¿Qué nombre habéis elegido para este niño?

Esta es la pregunta con la que se inicia el rito de acogida, antes de la liturgia de la Palabra y del Sacramento. Antes, por tanto, de la letanía de los santos —en la que se invoca el santo del nombre elegido— y antes, también, de que el sacerdote pronuncie la fórmula trinitaria precedida por el nombre del neófito.

El nombre escogido, debería tener alguna relación con estos dos datos: el auxilio intercesor que pedimos a los santos y esa pertenencia a Cristo que nos hace templos del Espíritu e hijos de Dios.

Nos ayudaría a encontrar un nombre adecuado el pensar en la vocación cristiana del niño al que bautizamos: vocación a la santidad. Vocación realizada, a través de los siglos, por muchos hermanos que interceden por nosotros en el Reino de Dios y que son para nosotros testimonio y ejemplo. Vocación a la santidad que -‘ se expresa en una misión determinada dentro de la Iglesia. 

Si nos hiciéramos estos planteamientos, posiblemente invocaríamos más a menudo al santo de nuestro nombre o desearíamos ser fieles a su significado. Y, también, a la hora de elegir un nombre, lo haríamos con un sentido más cristiano. ¿Tiene algún sentido elegir un nombre cristiano para vuestros hijos?   

El nombre, lejos de ser una designación convencional, expresa para los antiguos el papel de un ser en el universo. Dios da cima a la creación poniendo nombre a todas las criaturas, día, noche, cielo, tierra, mar… designando a cada uno de los astros su nombre o encargando a Adán que dé nombre a cada uno de los animales. Los hombres a su vez otorgarán un nombre significativo a los lugares que están asociados a un acontecimiento importante. 

EL NOMBRE EN EL ANTIGUO TESTAMENTO 

El nombre dado en el nacimiento expresa ordinariamente la actividad o el des- tino del que lo lleva: Rut es «la amiga» y Noemí, «mi dulzura». El nombre puede, también, evocar circunstancias del nacimiento o del porvenir entrevisto por los padres: Raquel, al morir llama a su hijo, «hijo de mi dolor». A veces es una especie  de oráculo, que desea al niño el apoyo del Dios de Israel. En todo caso, el nombre dice el papel social de un hombre. 

Si el nombre es la persona misma, actuar sobre el nombre es tener influjo en el ser mismo. Dios cambia el nombre de Abraham, de Sara o de Jacob, para indicar que toma posesión de su vida. Igualmente, los nuevos nombres dados por Dios a la Jerusalén perdonada: ciudad-fiel, deseada, mi-placer…, expresan la nueva vida de una ciudad en la que los corazones son regenerados por la nueva Alianza, 

EL NOMBRE EN EL NUEVO TESTAMENTO 

Cada ser lleva el nombre que corresponde al papel que le ha sido asignado. Cuando su misión es divina, su nombre viene del cielo, como el de Juan, «el Señor es misericordioso’. Aún dado por los hombres, el nombre es signo de una vocación por parte de Dios. Al dar Jesús a Simón el nombre de Pedro, muestra el papel que le confía y la nueva personalidad que crea en él. 

El buen pastor conoce a cada una de sus ovejas por su nombre. Los nombres de los elegidos están inscritos en el cielo, en él libro de la vida. Entrando en la gloria recibiremos un nombre nuevo e inefable (Apoc. 2, 17); participando de la existencia de Dios llevaremos el nombre del Padre y el de su Hijo (Apoc. 3, 12); Dios nos llamará sus hijos (Mt 5, 9), pues lo seremos en realidad (1 Jn. 3,1). 

TE BAUTIZO EN EL NOMBRE… 

Los Hechos de los Apóstoles nos hablan de los que fueron bautizados en el nombre de Jesucristo o del Señor Jesús. Esto significa que el bautizado pertenece a Cristo, que está asociado interiormente a El. Este efecto del sacramento se especifica bajo diferentes formas: el bautizado se reviste de Cristo, es uno con El.  Además, todos los que reciben el bautismo están unidos entre sí en la unidad misma de Cristo y de su cuerpo glorificado, ya no forman más que espíritu con Cristo. 

La fórmula trinitaria que después se ha empleado, deriva de Mt. 28, 19. Esta fórmula expresa excelentemente que el bautizado, unido al Hijo, lo está al mismo tiempo con las otras dos Personas. El creyente recibe el bautismo en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de Dios viene a ser templo, morada de su presencia e hijo adoptivo del Padre. 

+Ángel Rubio Castro

Obispo de Segovia

Mons. Ángel Rubio Castro
Acerca de Mons. Ángel Rubio Castro 137 Articles
Nace en Guadalupe (Cáceres), Archidiócesis de Toledo, el 18 de abril de 1939. Entró en el Seminario Menor diocesano de Talavera de la Reina (Toledo) desde donde pasó al Seminario Mayor “San Ildefonso” para realizar los estudios eclesiásticos. Fue ordenado sacerdote en Toledo el 26 de julio de 1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología en Madrid, por la Universidad Pontificia de Comillas y en Salamanca la Diplomatura en Catequética por el Instituto Superior de Pastoral. Es Doctor en Catequética por la Universidad Pontificia de Salamanca. CARGOS PASTORALES Tanto su ministerio sacerdotal como el episcopal han estado vinculados a la diócesis de Toledo. Como sacerdote desempeñó los siguientes cargos: de 1964 a 1973, coadjutor de la parroquia de Santiago el Mayor; 1971, Secretario de la Visita Pastoral; 1972, director del Secretariado Diocesano de Catequesis; en 1973 es nombrado capellán y profesor de la Universidad Laboral de Toledo, Beneficiado de la Santa Iglesia Catedral primada, cargo que desempeñó hasta el 2000, y profesor de Catequética en el Seminario Mayor, donde fue docente hasta su nombramiento episcopal. Además, de 1977 a 1997 fue Vicario Episcopal de Enseñanza y Catequesis; de 1982 a 1991 profesor de Religión en el Colegio diocesano “Ntra. Sra. de los Infantes”; en 1983, capellán de las Religiosas Dominicas de Jesús y María; de 1997 a 2000 es designado subdelegado diocesano de Misiones y en el año 2000 delegado diocesano de Eventos y Peregrinaciones, Profesor de Pedagogía General y Religiosa en el Instituto Teológico de Toledo, Delegado Episcopal para la Vida Consagrada y Canónico de la Catedral, cargos que desempeñó hasta 2004. El 21 de octubre de 2004 se hacía público su nombramiento como Obispo titular de Vergi y Auxiliar de la Archidiócesis de Toledo. El 12 de diciembre del mismo año recibió la consagración episcopal. El 3 de noviembre de 2007 se hacía público el nombramiento como Obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 9 de diciembre de ese mismo año. El Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Segovia el 12 de noviembre de 2014, aunque continuó como administrador apostólico hasta el 20 de diciembre, día de la toma de posesión de su sucesor. Es Consiliario Nacional para Cursillos de Cristiandad. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Liturgia desde marzo de 2017. Anteriormente, ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Enseñanza (desde 2005) y de Apostolado Seglar (desde 2011). También ha sido miembro, de 2005 al 2011, de Vida Consagrada.