Errores teológicos

Seguimos con las tretas del Diablo pretendiendo engañarnos con algunos errores teológicos que están de moda hoy en día. No reconocer la autoridad de la Iglesia. Si no creemos que Cristo haya confiado a los apóstoles y a los obispos, sus sucesores, y al Papa, la posibilidad de guiarnos hacia la Verdad plena no sé cómo podemos llegar a creer, sin dudar, de los misterios que Cristo nos ha revelado y que la Iglesia nos enseña. Si dudamos de la autoridad de la Iglesia no sé por qué debemos arrodillarnos ante el Santísimo Sacramento o creer en el cielo y en el infierno, en la concepción virginal de Cristo, en el valor de la confesión… Si no reconocemos la autoridad de la Iglesia, nuestra fe empieza a tambalearse y nos quedamos sin la luz interior que guía nuestros pasos. La fe se convierte, entonces, en una ideología. Y eso es precisamente lo que busca el Diablo, que perdamos la fuerza de la fe, la valentía de confesarla en medio del mundo.
Creer que para ser cristianos hay ponerlo todo en duda. El Diablo pretende meter en nuestras cabezas que el cristiano no debe ser alguien que cree firmemente las verdades de la fe ya que eso es signo de fundamentalismo.

Nos insinúa que ser cristiano hoy es estar abierto a otras maneras de ver las cosas, a adaptarse al mundo contemporáneo, a valorar y aceptar las verdades que hay en otras religiones y en otros grupos sociales. Sí, es cierto que hay que estar abierto y con actitud dialogante pues así nos lo enseña Cristo y nos lo recuerda el Concilio Vaticano II, pero en ese diálogo con otras religiones y con otros grupos sociales nunca debemos poner en duda las verdades fundamentales que Dios nos ha revelado y que nos enseña la Iglesia. El verdadero discípulo de Cristo trata de ser fiel a las enseñanzas de Dios, a su voluntad, y a seguir con humildad lo que nuestra santa madre Iglesia nos enseña y que está contenido en le Catecismo de la Iglesia Católica. Eso no es fundamentalismo, eso es fidelidad de amor a Cristo que dejó dicho: quien a vosotros escucha, a mi me escucha. Eso no quiere decir que no tengamos, a veces dudas. Santa Teresita del Niño Jesús, al final de su vida, y ante los dolores de su enfermedad, sintió la tentación de dudar de la existencia de Dios, pero no sucumbió, sino que multiplicó sus actos de fe. Sí, queridos lectores de Pueblo de Dios, el Diablo es muy hábil para impedir que progresemos en la santidad y en este terreno juega con mucha soltura. 
Creer que con amar al prójimo basta. Si en épocas pasadas se difundía un amor a Dios sin pensar para nada en el prójimo, hoy en día encontramos quienes piensan y tratan de difundir que con sólo amar al prójimo basta y que es eso lo que el Señor quiere. No podemos olvidar lo que dijo el Señor: “El primero y principal mandamiento es: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu ser. Ése es el principal mandamiento. El segundo es semejante a este: amarás al prójimo como a ti mismo”. No podemos descuidar amar al Señor por sí mismo ya que Dios nos ha creado “para alabar, bendecir y reverenciar su nombre”. Dios es amable en sí mismo y quiere que le amemos por sí mismo, pero la prueba de que nuestro amor a Dios es auténtico y no falso es que amamos a los hermanos. Por eso dirá bellamente san Ireneo de Lyón que “la gloria de Dios es que el hombre viva”. 

Estemos atentos y no nos dejemos engañar con esas diabólicas sutilizas.

Con mi afecto y bendición,

+ Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire.El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño.Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.