La iglesia, contigo y con todos

Todos sabemos qué es la familia en la que vivimos, el aire que respiramos y el agua que bebemos. Pero si tuviéramos que explicarlo, probablemente encontraríamos cierta dificultad. Algo semejante ocurre con la Iglesia diocesana: aunque hemos nacido y crecido en ella, no nos resulta fácil explicarla. Esta sola razón justificaría que una vez al año celebremos el “Día de la Iglesia Diocesana”. Pero hay más razones para que el segundo domingo de noviembre lo dediquemos en España a celebrar dicha efeméride.

Imaginemos que un emigrante llega a nuestra diócesis sin trabajo y sin dinero. Es muy probable que le hayan dicho que se dirija a Cáritas, pues allí le atenderán. Efectivamente, si se acerca, nadie le preguntará si es católico o a qué religión pertenece, sino cuáles son sus necesidades. Y, en la medida de lo posible, le ayudarán. De casi veintitrés mil personas que Cáritas diocesana ha atendido este año, una parte muy importante han sido inmigrantes. Pero por los diecisiete centros sociales que la diócesis tiene en este momento y las setenta Cáritas parroquiales han pasado otras muchas personas y se han prestado incontables servicios.

Supongamos que el emigrante al que nos hemos referido no está bautizado y un día decide hacerse cristiano. Inmediatamente entrarían en acción una serie de realidades personales y estructurales para llevarlo a cabo. Se pondría en contacto con una parroquia, con unos sacerdotes, con unos catequistas y con una comunidad cristiana. A través de ellos, irá recibiendo la Palabra de Dios, la catequesis, los criterios y comportamientos cristianos, y todo lo que necesita para entrar a formar parte de la Iglesia de Jesucristo. Actualmente podrían prestarle esos servicios cerca de cuatrocientos sacerdotes y un gran número de catequistas. Si, finalmente, recibiese los sacramentos del Bautismo, Confirmación y Primera comunión pasaría a formar parte de pleno derecho de aquella parroquia en la que se ha bautizado.

Hecho ya cristiano, comenzaría a asistir a la misa del domingo con los demás miembros de esa parroquia y a recibir una adecuada y constante formación cristiana a través de la predicación, la catequesis, y la acción caritativa y social. Lo lógico es que, en un momento determinado, contrajera matrimonio, tuviera hijos y les llevase a bautizar y a la catequesis. Gracias a Dios podría recibir todos esos servicios; pues hay locales y personas adecuadas para realizarlos.

Hemos partido del supuesto de un emigrante no bautizado y que se incorpora a la Iglesia. Pero podríamos haberlo hecho con los nacidos aquí y que son católicos. A todos se les ayuda en lo espiritual y, a muchos, en lo material, gracias a que la diócesis es una comunidad de discípulos de Jesucristo, pastoreada por un obispo, al que ayudan un nutrido grupo de sacerdotes, que está en comunión con el Papa y los demás obispos de todo el mundo.

Es evidente que cuantos más y mejores sean los medios de que disponga: personales, estructurales y materiales, tantos más y mejores servicios puede prestar. También lo es que la conservación y mejora de las instalaciones, el sostenimiento del personal, la ayuda urgente que hay que dispensar exigen muchos recursos económicos a la diócesis. De ahí nuestra indispensable colaboración según nuestras posibilidades. La mejor forma de hacerlo es una aportación periódica personal o familiar, abonada por domiciliación bancaria. No es la colaboración más importante, pero todos tenemos la experiencia de que las cosas que apoyamos con nuestro dinero las consideramos un poco más nuestras. Este “Día de la Iglesia diocesana” nos invita a considerar la diócesis como una familia en la que nacemos, crecemos y vivimos la fe, y de este modo, nos capacitamos para realizar una inmensa aportación social a toda la comunidad humana en la que estamos insertos.   

+Mons. Francisco Gil Hellín

 Arzobispo de Burgos

Mons. Francisco Gil Hellín
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Mons. D. Francisco Gil Hellín nace en La Ñora, Murcia, el 2 de julio de 1940. Realizó sus Estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Diocesano de Murcia entre 1957-1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma entre 1966-1968. Además, estudió Teología Moral en la Pontificia Academia S. Alfonso de Roma entre los años 1969-1970. Es Doctor en Teológía por la Universidad de Navarra en 1975. CARGOS PASTORALES Ejerció de Canónigo Penitenciario en Albacete entre 1972-1975 y en Valencia de 1975-1988. Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede de 1985 a 1996. Fue Vicedirector del Instituto de Totana, Murcia entre 1964-1966 y profesor de Teología en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia (1975-1985). También en el Istituto Juan PAblo II para EStudios sobre el Matrimonio y Familia (Roma, 1985-1997) y en el Pontificio Ateneo de la Santa Cruz en Roma (1986-1997). Juan Pablo II le nombraría despues Secretario del Dicasterio de 1996 a 2002. Fue nombrado Arzobispo de la Archidiócesis de Burgos el 28 de marzo de 2002, dejando su cargo en la Santa Sede, y llamado a ser miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia desde entonces. El papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Burgos el 30 de octubre de 2015, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 28 de noviembre de 2015. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida desde el año 2002. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Burgos desde 2011 hasta 2015. Además fue miembro de la Comisión Episcopal del Clero de 2002 a 2005.