Invitados a una fiesta. ¿Rehusamos o aceptamos?

Dios nos invita hoy a su fiesta. El Evangalio del presente domingo nos comenta aquello que Dios nos ha preparado,  y lo hace por medio de unes imágenes fáciles de entender: participar en una fiesta, que se asemeja a una gran fiesta de una boda.

En el mundo de la Biblia, la fiesta de una boda  es una gran celebración, desborda alegría, cordialidad, abundancia, y se trata de una fiesta para todos, una fiesta compartida.

Jesús compara aquello que Dios quiere para nosotros, su reino, con una gran fiesta de una boda. Se trata también de una casamiento, una alianza, es la relación íntima de Dios con su pueblo y con nosotros..

La invitación que Dios nos hace es para participar en una fiesta ahora y después ya para siempre.

Hoy acentuamos el sentido festivo de la vida cristiana.

Con frecuencia hemos acentuado el sentido de  la vida cristiana respecto de la exigencia, con un tono serio que unimos a un compromiso,  a un sacrificio, a una fortaleza ante el dolor. Pero no debemos olvidar ni silenciar el sentido de fiesta en nuestra vida cristiana.

Con solo mirarnos nos damos cuenta que con frecuencia no parecemos precisamente gentes invitadas a participar en una fiesta. Cuando hoy día son muchos los que los que buscan la felicidad y el gozo, no se fijan en nuestras comunidades cristianas.

Permitidme pues, comentar dos asignaturas pendientes.

La primera es mostrar que nuestra vida cristiana es gozar de Dios, del Dios que es fuente de alegría y salvación de todos nosotros. Así aprenderemos a saborear la vida con sencillez. La felicidad no está fuera de nosotros, está dentro de nosotros. Pero debemos añadir que, gozar  de Dios y de su fiesta, no nos permite desentendernos del sufrimiento, antes al contrario, dado que queremos este gozo para todos, y porque precisamente dicho gozo hay que vivirlo  desde les ambigüedades de la existencia, afrontando el mal y luchando contra él.

La segunda asignatura pendiente, es mostrar que la Iglesia, las parroquias, vivimos, celebramos y ofrecemos el evangelio del gozo y la felicidad. La parroquia, la comunidad cristiana, es la casa de los creyentes, desde donde servimos a Dios y al prójimo con alegría. Y me permito insistir en esta última actitud: “con alegría”.

 Las respuestas de los invitados. Nuestras respuestas.

La segunda parte del evangelio se refiere a la aceptación o rechazo a participar en la fiesta. Los dirigentes del pueblo judío y otros también, rehusaron la invitación. Pero, nosotros también invitados a la fiesta, hemos de pensar en el rechazo que hoy se sigue dando. Tal vez sea yo mismo unos de estos que rechazan del todo o en parte, dicha invitación.

Posibles respuestas a la invitación de Dios, sugeridas por el propio Jesús:

–         Menosprecio: “no querían acudir”, no les interesaba.

–         Indiferencia, porque tenían otras ocupaciones, “uno se fue a su campo, otro a sus negocios…”. Hoy podemos dar la misma respuesta: tengo trabajo, mis negocios son mi objetivo prioritario, no tengo tiempo para otra cosa.

–         Persecución: “cogieron a los enviados, los maltrataron y mataron”.

La respuesta más repetida es la indiferencia. Ya tenemos suficientes distracciones, muchas cosas por hacer, ciertas cosas ya nos proporcionan felicidad, estamos atrapados por las actividades diarias. Todo ello provoca que la invitación de Dios no parezca interesante para la vida.

Paciente lector del Full, pregúntate cual es tu verdadera respuesta a la invitación de Dios la que te obliga y compromete, pero la que también puede dar sentido a la más profunda fiesta de tu vida.

La parábola concluye comentando cual es el vestido más adecuado para participar en la fiesta. ¿Qué significa esta imagen del vestido para la fiesta? Pienso que acentúa la vida cristiana como gracia, como don de Dios. Es decir, la actitud más necesaria y fundamental: dejarse amar y salvar por Dios y amarle a Él y al prójimo.

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 356 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña.Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany.El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.