Señor del tiempo y de mi vida

1. Hemos comenzado el nuevo curso pastoral. Después del periodo estival nos hemos ido incorporando a nuestras actividades cotidianas. Quedan atrás los días de descanso, de reencuentro pausado con los amigos, de una oración más serena y prolongada, de los paseos al atardecer o de una práctica deportiva más asidua, del tiempo sosegado dedicado a la lectura, a la música… Estos días algunos medios de comunicación han contactado con nuestra delegación solicitando alguna entrevista para evaluar el primer año de ministerio como obispo de Bilbao. No es difícil imaginar algunas preguntas que seguramente surgirán: qué objetivos se han conseguido, qué queda por hacer, cómo evaluar la situación eclesial actual, el momento político, la crisis,… eficacia, logros, objetivos, evaluación… Y después quizás algún titular llamativo, acaso con algún tinte político, o subrayando alguna polémica en la vida de la Iglesia… 

2. Y me vuelvo al Señor y con sencillez le pregunto: ¿y Tú, Señor, cómo me evalúas? ¿Cómo aparece ante tus ojos este primer año? Y no percibo nada más que una profunda mirada de cariño y misericordia. Y me vienen a la memoria las palabras de Isaías, “Cuanto dista el cielo de la tierra, así distan mis caminos de los vuestros, y mis planes de vuestros planes”. (Is 55, 9). Qué distinta es la mirada de Dios de la mirada humana. Cuánto necesitamos ver las cosas con sus ojos y no con los nuestros. 

3. En este sentido, muchas personas perciben, al terminar el periodo de descanso estival, una sensación de vuelta a lo mismo, a la rutina que cansa; una percepción de peso, de desánimo, de espera anhelante a las próximas vacaciones, o al alivio de un pequeño puente laboral. Parecería que es necesario pasar cuanto antes por el tiempo arduo del trabajo (quien gracias a Dios lo tenga), del sacrificio y de la entrega diaria, como de puntillas sobre ascuas para llegar al frescor de otro periodo de descanso. Algunos perciben la vuelta al trabajo o a la rutina diaria, como aquellos pobres animales atados a la noria, girando en torno al mismo recorrido. Volvemos de nuevo a las prisas, a la esclavitud con respecto del tiempo, al stress de llegar a todo, a la falta de gratuidad y tiempo en las relaciones personales, a la incapacidad para sumergirnos con gozo en el don de la vida y del tiempo y gustarlo como una inmensa gracia. También en la vida eclesial nos sometemos a nuestras agendas, objetivos, temporizaciones, evaluaciones, reuniones para diseñar, aplicar, evaluar,…Y necesitamos los ojos nuevos de Dios para ver la inmensa gracia que resuena y aguarda en lo cotidiano, en el esfuerzo diario, en la entrega en la vida de familia, del trabajo, de las relaciones laborales, de la vivencia de la fe en la parroquia, del servicio a los pobres y necesitados.

4. Necesitamos recuperar el sentido cristiano y salvífico del tiempo. Cuál es su dimensión verdaderamente humana, que nos acerca a la eternidad, a la belleza y gozo inmutables. Y nos damos cuenta de que, más allá de nuestros planes y procedimientos, Dios nos ha dado el tiempo y la vida como una gracia. Él da el fruto y el incremento a nuestros trabajos. En lo cotidiano se va escribiendo el libro de nuestra vida, un diálogo de gracia entre Dios y cada uno de nosotros; un entretejer nuestra historia que, a la postre, es historia de salvación, porque es de Dios, divina y humana. No hay nada más doloroso que perder el tiempo, que quemarlo y no disfrutarlo, porque no es posible recuperarlo. Los trabajos y responsabilidades diarias en los diversos campos familiares, laborales, sociales, eclesiales… son ocasión de gracia. Miremos más allá y percibamos la presencia de Dios y la oportunidad de crecer en amor y entrega. Y nos daremos cuenta de que en las manos misericordiosas del Padre están nuestros afanes, luces y sombras, gozos y sufrimientos. Él es el Señor de nuestros días y de la historia. Y podremos exclamar con la gratitud que brota del fondo del corazón: ¡Tú eres Señor del tiempo y de mi vida!

5. Comienza un nuevo curso pastoral y no debemos contemplarlo simplemente bajo el agobio y la frialdad de planes, objetivos, evaluaciones… como si de ejecutivos de una empresa se tratara. Mirémoslo con los ojos de Dios. Como una oportunidad de glorificar a Dios y servir a los hermanos trabajando con esmero y empeño en la parcela de la Viña del Señor que Él nos ha encomendado. El fruto y el incremento están en sus manos. Trabajemos con responsabilidad y entrega, pero también con confianza y alegría. Él es Padre amoroso que cuida de nosotros y nos sostiene en nuestras fatigas; no es un patrón al que sólo importan las ganancias, la productividad o la eficacia. Él multiplica el esfuerzo y sostiene nuestra entrega. Entonces sí podemos vivir lo cotidiano de un modo nuevo. Y disfrutaremos del tiempo y del esfuerzo porque cada instante es un don precioso que debemos vivir intensamente en Él y en la compañía de los hermanos. Enviados por Él, llevemos su luz y su amor a todos los ámbitos en los que se desenvuelve la vida humana. Confiando en Él, podremos llevar la esperanza a todas las pobrezas de nuestro mundo y transformarnos en servicio fraterno. Con Él podemos construir una ciudad nueva donde no somos apreciados por nuestra eficacia y productividad, sino queridos en gratuidad y misericordia, sencillamente porque somos hijos de Dios. 

Pido al Señor que os bendiga y en su nombre os animo a trabajar alegres y confiados en la Viña del Señor. Con afecto. 

+ Mario Iceta Gabicagogeascoa.

Obispo de Bilbao

Mons. Mario Iceta Gabicagogeascoa
Acerca de Mons. Mario Iceta Gabicagogeascoa 76 Articles
Es Doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Navarra (1995), con una tesis doctoral sobre Bioética y Ética Médica. Es Doctor en Teología por el Instituto Juan Pablo II para el estudio sobre el Matrimonio y Familia de Roma (2002) con una tesis sobre Moral fundamental. Es Master en Economía por la Fundación Universidad Empresa de Madrid y la Universidad Nacional de Educación a Distancia de Madrid (2004) y miembro correspondiente de la Real Academia de Córdoba en su sección de Ciencias morales, políticas y sociales desde 2004. Así mismo es miembro de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao desde junio de 2008. Fundador de la Sociedad Andaluza de Investigación Bioética (Córdoba, 1993) y de la revista especializada Bioética y Ciencias de la Salud (1993). Ha participado como ponente en diferentes cursos y conferencias de Bioética tanto en España como en el extranjero y posee numerosos artículos en revistas especializadas en Bioética y Teología Moral, así como colaboraciones en diversas publicaciones y diccionarios. Entre sus publicaciones destacan: Futilidad y toma de decisiones en Medicina Paliativa (1997), La moral cristiana habita en la Iglesia (2004), Nos casamos, curso de preparación al Matrimonio (obra en colaboración, 2005). En el campo de la docencia ha ejercido como profesor de Religión en Educación Secundaria (1994-1997); Profesor de Teología de los Sacramentos, Liturgia y Canto Litúrgico en el Seminario Diocesano de Córdoba (1994-1997); Profesor de Moral fundamental y de Moral de la Persona y Bioética en el mismo Seminario, así como en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de la Diócesis (2002-2008). Profesor asociado de Teología Moral fundamental y Bioética en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra desde 2004 hasta la actualidad. Por último, también pertenece a la Subcomisión de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal Española.