El próximo domingo es el Domund

¿Es generoso el pueblo español con las misiones? La respuesta es que no sólo es generoso sino muy generoso, tanto por el número de personas que ha enviado a todos los continentes como por la ayuda económica que aporta. Burgos, lejos de desmentir esta realidad, sube muchos puntos en la media nacional. Baste pensar que, en este momento, es la segunda diócesis de España en el número de misioneros que tiene repartidos por todo el mundo, siendo superada únicamente por la de Pamplona-Tudela y superando ella a diócesis tan importantes como Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla.

Respecto a la aportación económica, los españoles también siguen siendo muy generosos. El año pasado, por ejemplo, se enviaron a los que llamamos “países de misión” más de noventa y un millones de euros, a pesar de la fuerte crisis económica. África es el continente que más ayuda recibe, tanto en misioneros y misioneras como en ayuda económica. De hecho se lleva el sesenta por ciento. Le sigue Asia, con casi el treinta por ciento. El resto se reparte casi por igual entre América del Centro y del Sur, Europa y Oceanía.

Quizás alguno se pregunte en qué emplean su tiempo los misioneros y en qué cosas emplean los misioneros la ayuda que reciben. El tiempo y esfuerzo de los misioneros y misioneras cubre un abanico muy amplio. Ante todo, y sobre todo, al anuncio directo del Evangelio, que es –en palabras de Benedicto XVI- “el servicio más valioso que la Iglesia puede prestar a la humanidad y a toda persona que busca las razones profundas para vivir en plenitud su existencia”.

Junto a ese anuncio expreso y directo del Evangelio, los misioneros y misioneras se dedican a la educación a todos los niveles: primaria, media y universitaria. Están muy cerca de quienes sufren las guerras y catástrofes naturales, como terremotos o lluvias torrenciales. Comparten la pobreza con los demás en grado tan heroico, como José García, del Instituto Español de Misiones Extranjeras en Zimbabwe. Según su propio testimonio “tengo 81 años, de los cuales he pasado 46 en Zimbabwe y 8 con un cáncer a cuestas, por fortuna ya operado y sin metástasis. Sigo ayudando a mis pobres mandando dinero y ropa y lo que sea”.

Los misioneros y misioneras pueden realizar una labor tan grande, gracias a su entrega incondicional y a que la ayuda que recogen las Obras Misionales Pontificias llega hasta ellos en un noventa por ciento. Sólo se dedica a gastos de personal y administración un diez por ciento. Bastaría comparar este dato con el de otras muchas asociaciones para percatarse de la gran diferencia.

Sin embargo, las necesidades son ingentes. Como dice el Mensaje del Papa para la Jornada Mundial de las Misiones (DOMUND) –que celebramos el próximo domingo, 23 de octubre-, “después de dos mil años, aun hay pueblos que no conocen a Cristo y no han escuchado su mensaje de salvación”. Más aún, “es cada vez mayor la multitud de aquellos que, habiendo recibido el anuncio del Evangelio, lo han olvidado y abandonado, y no se reconocen ya en la Iglesia”.

Si a esto añadimos que está en marcha un cambio cultural, que lleva a un estilo de vida que prescinde del evangelio, se comprende que el campo de las misiones se ha hecho tan universal, que se entiende desde nuestras propias familias hasta las islas más remotas del Pacífico. Por eso, es urgente e improrrogable que los cristianos –cada uno de nosotros- no sólo seamos generosos a la hora de compartir los bienes, sino que nos impliquemos a fondo en el anuncio directo del Evangelio. Hoy, quizás más que nunca, se percibe con claridad que la Iglesia es esencialmente misionera y que cada uno de sus miembros es misionero, aunque no lleve ese nombre.   

+Mons. Francisco Gil Hellín

 Arzobispo de Burgos

Mons. Francisco Gil Hellín
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Mons. D. Francisco Gil Hellín nace en La Ñora, Murcia, el 2 de julio de 1940. Realizó sus Estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Diocesano de Murcia entre 1957-1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma entre 1966-1968. Además, estudió Teología Moral en la Pontificia Academia S. Alfonso de Roma entre los años 1969-1970. Es Doctor en Teológía por la Universidad de Navarra en 1975.CARGOS PASTORALESEjerció de Canónigo Penitenciario en Albacete entre 1972-1975 y en Valencia de 1975-1988. Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede de 1985 a 1996.Fue Vicedirector del Instituto de Totana, Murcia entre 1964-1966 y profesor de Teología en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia (1975-1985). También en el Istituto Juan PAblo II para EStudios sobre el Matrimonio y Familia (Roma, 1985-1997) y en el Pontificio Ateneo de la Santa Cruz en Roma (1986-1997).Juan Pablo II le nombraría despues Secretario del Dicasterio de 1996 a 2002.Fue nombrado Arzobispo de la Archidiócesis de Burgos el 28 de marzo de 2002, dejando su cargo en la Santa Sede, y llamado a ser miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia desde entonces.El papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Burgos el 30 de octubre de 2015, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 28 de noviembre de 2015.OTROS DATOS DE INTERÉSEn la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida desde el año 2002. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Burgos desde 2011 hasta 2015. Además fue miembro de la Comisión Episcopal del Clero de 2002 a 2005.