El cuidado de la buena imagen y el descuido de la propia identidad

Mis queridos diocesanos:

Uno de los aspectos que más cuida el hombre actual es su buena imagen. A muchos de nuestros contemporáneos no les importa demasiado lo que son y lo que valen realmente, cuanto lo que los demás piensan de ellos. Así, observamos cómo deambulan a nuestro alrededor determinadas personas a las que no les preocupan su identidad personal, su superación, su vida real sino la imagen que los demás tienen de ellos -lo que los otros opinan- pues creen que de su imagen va a depender su escalar a puestos mejores y el aumento de su prestigio en el medios en que se mueven.

Es verdad que esta preocupación desmedida por la imagen no es algo nuevo de la sociedad actual aunque sí lo sea la común preocupación -yo diría, la universalización- por el cuidado de la apariencia que se da ante los demás y no tanto lo que yo sea realmente.

Esta misma preocupación es la que se encuentra Jesús en una de las capas de la sociedad judía, la de los escribas y los fariseos: hombres que viven de su imagen y para su imagen y que cuidan sobre todo el exterior, olvidándose que lo que importa es el interior del hombre. Jesús, en sus encuentros con ellos, tiene gran interés en descubrir y hacer ver a los demás que son sólo fachada; que aparentan una cosa pero son otra; que no son dignos de credibilidad porque lo único que pretenden con su actuar es que el pueblo de Israel los vea y se haga una imagen falsa de ellos pues su vida no se corresponde con lo que aparentan ser. Cristo critica su orgullo, sus aires de grandeza y su hueca apariencia, y hace a los discípulos una llamada a la autenticidad y a la humildad. Además, previene sobre su enseñanza y les enseña que no deben tenerles por maestros porque uno sólo es su Maestro, siendo todos los demás hermanos; y uno sólo es su Padre, el del cielo; y uno sólo es su Jefe, Él mismo, Cristo Jesús (cfr. Mt 23, 1-12)

La situación que reina en nuestra sociedad -de tan excesiva preocupación por la buena imagen- así como la enseñanza de Jesús en el Evangelio, más arriba mencionada, nos hacen una llamada a la autenticidad, a ser lo que somos delante de todos y siempre, y a no hacer algo o dejar de hacerlo por el qué dirán los demás sino hacerlo o dejarlo de hacer porque estamos convencidos de que eso es lo que debemos hacer.

Para ello, tendremos que preguntarnos una y mil veces: “¿qué es lo que Dios quiere que yo haga” y obrar en consecuencia, porque sólo así estaremos no traicionando nuestras convicciones personales más importantes y responderemos auténticamente a lo que creemos que debemos hacer, sin preocuparnos de lo que los demás piensen de nosotros.

El Señor nos llama a que el único Maestro, Padre y Consejero sea Él, y a que tratemos de cumplir en todo momento lo que sabemos que nos viene de Él, lo que Él nos pide y lo que Él quiere de nosotros. Es verdad que es necesario no sólo ser bueno sino parecerlo, porque la sociedad y el mundo necesita de nuestro testimonio, pero nunca será verdad que hay que parecer aquello que no somos; lo que es lo mismo, dar una imagen que no se corresponde con nuestra realidad, porque entonces la estamos falseando y queriendo hacer creer a los demás lo que no somos.

Vivamos plenamente nuestra fe y no dudemos en manifestarla ante los demás para que ellos se sientan impulsados y llamados por nuestro comportamiento a imitarnos. Ahora bien, nunca tratemos de aparentar lo que no somos ni vivimos porque entonces nos engañaremos a nosotros mismos y trataremos de engañar también a los demás. Para ello no olvidemos nunca la enseñanza del Maestro: “alumbre así vuestra luz a los hombres, para que viendo vuestras buenas obras glorifiquen a vuestro Padre que está en el cielo” (Mt 5, 16)

Que Dios os bendiga a todos.

+ Gerardo Melgar Viciosa

Obispo de Osma – Soria

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.