Criterios para una programación misionera


Como sé que en la diócesis y en muchas parroquias se hacen proyectos para el próximo año pastoral, quiero recordar a todos que estamos en nueva evangelización y, por eso, quiero responder también en este escrito a una pregunta que todos deberíamos de hacernos hoy: ¿A la hora de encontrar objetivos y de programar acciones qué puedo y qué debo hacer y cómo ha de ser una pastoral que sea hoy intencionalmente misionera? Por si los consideráis válidos, os ofrezco unos criterios que le den a nuestra pastoral el sello de la nueva evangelización y que se inspiran en los lineamenta que preparan el próximo Sínodo de los Obispos.

1. Se ha de programar teniendo en cuenta que lo que hemos de hacer no es una simple repetición de lo que ya hemos hecho, sino que hay que tener también el coraje de atreverse a transitar por nuevos senderos; por tanto, se ha de hacer un serio discernimiento de los pasos ya dados y de las dificultades encontradas para, desde ahí, hacer un esfuerzo de renovación, en el que, si fuera preciso, se han de cuestionar prácticas ya realizadas, pero que, de momento, se han mostrado poco útiles. Por eso, no se trata tanto de hacer cosas nuevas sino de hacerlas de un modo nuevo.

2. Al programar, se ha de tomar conciencia clara de que todo lo que nos propongamos hacer ha de estar claramente asentado en la convicción de que la evangelización es la identidad y la razón de ser de la Iglesia y por tanto su misión fundamental. Una misión que tiene su origen e impulso permanente en Pentecostés. De ahí que siempre hay que interrogarse sobre el sentido de anuncio y transmisión de la fe que estamos haciendo.

3. Las comunidades que programan han de hacerlo convencidas de que su misión tiene su origen en el gozo de su fe en Jesucristo y de que evangelizan para compartir la fe que han recibido como un don. En efecto, las comunidades cristianas trasmiten lo que creen y lo que viven; por eso, entre los objetivos de la programación ha de estar siempre la escucha de la Palabra del Señor, que las evangeliza y les ayuda a conservar el frescor, el impulso y la fuerza para el anuncio del Evangelio.

4. Todo programa pastoral ha de tener siempre presente que Jesucristo está en el corazón de la misión y que ésta ha de partir de una fe que es cada día un acontecimiento, una Persona viva. Por eso, tanto en la escucha como en la transmisión de la fe, el primer anuncio o kerygma ha de tener siempre la primacía. De hecho, transmitir la fe es crear las condiciones para que se produzca un encuentro personal con Jesucristo, que lleve a una relación con él en la oración y en la caridad, a la memoria del Señor en la Eucaristía y a la formación en el hombre de la mentalidad de Cristo.

5. Las comunidades que evangelizan se han de reconocer constituidas por testigos del Evangelio, que se renuevan cada día espiritualmente en la fe en Jesucristo y en él encuentran el coraje, la entrega, la audacia y la razón que se necesita para la misión.

6. El que programa ha de ser consciente de que la evangelización ha de configurar a los que se pongan a su servicio; pues el anuncio del Evangelio le da un nuevo rostro a las comunidades, a las acciones que realicen y sobre todo le da unidad y coherencia a su vida de fe, que ha de tener estos ingredientes: caridad, testimonio, anuncio, celebración, escucha y coparticipación.

7. La programación ha de hacerse desde la convicción de que en la acción pastoral se ha proyectar una Iglesia con un rostro “doméstico popular”; es decir, que esté junto a las personas y, por tanto, que sea capaz de entrar por las puertas de las cosas de sus hijos y de sus hijas para acompañarlas, una a una, y orientarlas a la fe y de ese modo ir poco a poco haciendo de nuevo el tejido de las mismas comunidades cristianas y, por supuesto, el tejido cristiano de la sociedad.

8. Es necesario, por tanto, identificar en la programación los desafíos que presenta la actual situación para la misión de la Iglesia, para lo que se ha de hacer un exhaustivo y profundo discernimiento del momento presente, en el que se han de encontrar cuáles son los posibles escenarios de lo que hemos de hacer y cuáles son los sectores y ambientes que son más ajenos a la fe o porque no la han encontrado nunca o porque se han alejado de ella. En cualquier caso, siempre se ha de procurar estar muy cerca a la vida y de los problemas de las personas, para llevarles la fuerza profética y transformadora del mensaje evangélico.

9. Se ha de programar con la intención de atravesar los confines y ampliar los horizontes en los que exponer la cuestión de Dios donde sea necesario, aceptando, por supuesto, el reto de la dificultad o del rechazo. Y siempre sabiendo que hay que penetrar en los ambientes concretos y que hay que hablar con un lenguaje que sea inteligible y significativo. Por eso es esencial caminar en la evangelización con fidelidad a Dios y fidelidad al hombre.

10. La acción pastoral ha de crear las condiciones para una fe pensada, celebrada, vivida, rezada. Es decir, ha de crear en las comunidades una estructura de transmisión integral, hecha sobre todo con la Sagrada Escritura y con la Tradición viva de la Iglesia, bajo la acción del Espíritu Santo.

11. Todo ha de hacerse con un estilo en el anuncio que lleve a cada cristiano, según la propia vocación, a dar razón de su fe con alegría y fervor, confianza y libertad. Todo ha de hacerse de modo que consuele, pero que también interpele y llame a la conversión y, especialmente, que haga accesible el encuentro con Jesucristo, razón de ser del anuncio.

12. La programación tiene como orientación la transmisión de la fe y, por tanto, se ha de cuidar especialmente el primer anuncio y la iniciación cristiana, siempre acompañada por una profunda acción educativa, en la que se ofrezca la luz de la verdad a las nuevas generaciones.

De cualquier modo, toda programación pastoral en clave misionera ha de tener siempre los que son elementos imprescindibles de la evangelización con la que la Iglesia anuncia y difunde el Evangelio por todo el mundo, y que el Directorio General para la catequesis (48), resumen de este modo: La evangelización “impulsada por la caridad, impregna y transforma todo el orden temporal, asumiendo y renovando las culturas; da testimonio entre los pueblos de la nueva manera de ser y de vivir que caracteriza a los cristianos; y proclama explícitamente el Evangelio, mediante el «primer anuncio », llamando a la conversión; inicia en la fe y vida cristiana, mediante la « catequesis » y los «sacramentos de iniciación », a los que se convierten a Jesucristo, o a los que reemprenden el camino de su seguimiento, incorporando a unos y reconduciendo a otros a la comunidad cristiana; alimenta constantemente el don de la comunión en los fieles mediante la educación permanente de la fe (homilía, otras formas del ministerio de la Palabra), los sacramentos y el ejercicio de la caridad; y suscita continuamente la misión, (122) al enviar a todos los discípulos de Cristo a anunciar el Evangelio, con palabras y obras, por todo el mundo”.

Espero que os sea útil.

+ Amadeo Rodríguez Magro

Obispo de Plasencia

Mons. Amadeo Rodríguez
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Mons. Amadeo Rodríguez Magro nació el 12 de marzo de 1946 en San Jorge de Alor (Badajoz). Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Badajoz, del que luego sería formador.Recibió la ordenación sacerdotal el 14 de junio de 1970.Su primer destino pastoral fue de coadjutor de la parroquia emeritense de San Francisco de Sales (1970-1974), de la que posteriormente sería párroco (1977-1983).Tras obtener la licenciatura en Ciencias de la Educación (sección Catequética) en la Universidad Pontificia Salesiana de Roma (1983-1986), D. Amadeo fue nombrado por su Obispo, D. Antonio Montero, vicario episcopal de Evangelización y director de la Secretaría Diocesana de Catequesis (1986-1997), siendo también designado vicario territorial de Mérida, Albuquerque y Almendralejo; y finalmente vicario general (1996-2003). Fue además secretario general del Sínodo Pacense (1988-1992) y secretario de la conferencia de Obispos de la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz (1994-2003). En 1996 fue nombrado canónigo de la Catedral de Badajoz, cuyo cabildo presidió de 2002 a 2003.Realizó su labor docente como profesor en el Seminario, en el Centro Superior de Estudios Teológicos, en la escuela diocesana de Teología para Laicos (1986-2003) y de Doctrina Católica y su Pedagogía en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura (1987-2003). También formó parte del consejo asesor de la Subcomisión Episcopal de Catequesis de la Conferencia Episcopal Española.El 3 de julio de 2003 San Juan Pablo II le nombra obispo de Plasencia y recibe la ordenación episcopal en la Catedral de Plasencia el 31 de agosto de 2003.En la Conferencia Episcopal Española es el vicepresidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y presidente de la Subcomisión Episcopal de Catequesis desde 2014, de la que ya era miembro desde 2003. También ha formado parte de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias de 2005 a 2011.El 9 de abril de 2016 se hizo público su nombramiento como obispo de Jaén. Tomó posesión de su cargo el día 21 de mayo de 2016.