Tras las huellas de Juan Pablo II

Quisiera compartir una hermosa experiencia que el mes pasado pudimos vivir un grupo de ibicencos al visitar a Polonia, la tierra natal de Juan Pablo II,  participado en una peregrinación para adentrarnos un poco más en su figura y conocerle más de cerca. Partimos de Ibiza el jueves 13 de octubre, y esa misma noche llegamos a Varsovia, la capital de la nación Polaca. Varsovia era la sede del Cardenal Stefan Wyszynski, gran amigo de Juan Pablo II y por muchos años su mentor y su guía. En la catedral pudimos rezar ante su tumba y ver como 30 años después de su muerte, su recuerdo esta todavía muy presente en aquella Diócesis, y su proceso de canonización sigue su curso.

Después estuvimos en la otra gran ciudad polaca, Cracovia, en la que Karol Wojtyła ejerció su ministerio sacerdotal primero, y episcopal después. Se dio la feliz coincidencia que el día 16 de octubre, fecha en la que fue elegido como Papa estuvimos en el Palacio Arzobispal de Cracovia, y más en concreto en la capilla donde el 1º de noviembre de 1946 fue ordenado sacerdote el joven Karol Wojtyła y donde más tarde, transcurría largos ratos de oración. Fuimos recibidos por  el que había sido su fiel secretario durante casi cuarenta años, el Cardenal Stanisław Dziwisz, quien nos dirigió una alentadoras palabras, haciendo referencia a que la gran fortaleza de Juan Pablo II provenía de la oración, Nos contó como en los tiempos en que fue arzobispo de Cracovia tenía una mesa en aquella misma capilla donde trabajaba y que no había ninguna decisión que antes no pasase ante el Sagrario. El Cardenal Dziwisz además, nos obsequió con una reliquia del Beato, reliquia que en adelante será venerada en nuestra S.I. Catedral. Para mí resultó especialmente emocionante poder celebrar la Eucaristía en aquel lugar en el que tantas veces lo había hecho Karol Wojtyła. Los rostros de los peregrinos de Ibiza irradiaban emoción y alegría. Aquella mañana fue especialmente impresionante para todos nosotros. Nos quedó el mensaje de que si aquel lugar fue donde, ejerciendo su servicio, Wojtila caminó hacia la santidad, también nuestros hogares, nuestros lugares de trabajo y de estancia, han de ser marcos donde, cumpliendo nuestros deberes caminemos hacia la santidad, vocación de todo cristiano.

La visita a la Colina del Wawel, rodeada por una muralla que alberga la Catedral y el Castillo nos recordó una imagen muy nuestra: la cumbre de Dalt Vila. El Wawel es un compendio de la historia polaca, protagonizada por la Catedral, símbolo de la fe cristiana, y el Castillo, símbolo de la organización de la sociedad. También hemos de preservar esa misma imagen entre nosotros, expresión de nuestra historia gloriosa e ideal de nuestro futuro: nuestra Iglesia, representada por nuestra Catedral, que desde hace siglos que sirve a las gentes y nuestra sociedad, organizada en beneficio de todos sin excluir ni dañar a nadie, favoreciendo los auténticos derechos de cada uno.

Al día siguiente visitamos un lugar de dolor: el campo de concentración de Auschwitz.  Refiriéndose al mismo decía Juan Pablo II: “Los campos de concentración se presentan ante nosotros como símbolos del infierno sobre la tierra. En ellos se ve el máximo del mal que el hombre puede hacer a otro hombre“. Allí murieron miles y miles de personas inocentes, entre ellos San Maximiliano María Kolbe y Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein). El encontrarse en un ambiente de odio y de hostilidad no les impidió amar y dar su vida en rescate por los otros, como Jesucristo, nuestro modelo. Aquel lugar produjo en todos nosotros unos sentimientos de profunda tristeza al ver como el ser humano puede llegar a hacer barbaridades tan grandes en contra de otro ser humano. Pero pese a todo, de aquel horrible lugar brota un mensaje de esperanza: trabajar para que jamás el hombre sea capaz de cometer semejantes atrocidades, que cada uno de nosotros sintamos al otro como hermano, que nos preocupemos unos de otros y que el don precioso de la vida sea siempre protegido desde su concepción hasta su término natural. Que no haya  entre nosotros lugares donde se elimine la vida humana, toda vida humana, ni con el aborto ni con la eutanasia.

La peregrinación prosiguió con la visita a la ciudad natal de Juan Pablo II, Wadowice, donde celebramos la Santa Misa muy cerca de la pila bautismal donde recibió ese Sacramento que hace hijos de Dios, miembros de Cristo, templos del Espíritu. Allí recordamos nuestro bautismo que debe informar toda nuestra existencia porque  cambia radicalmente nuestro ser.

En los días posteriores también visitamos dos grandes lugares de peregrinación en Polonia: el Santuario de la Divina Misericordia y el Santuario de la Virgen de Częstochowa. En el Santuario de la Divina Misericordia pudimos ver el famoso cuadro pintado por inspiración de Santa Faustina Kowalska para recordarnos que Dios es misericordia, piedad, compasión y espera de nosotros confianza y amor. Rezando la “Coronilla de la Divina Misericordia” pudimos implorar esa misericordia sobre nosotros y sobre todo el mundo.

La visita al Santuario de la Virgen de Częstochowa, la Virgen Negra, fue especialmente emotiva. Ver el cariño que la gente siente por la Reina y Protectora de Polonia, la cantidad de jóvenes, niños, personas de todas las edades y condiciones que allí van es un recordarnos que la Virgen María está siempre abierta a acogernos, a amarnos,, porque Cristo se lo encargó desde la Cruz, y que su ayuda nos es importante y necesaria. También entre nosotros la Virgen María tiene su morada, su casa, también ella quiere demostrar su amor y ayudar al pueblo de Ibiza y Formentera. Beneficiémonos de ese amor que, con generosidad la Madre de Dios y Madre nuestra nos quiere dar.

No faltaron otras visitas también interesantes, como las Minas de Sal de Wieliczka, ejemplo de trabajo sostenido por la fe y la religión con sus numerosas capillas, donde celebramos la Santa Misa, recordándonos que también el trabajo humano ha de ser expresión de la fe y ser orientado por la misma; los hermosos parajes de Zakopane, donde la naturaleza se presenta hermosa porque hermosa la ha hecho el Creador y exige de nosotros un cuidado providencial de la misma, etc. 

Los santos nos enseñan el camino hacia Dios. Acercándonos más a la gran figura de Juan Pablo II hemos dado un paso en ese sentido. La peregrinación diocesana a las tierras que vieron nacer y crecer, formarse y madurar como hombre y como cristiano, como sacerdote y como Obispo a Juan Pablo II ha sido un momento de gracia para todos los que hemos participado. Al compartirlo en este escrito con vosotros, queridos diocesanos, os invito a recorrer espiritualmente este camino para que cada uno pueda experimentar un gran deseo de santidad, concretado un progreso en la fe, una esperanza en la vida eterna, un renovado fervor en el ejercicio de la caridad. 

Con mi bendición y afecto,        

+Vicente Juan Segura 

Obispo de Ibiza

Mons. Vicente Juan Segura
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Nació el 22 de mayo de 1955 en Tabernes de Valldigna (Valencia) Realizó los estudios eclesiásticos en el seminario de Valencia y en el Real Colegio Seminario de Corpus Christi. Fue ordenado sacerdote el 24 de octubre de 1981. Es doctor en Derecho canónico por la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino, en Roma (1988), y doctor en Derecho Civil por la Universidad de Valencia (1989). Realizó los estudios diplomáticos en la Pontificia Academia Eclesiástica de 1985 a 1988 e ingresó el 1 de Julio de 1988 en el Servicio Diplomático de la Santa Sede. Ha desempeñado, entre otros, los siguientes cargos: 1981-1985: Vicario Parroquial en San Antonio Abad, de Cullera, Archidiócesis de Valencia. 1988-1990: Secretario de la Nunciatura Apostólica de costa Rica; 1990-1991: Secretario de la Nunciatura Apostólica en Marruecos; 1991-1994: Secretario de la Nunciatura Apostólica en Mozambique; 1994: Consejero de Nunciatura; jefe de la sección de lengua española de la secretaria de Estado de Su Santidad. En los últimos años se ha desempeñado también como cooperador parroquial en la Parroquia de San Melchiade en Roma y Capellán de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. El 22 de enero, la Santa Sede hizo público que el Papa Juan Pablo II le había nombrado Obispo de Ibiza. Fue ordenado Obispo y tomo posesión de la Diócesis el 14 de mayo de 2005.