Donar sangre es regalar vida

Mons. Juan José Asenjo

Carta Pastoral del Arzobispo de Sevilla, Mons. Juan José Asenjo Pelegrina

Queridos hermanos y hermanas: Hace algunos meses recibí en mi despacho a la Directora del Centro Regional de Transfusión Sanguínea de Sevilla. Quería informarme del servicio que dicho Centro presta a la sociedad sevillana y de la colaboración que le brinda la Iglesia a través de distintas instituciones y muy especialmente de las Hermandades y Cofradías.
Me pidió el apoyo de nuestra Iglesia diocesana para mentalizar y sensibilizar a la sociedad sobre la importancia de la donación de sangre y yo me comprometí a dedicar una de mis cartas semanales a este tema, cosa que hago ahora con mucho gusto.

Donar sangre es regalar vida. La sangre es tan esencial que sin ella la vida humana es imposible. Es absolutamente necesaria para determinados tratamientos médicos y en muchos casos es imprescindible en las operaciones quirúrgicas. Por desgracia, no se puede producir artificialmente como se producen las medicinas. Por ello, y teniendo en cuenta que cada tres segundos una persona necesita una transfusión sanguínea, es preciso que todos nos sensibilicemos sobre la necesidad y la urgencia de compartir con nuestros semejantes nuestra sangre, un bien absolutamente precioso.

Para quienes, por la misericordia de Dios, hemos recibido el don de la fe, la donación de sangre supone un reconocimiento bien explícito de la sabiduría y de la providencia de Dios, que ha diseñado nuestra naturaleza con tal perfección que permite que nuestra sangre pueda seguir dando vida y esperanza a aquellos hermanos nuestros que la necesitan. La donación de sangre es una manifestación de humanidad. Para la Iglesia es un acto supremo de caridad y de amor auténtico, y un servicio magnífico al Evangelio de la vida. Todos, creyentes o no, como miembros de la gran familia humana, deberíamos decidirnos a donar periódicamente nuestra sangre, si nuestra salud y otras circunstancias nos lo permiten. En este campo los cristianos tenemos una especial obligación, que brota de nuestra común condición de hijos de Dios, auténtico manantial de nuestra fraternidad.

Para nosotros el ejemplo supremo de donación es Jesucristo. Él viene al mundo para que tengamos vida y vida abundante (Jn 10,10). Él mismo es donación. Ha venido «a dar su vida en rescate por todos» (Mt 20,28); y cada día en la Eucaristía nos da su carne y su sangre “para la vida del mundo» (Jn 6,51). La entrega de su vida, hasta la última gota de su sangre por nosotros, no nos puede dejar indiferentes. Él mismo nos ha dicho que «nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15,13). Su oblación por nosotros es el paradigma de nuestra entrega. Así lo entiende el Apóstol San Juan en su primera carta cuando nos dice: «En esto hemos conocido el amor de Dios, en que Él dio su vida por nosotros. Por ello, también nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos» (1 Jn 3,16).

El pasado 12 de junio, el Papa Benedicto XVI, al final del rezo del Regina coeli, aludió a la celebración de la Jornada Mundial de los Donantes de Sangre, que tenía lugar dos días después, y que nos recuerda a los «millones de personas que contribuyen, de modo silencioso, a ayudar a hermanos en dificultad”, añadiendo a continuación:“Dirijo a todos los donantes un saludo cordial e invito a los jóvenes a seguir su ejemplo».

El Beato Juan Pablo II, por su parte, el 13 de junio de 2004, afirmó en el mismo contexto que “dar la propia sangre voluntaria y gratuitamente es un gesto de elevado valor moral y cívico”. Al mismo tiempo manifestó su deseo de que “los donantes, a quienes todos les deben su reconocimiento, se multipliquen en todas las partes del mundo”. Unos años antes, en la encíclica Evangelium vitae nos decía que entre los «grandes gestos de solidaridad que alimentan una auténtica cultura de la vida… merece especial reconocimiento la donación de órganos… para ofrecer una posibilidad de curación e incluso de vida, a enfermos tal vez sin esperanzas» (n.86).

Por todo ello, apelo a la generosidad de los cristianos de Sevilla. La donación de sangre es una forma excelente de vivir la caridad, la solidaridad y el amor fraterno. Nos lo exige nuestra participación en la Eucaristía, el sacramento del cuerpo entregado y de la sangre derramada para la vida del mundo, fuente y epifanía de comunión con Dios y con los hermanos, como escribiera el Papa Juan Pablo II. Él nos dejó escrito en la Carta apostólica «Mane nobiscum, Domine», que el servicio a los pobres -y nadie es más pobre que aquel a quien se le escapa la vida a borbotones- «es el criterio básico con arreglo al cual se comprobará la autenticidad de nuestras celebraciones eucarísticas» (n. 28). Que en ellas encontremos todos la fuerza y el empuje que necesitamos para hacer de nuestra vida una donación de amor.

Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.

+ Juan José Asenjo Pelegrina
Arzobispo de Sevilla

Mons. Juan José Asenjo
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Mons. D. Juan José Asenjo Pelegrina nació en Sigüenza (Guadalajara) el 15 de octubre de 1945. Fue ordenado sacerdote en 1969. Es Licenciado en Teología por la Facultad Teológica del Norte de España, sede de Burgos (1971). Amplió estudios en Roma donde realizó, desde 1977 hasta 1979, los cursos de Doctorado en Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, y las Diplomaturas en Archivística y Biblioteconomía en las Escuelas del Archivo Secreto Vaticano y de la Biblioteca Apostólica Vaticana. CARGOS PASTORALES Los primeros años de su ministerio sacerdotal los desarrolló en su diócesis de origen, en Sigüenza-Guadalajara, donde trabajó en la enseñanza y en la formación sacerdotal. Estuvo vinculado especialmente al Patrimonio Cultural como Director del Archivo Artístico Histórico Diocesano (1979-1981), Canónigo encargado del Patrimonio Artístico (1985-1997) y Delegado Diocesano para el Patrimonio Cultural (1985-1993). En 1993 fue nombrado Vicesecretario para Asuntos Generales de la CEE, cargo que desempeñó hasta su ordenación episcopal, el 20 de abril de 1997, como Obispo Auxiliar de Toledo. Tomó posesión de la diócesis de Córdoba el 27 de septiembre de 2003. El 13 de noviembre de 2008 fue nombrado Arzobispo Coadjutor de Sevilla y el día 5 de noviembre de 2009 comenzó su ministerio como Arzobispo metropolitano de Sevilla, al aceptar el Santo Padre la renuncia del Cardenal Amigo Vallejo. Por delegación de los Obispos del Sur, es el Obispo responsable de la Pastoral de la Salud de Andalucía. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE preside la Comisión Episcopal de Patrimonio Cultural, cargo para el que fue elegido el 15 de marzo de 2017. Ya había presidido esta Comisión de 2005 a 2009. Otros cargos en la CEE: vicesecretario para Asuntos Generales (1993-1997); secretario general y portavoz de la CEE (1998-2003); miembro del Comité Ejecutivo (2009-2017). Fue copresidente de la Comisión Mixta Ministerio de Educación y Cultura-Conferencia Episcopal Española para el seguimiento del Plan Nacional de Catedrales de 1998 a 2003. Ejerció de coordinador Nacional de la V Visita Apostólica del Papa Juan Pablo II a España el 3 y 4 de mayo de 2003. Ha sido miembro de la "Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia" y de la "Junta Episcopal Pro V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa de Jesús".