Hacer rendibles los talentos que hemos recibido

La liturgia del presente domingo nos propone meditar sobre la parábola de los talentos, o los millones. Personalmente prefiero referirme a talentos. Tales parábolas se conocen como las del juicio –de la lectura que Dios hace de nuestra vida- y que, por ello pueden ayudarnos a revisarla o a valorarla. 

La parábola explica que un amo sale de viaje y confía a sus servidores unos bienes de gran valor –los talentos- para que obtengan unos rendimientos. Dos sirvientes invierten los talentos recibidos y obtienen beneficios de acuerdo con lo que les ha sido confiado. El tercero, por miedo, esconde los talentos, no obtiene rendimiento alguno, y quiere justificar su proceder al regreso de su amo. Os recomiendo leer pausadamente la parábola para captar su reflexión. 

Distingo tres momentos en la narración: 

La ausencia del dueño al principio de la Parábola.

Los destinatarios del Evangelio entendían perfectamente que la ausencia o viaje del dueño significaba la ida de Cristo al Padre, y que les dejaba el encargo de continuar en la tierra la administración de sus bienes.

La responsabilidad es de cada cual, según la capacidad y los dones recibidos. Y el discípulo se realiza y entra a celebrarlo con el Señor cuando ha actuado con responsabilidad.

La ausencia del Señor es larga. Durante el tiempo que media entre la resurrección de Cristo y su retorno para la fiesta definitiva, es preciso que los bienes que Él ha confiado a sus administradores den fruto.

Los talentos o bienes de gran valor.

Estos talentos son, en primer lugar, el don del Espíritu, que hace posible la fe y la vida en todo cristiano; la Palabra de Dios, ya que el mismo Dios nos ha abierto su libro y se nos ha revelado; el mismo Jesús, que se nos ofrece como camino, verdad y vida y la gracia de los sacramentos. También nos ha dado el calor y la ayuda de nuestros hermanos cristianos de la Iglesia..

Tampoco podemos olvidar que las cualidades personales, el tiempo, los bienes materiales, son dones que deben producir unos rendimientos.

No se trata que tales rendimientos sean únicamente para provecho propio, deben producir unos intereses a favor del amo, de aquel que nos los ha confiado.

Rendir cuentas.

Aquellos que han obtenido rendimientos de los bienes recibidos, sean pocos o muchos, según los deseos de su Señor, participan de su gozo. La cantidad no es importante, si lo es que hayan rendido.  Quien no lo haya hecho, será rechazado en la fiesta. 

LA PARÁBOLA Y NUESTRA VIDA 

· Descubrir, valorar y agradecer los bienes recibidos: El Espíritu, la Palabra, la Fe, el mismo Jesús, la Iglesia y las parroquias, la cualidades personales, los años de vida, los bienes materiales… 

· Estos son los bienes que Dios nos ha confiado. Hemos de reforzar nuestro convencimiento que trabajamos para Jesús, cuando hacemos rendir estos dones, y tanto más cuando los ponemos al servicio de todo aquello que Jesús considera importante: las persones y especialmente las más necesitadas.

· Hagamos un examen o revisión de nuestra propia vida para descubrir  si hacemos rendir los dones recibidos al servicio de los  intereses de Jesús. ¿Pongo mis talentos, mis dones, mis cualidades, al servicio de las personas, de las instituciones?

Los talentos recibidos son una llamada a la responsabilidad. No hacerlos rendibles es una grave irresponsabilidad: es pecado de omisión, con frecuencia, olvidado.

Lo expresa magníficamente una famosa novela, en la que se juzga a un hombre acusado de traer la peste a la ciudad. El abogado defensor argumenta que el hombre es inocente, que no ha hecho mal a nadie, que no es capaz de matar siquiera a una mosca. El fiscal responde que las moscas que el acusado no mató provocaron la peste. 

Recuerdo, a beneficio de inventario, algunos hechos: 

El ejercicio de les responsabilidades familiares hasta el agotamiento.

Profesionales que ofrecen sus servicios a muy bajo precio a familias que los precisan.

Vecinos con disponibilidades para atender y ayudar a otros vecinos.

Todos aquellos que ponen sus cualidades al servicio de los demás, al asumir responsabilidades pastorales, de la parroquia: los que trabajan gratuitamente en instituciones sociales, deportivas, culturales…

Grandes o pequeños empresarios que procuran mantener o aumentar puestos de trabajo, aunque ello signifique menos beneficios o pérdidas, incluso en estos tiempos de crisis.

 Los donativos a Caritas o al tercer Mundo… y no solo un dinero ridículo, sino una parte de los recursos que nos son necesarios. 

Cristo siempre se nos da, y nosotros ¿qué es lo que damos?  

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 459 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.