“Por puro amor a vosotros” (Dt 7,8)

Mons. Julián Ruiz Martorell

Queridos hermanos en el Señor:
Os deseo gracia y paz.
     
“¿Qué es lo que tenemos que hacer?”. Esta pregunta aparece con frecuencia en nuestro pensamiento. Sabemos que “la fe actúa por el amor” (Gal 5,6). La Carta de Santiago nos dice que la fe “si no tiene obras, está muerta por dentro” (Sant 2,17), y nos exhorta: “Poned en práctica la palabra y no os contentéis con oírla” (Sant 1,22).  

La Primera Carta de san Juan nos sitúa en la perspectiva adecuada: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo” (1 Jn 4,10). Por ello, “si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros” (1 Jn 4,11).
Hemos de conceder la primacía al amor de Dios. Hemos de experimentar este amor para poder ser testigos y transparencia del amor de Dios. Lo que nosotros hacemos es consecuencia de lo que recibimos. Nos dice san Pablo: “¿Tienes algo que no hayas recibido?” (2 Cor 4,7).

Escuchamos las palabras dirigidas al pueblo elegido en el Deuteronomio: “Si el Señor se enamoró de vosotros y os eligió, no fue por ser vosotros más numerosos que los demás, pues sois el pueblo más pequeño, sino que, por puro amor a vosotros y por mantener el juramento que había hecho a vuestros padres, os sacó el Señor de Egipto con mano fuerte y os rescató de la casa de esclavitud, del poder del faraón, rey de Egipto” (Dt 7,7-8).

El texto continúa con esta exhortación: “Reconoce, pues, que el Señor, tu Dios, es Dios; él es el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor con los que lo aman y observan sus preceptos, por mil generaciones” (Dt 7,9).
Solamente reconociendo el primado del amor de Dios se puede realizar lo que san Pablo describe como “la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y la firmeza de vuestra esperanza en Jesucristo nuestro Señor” (1 Tes 1,3).

El Deuteronomio afirma: “Nunca dejará de haber pobres en la tierra; por eso yo te mando: «Abre tu mano a tu hermano, al indigente, al pobre de tu tierra»” (Dt 15,11). Por ello, comprendemos perfectamente que, en clave cristiana, “si uno tiene bienes del mundo y, viendo a su hermano en necesidad, le cierra sus entrañas, ¿cómo va a estar en él el amor de Dio?” (1 Jn 3,17).

“El programa del cristiano -el programa del buen Samaritano, el programa de Jesús- es un «corazón que ve». Este corazón ve dónde se necesita amor y actúa en consecuencia” (Deus caritas est, 31).
     
 Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+ Julián Ruiz Martorell

Obispo de Jaca y de Huesca

Mons. Julián Ruiz Martorell
Acerca de Mons. Julián Ruiz Martorell 413 Articles
D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.