Hoy, fiestas de las familias en Maristas

La vida discurre con frecuencia en medio de acontecimientos rutinarios, que van llenando, de forma casi mecánica, las horas y los días. Sin embargo, hay acontecimientos, buscados expresamente o simplemente inesperados, que son capaces de romper esa rutina y crear espacios para la celebración y la fiesta. Tales momentos son especialmente significativos, no tanto porque sean muy distintos de los de cada día, sino porque se viven de una manera muy diferente.

Esta realidad ayuda a descubrir la importancia que tiene detenerse y gozar más intensamente de la vida y sus situaciones. Ahí es donde hunden sus raíces más profundas la celebración y la fiesta. La fiesta es un tiempo que dedicamos a celebrar un acontecimiento que permite romper la rutina, experimentar la profundidad de la vida, sentirla como un regalo y descubrir que vale la pena vivirla. La fiesta ayuda a romper la soledad del individualismo y lleva a compartir la alegría en un clima de libertad, espontaneidad y gratuidad. Por eso, la fiesta exige ser compartida por otros, vivirla juntos.

Esto vale también para la fe. Este verano hemos tenido la oportunidad de comprobarlo, con especial claridad e intensidad, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. Al compartir nuestra fe con gente joven de otros países, culturas y ambientes hemos experimentado una especial alegría, nos hemos sentido más a gusto, hemos apreciado el valor de la relación, en una palabra: la vida nos ha parecido más bonita. En esa celebración hemos habilitado espacios más abiertos, hemos puesto gestos más auténticos y hemos creado unas actitudes más verdaderas que nos han llevado a dar vitalidad a una fe un tanto cerebral e individual. De alguna forma, hemos redescubierto con más intensidad que el hombre es un ser relacional. Diría más, hemos visto con especial fuerza que si la fe no se pone en circulación y circularidad termina siendo cansina y mortecina.

En la vida de las personas creamos espacios festivos y celebrativos tomando pie de mil realidades: el cumpleaños,  la despedida de soltero, el fin de carrera, el reencuentro con un ser querido y tantos acontecimientos que van alegrando y enriqueciendo el diario vivir.  Como en la vida de las personas, también hay momentos significativos en las familias, en los grupos, en las comunidades, en la historia de los pueblos. Todos ellos necesitan contarse sus alegrías y sus gozos, sus valores y dificultades. Pero contárselas no sólo con palabras sino con gestos, con cantos, con risas, hasta con carcajadas.

En un mundo tan individualista y materialista como el nuestro, que las familias se reúnan para celebrar su propia vida de familia, para poner en común experiencias, para disfrutar de la presencia de los otros, para compartir proyectos y preocupaciones o para escuchar soluciones a problemas como los nuestros, tiene un valor añadido. Esto es, precisamente, lo que queremos hacer esta tarde en el Polideportivo de los Maristas, de la Barriada Illera.

Allí acudirán niños y jóvenes, personas casadas y con  hijos, viudas y solteros, gente que pertenece a alguna asociación de la Iglesia o que no pertenece a ninguna, matrimonios con los problemas que da la vida actual respecto a la pareja y a los hijos, matrimonios con dificultades laborales y matrimonios que disfrutan de una jubilación desahogada. Lo que a todos nos unirá es ser familia y tener una alta estima de lo que esta institución aporta y aportará a la sociedad. Nos une también el hecho de que todos aceptamos el único proyecto de familia que Dios ha querido. Y una misma y única fe en Jesucristo.

Con estos ingredientes y el deseo de compartir y disfrutar de la vida, la fiesta de esta tarde será estupenda. Todos, pues, estamos invitados.   

+ Mons. Francisco Gil Hellín, Arzobispo de Burgos

Mons. Francisco Gil Hellín
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Mons. D. Francisco Gil Hellín nace en La Ñora, Murcia, el 2 de julio de 1940. Realizó sus Estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Diocesano de Murcia entre 1957-1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma entre 1966-1968. Además, estudió Teología Moral en la Pontificia Academia S. Alfonso de Roma entre los años 1969-1970. Es Doctor en Teológía por la Universidad de Navarra en 1975.CARGOS PASTORALESEjerció de Canónigo Penitenciario en Albacete entre 1972-1975 y en Valencia de 1975-1988. Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede de 1985 a 1996.Fue Vicedirector del Instituto de Totana, Murcia entre 1964-1966 y profesor de Teología en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia (1975-1985). También en el Istituto Juan PAblo II para EStudios sobre el Matrimonio y Familia (Roma, 1985-1997) y en el Pontificio Ateneo de la Santa Cruz en Roma (1986-1997).Juan Pablo II le nombraría despues Secretario del Dicasterio de 1996 a 2002.Fue nombrado Arzobispo de la Archidiócesis de Burgos el 28 de marzo de 2002, dejando su cargo en la Santa Sede, y llamado a ser miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia desde entonces.El papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Burgos el 30 de octubre de 2015, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 28 de noviembre de 2015.OTROS DATOS DE INTERÉSEn la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida desde el año 2002. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Burgos desde 2011 hasta 2015. Además fue miembro de la Comisión Episcopal del Clero de 2002 a 2005.