Religión, ateísmo y paz

Mons. Francisco Gil Hellín

El pasado 27 de octubre se celebró un encuentro del Papa con los Jefes y Representantes de las Iglesias y Comunidades eclesiales y de las Religiones del mundo. Se trataba de llevar a cabo una “Jornada de oración por la paz”, al igual que veinticinco años antes había hecho el Beato Juan Pablo II.

Con este motivo, Benedicto XVI pronunció un discurso cuya importancia no ha pasado desapercibida y cuyo calado se verá a medida que pase el tiempo. Tomando como referencia la cuestión de la religión y la paz, el Papa sentó cuatro tesis fundamentales, de las que dedujo una conclusión del mayor interés.

La primera tesis fue ésta: Desde la Ilustración, la crítica de la religión ha sostenido incesantemente que «la religión es causa de la violencia». Con ello, «ha fomentado la hostilidad contra las religiones». Ahora bien, sin negar que en nombre de la fe, incluida la cristiana, a veces «se ha recurrido a la violencia en la historia», es «absolutamente claro que este ha sido un uso abusivo, y, en el caso de los cristianos, está «en claro contraste con su verdadera naturaleza». Cuando se practica la violencia por quienes se consideran creyentes, se comete un abuso contra la religión. Es decir, en ese momento no actúan como creyentes, más aún, actúan en contra de sus creencias.

La segunda tesis fue esta: el ateísmo no entraña de suyo relación con la violencia. Pero es evidente también que en la historia han existido ateísmos que han generado muchísima violencia. Dos representantes cualificados han sido el comunismo y el nazismo. «El “no” a Dios, ha producido una crueldad y una violencia sin medida… Los horrores de los campos de concentración muestran con toda claridad las consecuencias de la ausencia de Dios».

La tercera tesis fue la siguiente: el «clima espiritual» que proviene del culto a Mammon, dios «del tener y del poder», produce, «de una manera silenciosa» pero eficaz, unos efectos devastadores para la paz. Para los adoradores de ese dios, «ya no cuenta el hombre, sino únicamente el beneficio personal». Baste pensar en la droga: a pesar de sus terribles efectos destructores, «hay algunos poderosos que hacen con ella sus negocios»; y otros, la consumen «seducidos arruinados por ella, tanto en el cuerpo como en el animo». En este caso, «la violencia llega a hacerse normal y amenaza con destruir nuestra juventud en algunas partes del mundo». Y, como la violencia llega a hacerse normal, «se destruye la paz y, en esta falta de paz, el hombre se destruye a si mismo».

La última tesis fue ésta: en el mundo hay personas que todavía no creen pero «buscan la verdad, están a la búsqueda de Dios». Estas personas, lejos de vanagloriarse de que «no exista ningún Dios», «sufren a causa de su ausencia y -buscando lo auténtico y lo bueno- están interiormente en camino hacia él». Estas personas son una llamada a todos los creyentes y a los ateos combativos. A los creyentes, para que purifiquemos la «imagen reducida o deformada de Dios» que, a veces, podemos tener. Y a los ateos militantes, para que repiensen que ellos tienen que ser buscadores del bien, de la verdad y, por lo mismo, de la paz, tanto con las religiones como con los demás hombres.

De estas profundas y certeras reflexiones Benedicto XVI dedujo esta hermosa conclusión: «Se trata de estar todos juntos en camino hacia la verdad, del compromiso decidido por la dignidad del hombre y de hacerse cargo en común de la causa de la paz, contra toda especie de violencia destructora del derecho». Para quienes somos católicos, el Papa afirmó con toda claridad: «La Iglesia Católica no cejará en la lucha contra la violencia, en su compromiso por la paz en el mundo». ¡Ojalá que sus palabras encuentren el eco que merecen!             

+Mons. Francisco Gil Hellín

Arzobispo de Burgos

Mons. Francisco Gil Hellín
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Mons. D. Francisco Gil Hellín nace en La Ñora, Murcia, el 2 de julio de 1940. Realizó sus Estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Diocesano de Murcia entre 1957-1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma entre 1966-1968. Además, estudió Teología Moral en la Pontificia Academia S. Alfonso de Roma entre los años 1969-1970. Es Doctor en Teológía por la Universidad de Navarra en 1975. CARGOS PASTORALES Ejerció de Canónigo Penitenciario en Albacete entre 1972-1975 y en Valencia de 1975-1988. Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede de 1985 a 1996. Fue Vicedirector del Instituto de Totana, Murcia entre 1964-1966 y profesor de Teología en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia (1975-1985). También en el Istituto Juan PAblo II para EStudios sobre el Matrimonio y Familia (Roma, 1985-1997) y en el Pontificio Ateneo de la Santa Cruz en Roma (1986-1997). Juan Pablo II le nombraría despues Secretario del Dicasterio de 1996 a 2002. Fue nombrado Arzobispo de la Archidiócesis de Burgos el 28 de marzo de 2002, dejando su cargo en la Santa Sede, y llamado a ser miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia desde entonces. El papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Burgos el 30 de octubre de 2015, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 28 de noviembre de 2015. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida desde el año 2002. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Burgos desde 2011 hasta 2015. Además fue miembro de la Comisión Episcopal del Clero de 2002 a 2005.