Aprender desde la familia

Pregunta: Ante situaciones tan escandalosas, como las que estamos sufriendo: la violencia y el maltrato a algunas mujeres. ¿Cómo cree que deberíamos reaccionar para que este tipo de asesinatos o maltratos sean erradicados? ¿Qué piensa la Iglesia al respecto?

Respuesta: Con motivo de la celebración de la jornada mundial de la paz, recuerdo que el Beato Papa Juan Pablo II escribió un mensaje, hace unos años, en el que decía que el fundamento de la paz está en la justicia: “Todos están llamados a vivir en la justicia y a trabajar por la paz: individuos, familias, comunidades y naciones. Nadie puede eximirse de esta responsabilidad”. Y la justicia se fundamenta en el respeto de los derechos humanos. Y uno de ellos es el respeto a la persona, sea del sexo que sea y de la raza o condición social que sea y el respeto a la vida desde sus inicios hasta los últimos momentos de la vida 

Esto requiere una disposición especial y una formación que ha de ser primordial desde la infancia. Nadie puede cambiar las costumbres del adulto si desde la niñez han estado mal orientadas. Es muy difícil cambiar después. De ahí la importancia de aprender, desde la familia, a crear un ambiente humano y de respeto. La educación o nace en los primeros años o se corre el peligro de entorpecer el crecimiento de lo que es más sagrado que es la persona humana.

Ante los constantes “bombardeos” del hedonismo reinante, que identifica el bien con el placer, y especialmente con el placer sensorial, pasional e inmediato, dudamos seriamente de que este modo de vivir produzca buenos frutos, al contrario, está produciendo frutos amargos. Hemos de ser serios y saber discernir la etiología, las causas que producen tales efectos, del sistema relacional y educacional de nuestra época. Pero si además nos movemos con una mentalidad materialista, es decir, que lo material sea la única realidad puesto que la espiritual no tiene ningún valor, estamos ante ciertos peligros que llevan a unas actitudes perniciosas y nocivas, con actos violentos y macabros como es el maltrato.

Es conveniente ponerse en la vía de un cambio mental e interior en la persona humana y esto requiere afrontar la vida desde la experiencia más íntima que existe en el ser humano: la trascendencia y la experiencia de fe en Jesucristo. El “sólo Dios basta” que proclamaba nuestra Santa Teresa y “quien a Dios tiene, nada le falta” es la única manera de persuadir a nuestros instintos más rastreros para que, dominados, puedan ser vencidos por la sensatez, por el sentido común y por la virtud de la caridad. Personas que sepan dar respuesta a sus vidas desde lo más genuino que existe en su vida interior como es la fuerza del amor que es la fuerza de Dios, serán personas  que harán grandes obras.

Hay formas de injusticia particularmente graves: “La violencia y el maltrato a las mujeres, la violencia de la prostitución forzada y de la pornografía infantil, así como de la explotación laboral de los menores en condiciones de verdadera esclavitud” (Beato Juan Pablo II), requieren iniciativas concretas y medidas legales apropiadas para castigar tales aberraciones, pero no olvidemos que al mal se le vence a fuerza de bien y este se construye día a día. Para conseguir tal objetivo se requiere mayor humildad y fiarnos del mensaje del evangelio que la Iglesia nos propone permanentemente, sin olvidar la participación asidua a los Sacramentos.

+Mons. Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona-Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).