Velar y esperar en tiempos de crisis

 Mons. Francesc Pardo i Artigas   Iniciamos un nuevo año litúrgico: Tiempo de adviento, que significa que Jesús viene. Tiempo de esperanza para aquel pueblo que esperaba al Mesías, y tiempo de esperanza para cada generación que espera que el Señor venga nuevamente como salvador de su vida personal y de la sociedad. En este tiempo rememoramos que Jesús ya ha venido humanamente y nos ha salvado, pero al mismo tiempo pedimos vivir la salvación durante este período que es nuestra vida y nuestra historia. También contemplamos el futuro que Dios quiere para nosotros, la vida con plenitud y para siempre, la vida eterna, participando de la victoria de Cristo. Por ello, el adviento  nos ayuda a actualizar las tres dimensiones de la vida cristiana: el pasado, el futuro y el presente. Debemos renovar la acogida del Señor Jesús por amor, las celebraciones y la plegaria, rememorando la espera del Mesías, su nacimiento, su vida y su pascua. Al mismo tiempo debemos fortalecer nuestra esperanza en el retorno glorioso del Señor.  

De todas formas, es necesario estar atentos a los tiempos que nos ha tocado vivir y velar, porque es ahora y aquí que debemos acogerlo y ofrecer la salvación. Por ello me he preguntado que ha de significar para nosotros “velar” en estos tiempos de silencios sobre Dios, de crisis económica, de cambios culturales profundos, en que se cuestionan algunos valores sobre los que se ha fundamentado la convivencia, de desconcierto sobre lo que es importante para la persona y la sociedad.. 

En esta primera semana me sitúo ante la consideración que merece el momento económico que sufrimos. Ciertamente el adviento del presente año está marcado por una profunda crisis, por el sufrimiento que comporta para muchas personas, familias y pueblos, y al mismo tiempo la incertidumbre respecto de posibles soluciones. 

Según los analistas, parece claro que la causa más profunda, deriva de una gestión económica globalizada sin ningún tipo de consideración ética. Es decir, que la crisis tiene su origen  en una gestión que no tiene consideración alguna respecto de los valores morales y éticos; en el deseo del enriquecimiento ilimitado; en la acumulación de beneficios sin que reviertan en el progreso social y productivo; y en la utilización de todos los medios posibles sin consideración alguna para con los derechos y deberes de las personas y los pueblos. 

Acoger nuevamente al Señor en este momento de nuestra vida, nos exige acogerlo en las personas que más sufren las consecuencias de la crisis, “Todo cuanto hagáis a uno de  estos mis hermanos… a mi me lo hacéis”.  Pensemos en aquellos que no pueden adquirir alimentos suficientes, o no pueden hacer frente a la hipoteca, y se enfrenta al grave problema de verse en la calle y no disponer de cobijo alguno. Y las inquietudes del pago de los recibos de  la luz, el gas, el vestido y otros productos… Pensamos que si hubiese trabajo, todo sería distinto, pero no hay puestos suficientes para tantas persones que no lo tienen. 

El adviento nos estimula a trabajar más desinteresadamente para tratar de resolver aquellas situaciones personales y familiares que la crisis arroja a la marginación. Ello requiere ser más conscientes para tratar de asegurar alimentos, techo atención legal, ayudas puntuales para primeras necesidades, y puestos de trabajo en la medida de las posibilidades. No es únicamente misión de los departamentos de servicios sociales, de Cáritas, de Manos Unidas o de tantos religiosos y religiosas que cuidan enfermos o personas mayores y de tantos voluntarios y voluntarias; es una responsabilidad de cada uno de nosotros que deberemos canalizar por medio de las instituciones que tengamos más próximas y efectivas. 

Hay una pregunta que cruza la historia, que Dios plantea en los inicios y en la que culmina cada historia personal y de la propia humanidad. Es la pregunta que Dios formula a Caín: “¿Dónde está tu hermano?”; y es la pregunta del juicio final:: “Qué has hecho de tu hermano hambriento, enfermo, forastero, encarcelado, desnudo?”.  

Cada cual ha de pensar su respuesta a la pregunta: “¿Qué has hecho por mi cuando me has visto hambriento, desnudo, sin techo, sin dignidad, sin trabajo, enfermo…?”

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 434 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.