Turismo y acercamiento de las culturas. Mensaje de la Jornada Mundial del Turismo

El tema de este año, Turismo y acercamiento de las culturas, quiere subrayar la importancia
que los viajes tienen en el encuentro entre las diversas culturas del mundo, especialmente en estos
tiempos en los que más de novecientos millones de personas realizan desplazamientos
internacionales, favorecidos por los modernos medios de comunicación y el abaratamiento de los
costes.
De este modo, el turismo se nos presenta como “actividad que derriba las barreras que
separan a las culturas y fomenta la tolerancia, el respeto y la mutua comprensión. En nuestro
mundo, a menudo dividido, estos valores representan los cimientos de un futuro más pacífico”.1
Partiendo de un concepto amplio de cultura que abarca, además de la historia o del
patrimonio artístico y etnográfico, los estilos de vida, las relaciones, las creencias y los valores,
afirmamos no sólo la existencia de la diversidad cultural, sino que, en la línea del Magisterio de la
Iglesia, la valoramos como un hecho positivo. Por ello, “es necesario hacer que las personas no
sólo acepten la existencia de la cultura del otro – como afirma Benedicto XVI -, sino que también
deseen enriquecerse gracias a ella”,2 acogiendo lo que ésta tiene de bueno, de verdadero y de
bello.
Y para alcanzar este objetivo, el turismo nos brinda todas sus posibilidades. El Código Ético
Mundial para el Turismo afirma al respecto que “si se lleva a cabo con la apertura de espíritu
necesaria, es un factor insustituible de autoeducación, tolerancia mutua y aprendizaje de las
legítimas diferencias entre pueblos y culturas y de su diversidad”.3 Éste, por su misma naturaleza,
puede favorecer tanto el encuentro como el diálogo, ya que pone en contacto con otros lugares,
otras tradiciones, otras maneras de vivir, otras formas de ver el mundo y de concebir su historia. Por
todo ello, el turismo es ciertamente una ocasión privilegiada.
Pero para dialogar, la primera condición que se exige es la de saber escuchar, querer ser
interpelados por el otro, querer descubrir el mensaje que encierra cada monumento, cada
manifestación cultural, desde el respeto, sin prejuicios ni exclusiones, evitando lecturas
superficiales o sesgadas. Así, es tan importante el “saber acoger” como el “saber viajar”. Ello
implica que las actividades turísticas se deben organizar desde el respeto a las peculiaridades, leyes
y costumbres de los países receptores, por lo que los turistas deberán recabar información, desde
antes de su salida, sobre las características del lugar que van a visitar. Pero también las
comunidades receptoras y los agentes profesionales deberán conocer las formas de vida y las
expectativas de los turistas que los visitan.4
Partiendo del hecho de que toda cultura encierra en sí misma ciertos límites, el encuentro
con culturas diferentes permite un enriquecimiento de la propia realidad. En este sentido se
manifestaba el beato Juan Pablo II cuando afirmaba que “la ‘diferencia’, que algunos consideran
tan amenazadora, puede llegar a ser, mediante un diálogo respetuoso, la fuente de una
comprensión más profunda del misterio de la existencia humana”.5
Un objetivo de nuestra pastoral del turismo será ciertamente educar y preparar a los
cristianos de modo que ese encuentro de culturas que se puede producir en sus viajes no sea una
oportunidad perdida, sino que sirva ciertamente como un enriquecimiento personal, que le ayude a
conocer al otro, al tiempo que se conoce a sí mismo.
En este diálogo que se produce fruto del acercamiento de las culturas, la Iglesia tiene mucho
que aportar. “También en el campo cultural – señala Benedicto XVI – el cristianismo ha de ofrecer
a todos la fuerza de renovación y de elevación más poderosa, es decir, el amor de Dios que se hace
amor humano”.6 Es inmenso el patrimonio cultural, entendido en el sentido amplio al que
anteriormente hemos hecho referencia, que surge de la experiencia de fe, del encuentro entre la
cultura y el Evangelio, fruto de la profunda vivencia religiosa de la comunidad cristiana.
Ciertamente, estas obras de arte y de memoria histórica tienen un enorme potencial evangelizador,
en cuanto que se insertan en la via pulchritudinis, el camino de la belleza, que es “una senda
privilegiada y fascinante para acercarse al misterio de Dios”.7
Debe ser un objetivo prioritario de nuestra pastoral del turismo mostrar el verdadero
significado de todo este acervo cultural, nacido al calor de la fe y para gloria de Dios. En esta línea,
aún resuenan las palabras del beato Juan Pablo II dirigidas a los agentes de pastoral del turismo:
“Ayudando a los visitantes a remontarse hasta las fuentes de la fe que hizo surgir estos edificios,
contribuís a que formen la mirada – que es también un despertar del alma frente a las realidades
del espíritu -, a la vez que hacéis visible la Iglesia de piedras vivas que forman las comunidades
cristianas”.8 Es por ello importante que presentemos este patrimonio en su autenticidad,
mostrándolo en su verdadera naturaleza religiosa, insertándolo en el contexto litúrgico en el que
nació y para el que nació.
Porque somos conscientes de que la Iglesia “existe para evangelizar”,9 debemos
preguntarnos constantemente: ¿cómo acoger a las personas en los lugares sagrados de modo que
esto les ayude a conocer y amar más al Señor?, ¿cómo facilitar un encuentro entre Dios y cada una
de las personas que allí acuden? Hay que subrayar, en primer lugar, la importancia de una acogida
adecuada, “que tenga en cuenta lo específico de cada grupo y de cada persona, las expectativas de los corazones y sus auténticas necesidades espirituales”,10 y que se manifiesta en diversidad de
elementos: desde los sencillos detalles hasta la disponibilidad personal a la escucha, pasando por el
acompañamiento durante el tiempo que dure la presencia.
Al respecto, y con el objetivo de favorecer este diálogo intercultural y aprovechar nuestro
patrimonio cultural al servicio de la evangelización, es conveniente adoptar una serie de iniciativas
pastorales concretas. Todas ellas deben integrarse en un programa amplio de interpretación que,
junto a información de tipo histórico-cultural, muestre de forma clara y accesible el original y
profundo significado religioso de dichas manifestaciones culturales, usando para ello medios
actuales y atractivos, y aprovechando los recursos personales y tecnológicos que están a nuestra
disposición.
Entre dichas propuestas concretas se encuentra la elaboración de recorridos turísticos que
ofrezcan la visita a los lugares más importantes del patrimonio religioso-cultural de la diócesis.
Junto a ello se debe favorecer un amplio horario de apertura, al tiempo que disponer de una
estructura de acogida adecuada. En esta línea aparece importante la formación espiritual y cultural
de las guías turísticas, al tiempo que se puede valorar la posibilidad de crear organizaciones de
guías católicas. Y junto a ello, la elaboración de “publicaciones locales en forma de folletos
turísticos, de páginas web o de revistas especializadas en el patrimonio, con el intento pedagógico
de evidenciar el alma, la inspiración y el mensaje de las obras, y con un análisis científico dirigido
a la comprensión profunda de la obra”.11
No podemos conformarnos con concebir la visita turística como una simple preevangelización,
sino que debe servirnos de plataforma para realizar el anuncio claro y explícito de
Jesucristo.
Aprovecho la ocasión para anunciar oficialmente la celebración del VII Congreso Mundial
de Pastoral del Turismo, que tendrá lugar, D.m., en Cancún (México) la semana del 23 al 27 de
abril de 2012. Dicho evento, organizado por nuestro Pontificio Consejo en colaboración con la
Conferencia Episcopal Mexicana y la prelatura de Cancún-Chetumal, será ciertamente una
importante oportunidad para seguir profundizando en las propuestas concretas que la pastoral del
turismo requiere para los tiempos presentes.

Notas
1. TALEB RIFAI, Secretario General de la OMT, Mensaje del Día Mundial del Turismo de 2011.
2. BENEDICTO XVI, Mensaje con ocasión de una jornada de estudio sobre el diálogo entre culturas y religiones
organizada por el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso y por el Pontificio Consejo para la Cultura, 3 de
diciembre de 2008.
3. ORGANIZACIÓN MUNDIAL DEL TURISMO, Código Ético Mundial para el Turismo, 1 de octubre de 1999, art. 2 § 1.
4. Cfr. ORGANIZACIÓN MUNDIAL DEL TURISMO, Código Ético Mundial para el Turismo, 1 de octubre de 1999, art. 1.
5. JUAN PABLO II, Discurso a la L Asamblea General de las Naciones Unidas, 5 de octubre de 1995, n. 10.
6. BENEDICTO XVI, La apertura recíproca entre las culturas es un terreno privilegiado para el diálogo. Discurso al
Pontificio Consejo de la Cultura, 15 de junio de 2007.
7. BENEDICTO XVI, Audiencia general, 18 de noviembre de 2009.
8. JUAN PABLO II, Discurso a los participantes en el IV Congreso Mundial de pastoral del turismo, 17 de noviembre de
1990, n. 4.
9. PABLO VI, Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi sobre la evangelización en el mundo contemporáneo, 8 de
diciembre de 1975, n. 14.
10. PONTIFICIO CONSEJO PARA LA PASTORAL DE LOS EMIGRANTES E ITINERANTES, El Santuario. Memoria, presencia y
profecía del Dios vivo, 8 de mayo de 1999, n. 12.
11. PONTIFICIO CONSEJO DE LA CULTURA, Documento final de la asamblea plenaria “La Via pulchritudinis. Camino
privilegiado de evangelización y de diálogo”, 27-28 de marzo de 2006.

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