El punto más débil

San Ignacio de Loyola, gran conocedor de las estrategias del Diablo, dice que Satanás no utiliza las mismas tácticas con todo el mundo.
Cuando encuentra a alguien que vive en “pecado mortal”, utilizando el mismo lenguaje de san Ignacio de Loyola, el Diablo lo deja tranquilo en su búsqueda desaforada de los placeres de este mundo, deja que las pasiones hagan su trabajo en el corazón del pecador. 

Por el contrario, cuando encuentra a alguien que se esfuerza por progresar en los caminos del Señor, el Demonio tratará de inquietarle y sembrará en su corazón toda clase de escrúpulos, haciendo que la tristeza se adueñe de su corazón. Pero en revancha, el Espíritu de Dios tratará de tocarle interiormente, de consolarle, dulcemente, ligeramente, suavemente, igual que una gota de agua penetra suavemente en una esponja. Sí, ya lo sabemos, los frutos del Espíritu son: “amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza” . Y El Señor pone esos dones en el corazón de quien trata de amarle, de serle fiel.

El demonio busca siempre atacar por el punto más débil de cada uno. Por ejemplo si alguien trata de vivir la alegría evangélica, él tratará impedir que viva en paz en medio de las dificultades con el fin de que se desanime y abandone la lucha. Si encuentra a alguien que trata de vivir una vida de entrega generosa hacia el prójimo, él tratará de persuadirle de que exagera y de que no hace falta tanta generosidad y entrega, o tratará de meter en su corazón una especie de manía hacia los demás cristianos, especialmente hacia los dirigentes de la iglesia, porque no tratan con la misma generosidad con la que él trata a los demás, a los pobres. De ahí que sea tan importante seguir trabajando en aquello que nos sugiere el Espíritu, aunque el Demonio trate de desanimarnos y descorazonarnos haciéndonos pensar que no lo hacemos tan bien como debiéramos.

Y, de manera especial, el Diablo trata de fastidiarnos cuando tomamos resoluciones o decisiones después de una buena confesión o de un retiro o de unos Ejercicios Espirituales. Tratará de hacernos caer a la primera de cambio y querrá convencernos de que no somos capaces de cumplir aquello que habíamos decidido hacer. Tratará de convencernos de que no tenemos madera de santos.

Es bonito releer lo que santa Teresa del Niño Jesús decía a este propósito a una novicia: “Estate alerta, querida hermana, me he dado cuenta de que el Diablo trata de hacernos caer en cuanto hemos tomado una decisión de entregarnos más a Dios. Trata de hacernos caer y, de este modo, hacer que nos descorazonemos. Porque es entonces cuando nos preguntamos: si ya he caído, ¿podré seguir por ese camino? No vale la pena, soy demasiado débil y lo que me he propuesto me supera. Si razonamos de esa manera le damos ya la victoria al Demonio. Es preciso que cada vez que caigamos nos levantemos y le digamos al Señor Jesús con humildad: Si el demonio me ha hecho caer, no me ha vencido: heme aquí, nuevamente, de pie, dispuesta al combate por amor hacia Ti, Señor mío. Entonces, Jesucristo, viendo tu buena voluntad, será Él mismo tu fuerza”.

Bonita enseñanza la de esta santa que es doctora de la Iglesia. Una enseñanza que no es para novicias de conventos de clausura, sino para todo cristiano que quiera avanzar en la vida de entrega a Dios.

Con mi afecto y bendición,

+ Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.