La dignidad humana

Mons. Francisco Pérez
Pregunta: Hace un tiempo falleció una persona disminuida físicamente, que había pedido la eutanasia para dejar de vivir. Efectivamente, tomó cianuro y murió. Ha sido otra persona la que le ha proporcionado el veneno a instancias suyas. ¿Qué piensa la Iglesia a este respecto? ¿Alargar la vida excesivamente con medios supersofisticados ¿es también lícito?

Respuesta: Ciertamente que la Iglesia ha defendido siempre la vida. Y nadie tiene potestad de usar la vida a su antojo. La razón fundamental: la vida depende y es pertenencia de Dios. Él nos la da y a él vuelve. Por tanto la eutanasia que consiste en poner fin a la vida de las personas disminuidas, enfermas o moribundas, es inaceptable y moralmente injusta.

La doctrina de la Iglesia afirma que “una acción o una omisión que, de suyo o en la intención, provoca la muerte para suprimir el dolor, constituye un homicidio gravemente contrario a la dignidad de la persona humana y falta al respeto del Dios vivo, su Creador. El error de juicio en el que se puede haber caído de buena fe no cambia la naturaleza de este acto homicida que se ha de rechazar y excluir siempre” (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2277).

Esta ha sido siempre la enseñanza de la Iglesia. Nunca ha dejado de expresar con fidelidad el respeto a la vida y a la dignidad humana. Cuando nos hallamos en un mundo tan avanzado en la técnica el hombre no llega a superar la derrota de la propia limitación. Sólo desde la fe se puede asumir sin estoicismos.

También me pregunta sobre los tratamientos alargados que pueden llegar a ser lo que se ha llamado el “encarnizamiento terapéutico”. Es decir, que hay posibilidad de interrumpir tratamientos médicos que por ser desproporcionados a los resultados, es legítimo desentenderse de ellos. Las decisiones deben ser tomadas por el paciente siempre que se encuentre en su sano juicio o por los que tienen los derechos legales. “Con esto no se pretende provocar la muerte; se acepta no poder impedirla” (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2278).

Aquí hemos de recordar lo que nos dice la canción: “En la vida y en la muerte somos del Señor”. Se ha de aceptar el tiempo de la vida como el tiempo de la muerte. Ahora bien, nadie tiene derecho a quitársela o a alargarla más de lo que ya está prescrito en el plan de Dios. Esto supone siempre un gran equilibrio que nace de una disposición a aceptar con sentido humano lo que va sucediendo en nuestra vida sin por eso dejar de utilizar sensatamente todos los medios que vienen proporcionados por la medicina y por la técnica médica, que avanza cada día más.

+Mons. Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona-Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).