP. Salesianos de Barcelona. De 1979 y 1987 fue Vicario General de la archidiócesis de Barcelona. En 1983 fue elegido Presidente de la Asociación Española de Canonistas. CARGOS PASTORALES Fue nombrado Obispo auxiliar de Barcelona el 6 de noviembre de 1987. Recibió la ordenación episcopal el 27 de diciembre de ese mismo año. Fue nombrado Obispo de Tortosa el 17 de mayo de 1991. El 20 de febrero de 1997 fue promovido a Arzobispo Metropolitano de Tarragona y el 15 de junio de 2004 a Arzobispo Metropolitano de Barcelona. El 6 de noviembre de 2015 el papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Barcelona, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 26 de diciembre del mismo año. Es Gran Canciller de la Facultad de Teología de Catalunya y de la Facultad de Filosofía de Catalunya, y Presidente de la Fundación “Escola Cristiana de Catalunya”. Creado Cardenal en el Consistorio de noviembre de 2007. En la Curia Romana es miembro, desde mayo de 2008, del Pontificio Consejo para los Laicos, del que ya era consultor desde 1996; del Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos de la Iglesia, desde 2002, y desde julio de 2006, es también miembro del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, cargo para el que fue ratificado en mayo de 2008. Desde junio de 2010 es miembro de la Prefectura de Asuntos Económicos de la Santa Sede. El 9 de abril de 2013 la Generalitat de Cataluña le otorgó la Medalla de Oro. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Junta Episcopal de Asuntos Jurídicos, de la que ya fue miembro desde 1987 al 2005 y Presidente de 1990 al 2002. Formó parte del Comité Ejecutivo de 2005 al 2011, año que fue elegido Presidente de la Comisión de Liturgia para el trienio 2011-2014. Desde este último y hasta diciembre de 2015, era miembro de la Comisión Permanente.