Sedientos de Dios esperamos su venida

Queridos diocesanos:

Hace pocos días iniciábamos el mes de noviembre, el mes de nuestros hermanos difuntos, el tiempo en el que recordamos a nuestros seres queridos que ya han sido llamados por el Señor a la otra Vida. Seguro que la práctica totalidad de los que tenemos familiares próximos que han muerto hemos visitado el cementerio y hemos llevado unas flores como signo de cariño hacia ellos.

Lo que tal vez no se nos ha ocurrido hacer -y que por otra parte es lo más valioso e importante para ellos, lo único que realmente les va a servir ya en su estado espiritual- es elevar una oración, ofrecer la Santa Misa o algún sacrificio como ayuda para implorar a Dios su eterno descanso. En esta sociedad en la que el laicismo beligerante avanza a pasos agigantados es curioso observar cómo nuestros cementerios se llenan, en este mes, de personas que visitan las tumbas de los seres queridos pero apenas se ve alguien rezando por sus seres queridos difuntos, cuando realmente es lo único que ya les va a servir de auxilio y de sufragio por los pecados que pudieran haber cometido mientras vivían.

El Evangelio que la Iglesia nos presenta en este domingo para orarlo y llevarlo a la vida nos habla de diez vírgenes, cinco sabias y cinco necias. Las sabias saben que el Señor puede llegar en cualquier momento y le esperan en vela, preparadas; las otras, no están preparadas para la llegada del Esposo y cuando llega, Éste entra y cierra la puerta. Sabemos que en la vida del hombre nada hay tan cierto como el hecho de la muerte, momento universal del que no se libra nadie, ni pobres ni ricos, ni famosos ni desconocidos. Sin embargo, nada hay tan incierto -por otra parte- como el momento de la misma pues nadie sabe cuándo le va a sobrevenir la muerte. A la hora que menos lo pensemos, el Señor nos llama a la Vida; por eso es muy importante que estemos preparados para que podamos presentarnos ante Él cargados de buenas obras.

El Señor nos hace en este domingo dos llamadas importantes: una, a que pensemos en nuestra muerte. La reflexión sobre la muerte es un pensamiento al que el hombre actual esalérgico; no quiere pararse a reflexionar ni un segundo en ella, como si así pudiera huir de ese momento. A pesar de ello, está seguro de que un día le llegará como a todos los mortales. Es por eso importante que en la vida pensemos en la muerte, sin miedos, no para entristecernos o quedarnos paralizados y sin ilusión en la vida, sino para vivir la existencia terrena desde los auténticos valores, ya que a veces nos equivocamos y vivimos sólo desde criterios terrenos como si nuestra morada en este mundo fuera eterna y no temporal. Así, vivimos la vida pensando exclusivamente en el dinero, en tener más: más medios, más comodidad, etc. en definitiva, tener y tener y tener como si la cuenta corriente y la tarjeta de crédito nos la pudiéramos llevar en la hora de nuestra partida hacia la Casa del Padre. Es absolutamente necesario, pues, que reflexionemos sobre el hecho de que un día hemos de morir; nos ayudará a dar un valor relativo a los bienes materiales y a compartirlos con los demás, sabiendo que la caridad es lo que nos va a valer ante el Señor el día que nos llame a su Presencia.

Es en este mismo sentido en el que Señor nos hace la segunda llamada: a estar en vela, a estar preparados, viviendo desde lo único que nos va a valer en la otra vida, el amor, porque allí no nos van a preguntar sobre el prestigio o el dinero que tuvimos en la tierra sino sobre el uso que hicimos de ello en favor de los demás. En efecto, el Esposo de nuestras almas, como diría San Juan de la Cruz, tan sólo nos examinará del amor; tan sólo querrásaber si ayudamos a quienes nos necesitaron o les dimos la espalda.

Estar preparados para cuando el Esposo, Cristo, vuelva y nos lleve con Él, y podamos así entrar en su Casa, pide de nosotros que pensemos en Él; que vivamos desde los valores que el Señor nos propone, absolutizando, sobre todo, el mandamiento nuevo del amor, ya que en el amor a los demás -especialmente a los pobres y necesitados- nos vamos a encontrar con el mismo Dios que nos dirá también a nosotros: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el Reino preparado desde la Creación del mundo: porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber,…” (cfr. Mt 25, 31-46)

El Señor, que nos ha destinado a todos a la salvación, nos ayuda a vivir esta vida preparándonos para la Vida, cargando la maleta de lo necesario para ella y desechando todo lo que no sirve para la misma; en definitiva, viviéndola desde Dios y no desde los valores del mundo.

Que Dios os bendiga a todos,

+ Gerardo Melgar Viciosa

Obispo de Osma – Soria

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.