El XII Congreso Católicos y Vida Pública denuncia que “el fundamentalismo laicista viola la libertad religiosa”

El XIII Congreso Católicos y Vida Pública ha concluido dejando atrás un gran éxito. La conferencia de clausura ha despedido esta XIII edición que nos deja un buen sabor de boca y la ilusión de esperar el comienzo de los preparativos de la siguiente cita, ya para el año 2012, con la XIV edición. Como resultado del Congreso, la Fundación USP-CEU, obra de la Asociación Católica de Propagandistas y organizadora de los Congresos “Católicos y Vida Pública”, afirma en un manifiesto hecho público que la libertad religiosa es un elemento imprescindible de un verdadero Estado de derecho.

El respeto a la libertad religiosa, derecho fundamental radicado en la dignidad de la persona, exige que, en materia religiosa, a nadie se le obligue a obrar contra su conciencia, ni se le impida actuar conforme a ella en privado y en público, sólo o asociado con otros. Este derecho debe tener su expreso reconocimiento como derecho civil en todo ordenamiento jurídico positivo. La libertad religiosa “no es sólo ausencia de coacción”, sino a la vez y ante todo, “capacidad de ordenar las propias opciones según la verdad”. La libertad religiosa es un elemento imprescindible de un verdadero Estado de derecho, el mejor indicador para verificar el respeto de todos los demás derechos humanos, de los que es soporte, síntesis y cumbre, y condición del desarrollo humano integral.

La libertad religiosa queda violada de modo especialmente grave cuando se instrumentaliza la misma religión a favor del poder e intereses propios de un individuo o un grupo. Constatamos y denunciamos que en el presente momento se vulnera el derecho a la libertad religiosa hasta el extremo, en no pocos lugares, de que su ejercicio puede llevar a la muerte. Y en ninguna parte –ha de decirse– se encuentra plenamente respetada. Si en el pasado –hemos de reconocer con vergüenza—también en nombre de la fe cristiana algunos recurrieron a la violencia, son los creyentes cristianos los que en mayor número ven hoy violada su libertad religiosa y sufren la más violenta persecución en todo el mundo.

Violan gravemente la libertad religiosa en muchos casos creyentes que llevados de un fanático fundamentalismo llegan a la aberración de invocar a Dios para justificar su terrorismo y sus crímenes de todo tipo. Pero no podemos dejar de denunciar y condenar a la vez con firme determinación otras formas de hostilidad contra la religión, expresión de un laicismo intolerante, que limitan el papel público de los creyentes en la vida civil y política.

Consideramos que tanto el fundamentalismo religioso como el que puede llamarse fundamentalismo laicista violan gravemente la libertad religiosa, suponen el rechazo del legítimo pluralismo y del principio de laicidad, impiden así una pacífica convivencia sociopolítica democrática y abren la puerta a totalitarismos de uno u otro signo.

Exigimos el riguroso respeto a la libertad religiosa, como un derecho ciudadano constitucionalmente reconocido, y rechazamos cualquier intento de restringir su efectivo ejercicio bajo el pretexto de regularlo. Exigimos, por eso, expresamente que se reconozca la dimensión pública de la religión a la vez que se respeta la laicidad positiva de las instituciones estatales. Para lograr en todo el mundo el respeto a la libertad religiosa, condición y camino para la paz, es decisivo el sincero diálogo entre todas las religiones, así como entre creyentes y no creyentes.

Proclamamos nuestro compromiso en la evangelización a la que nos urge la Iglesia, en la tarea de llevar la buena nueva tanto a aquellos a quienes no les ha sido anunciada nunca, como de nuevo y de manera especial –en una nueva evangelización– a quienes la recibieron “en sociedades y culturas que desde hace siglos estaban impregnadas del Evangelio” y hoy se han ido progresivamente alejando de la fe, a lo largo de un complejo proceso que ha llevado a “una profunda modificación de la percepción de nuestro mundo”, en territorios en los que hoy “se manifiesta con mayor evidencia el fenómeno de la secularización”.

La libertad religiosa tiene su campo de ejercicio en todos los ámbitos y momentos de la vida. De manera especial queremos hoy hacerla eficaz en la consolidación de la familia, fundada en la unión de un hombre y una mujer, en el respeto a la libertad educativa y en defensa del derecho de los padres a decidir el tipo de educación que han de recibir sus hijos.

Manifestamos asimismo nuestra convicción de que la libertad religiosa constituye una condición ineludible del verdadero desarrollo humano, aun en su dimensión económica.

Proclamamos con especial énfasis la necesidad de la libertad religiosa como condición para la evangelización de la cultura y, de modo especial, en el ámbito de los medios de comunicación, pues a la vez la fe que no se hace cultura no es fe plenamente acogida, totalmente pensada ni fielmente vivida.

Ofrecemos, por último, desde nuestro confesado y confesante espíritu evangelizador, nuestra más sincera y plena disposición a colaborar con cuantos se comprometan en la defensa de la libertad religiosa, así como, por lo mismo, de todos los derechos y libertades de la persona. Esta disposición nos mantiene abiertos a un constante auténtico diálogo con cuantos quieran caminar en la búsqueda común de la verdad, el bien y la belleza, de la justicia y de la libertad. Aquí y ahora. Ya.

Tras la lectura del manifiesto, el presidente de la ACdP y el CEU, Carlos Romero Caramelo, pronunció las palabras de clausura del Congreso. los objetivos del congreso se han conseguido sobradamente gracias a quienes han trabajado todo este año en su preparación. “Gracias a Dios por habernos permitido dedicarle un fin de semana”, destacó.

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