Benedicto XVI expresa la compasión de Cristo y de la Iglesia con quienes sufren

Durante su reflexión previa al Angelus de hoy, Benedicto XVI ha señalado, al hilo de la lectura del Evangelio del día, la realidad de pobreza, marginación y tristeza que se viven en nuestro tiempo. Realidades que no puede estar al margen de la Iglesia. Según ha recogido Radio Vaticano, si no cerramos los ojos, vemos hoy en el mundo “multitudes extenuadas en los países más pobres, probadas por la indigencia; y también en los países más ricos tantos hombres y mujeres insatisfechos, incluso enfermos de depresión”. A esta realidad se refirió hoy el Sucesor de Pedro y Vicario de Cristo, Benedicto XVI, en su reflexión previa al rezo del “Ángelus”. “Pensemos, además, en los numerosos evacuados y refugiados –dijo-, en cuantos emigran arriesgando su propia vida. La mirada de Cristo se posa sobre toda esta gente, es más, sobre cada uno de estos hijos del Padre que está en los cielos, y repite: “Vengan a mí todos y yo les daré descanso”.

Como refieren los testigos en el Evangelio, Jesús sentía compasión de la gente porque los veía cansados y agotados, “esa mirada de Jesús –dijo el Papa- parece extenderse hasta hoy, hasta nuestro mundo. También hoy se posa sobre tanta gente oprimida por condiciones de vida difíciles, pero también desprovista de válidos puntos de referencia para encontrar un sentido y una meta a la existencia”.

Jesús promete a todos alivio, pero con la condición de que asumamos sobre nosotros la suave carga de su mandamiento de amor. “El verdadero remedio para las heridas de la humanidad, tanto materiales, como el hambre y las injusticias; cuanto psicológicas y morales, causadas por un falso bienestar, es una regla de vida basada en el amor fraterno, que tiene su fuente en el amor de Dios. Por esto es necesario abandonar el camino de la arrogancia, de la violencia utilizada para procurarse posiciones cada vez de mayor poder, para asegurarse el éxito a toda costa –dijo el Papa”.

Texto completo Ángelus 03 julio 2011

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy, en el Evangelio, el Señor Jesús nos repite aquellas palabras que conocemos tan bien, pero que siempre nos conmueven: “Vengan a mí todos los que están fatigados y sobrecargados, y yo les daré descanso. Tomen sobre ustedes mi yugo, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallarán descanso para sus almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mt 11, 28-30). Cuando Jesús recorría las calles de Galilea anunciando el Reino de Dios, y sanando a muchos enfermos, sentía compasión de la muchedumbre, porque estaban cansados y abatidos, como ovejas sin pastor” (Cf. Mt 9, 35-36).

Esa mirada de Jesús parece extenderse hasta hoy, hasta nuestro mundo. También hoy se posa sobre tanta gente oprimida por condiciones de vida difíciles, pero también desprovista de válidos puntos de referencia para encontrar un sentido y una meta a la existencia. Multitudes extenuadas que se encuentran en los países más pobres, probadas por la indigencia; y también en los países más ricos son tantos los hombres y las mujeres insatisfechos, incluso enfermos de depresión. Pensemos, además, en los numerosos evacuados y refugiados, en cuantos emigran arriesgando su propia vida. La mirada de Cristo se posa sobre toda esta gente, es más, sobre cada uno de estos hijos del Padre que está en los cielos, y repite: “Vengan a mí todos (…)”.
Jesús promete que dará a todos “descanso”, pero pone una condición: “Tomen sobre ustedes mi yugo, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón”. ¿Qué es este “yugo”, que en lugar de pesar aligera, y en lugar de aplastar levanta?

El “yugo” de Cristo es la ley del amor, es su mandamiento, que ha dejado a sus discípulos (Cf. Jn 13, 34; 15,12). El verdadero remedio para las heridas de la humanidad, tanto materiales, como el hambre y las injusticias; cuanto psicológicas y morales, causadas por un falso bienestar, es una regla de vida basada en el amor fraterno, que tiene su fuente en el amor de Dios. Por esto es necesario abandonar el camino de la arrogancia, de la violencia utilizada para procurarse posiciones cada vez de mayor poder, para asegurarse el éxito a toda costa. También hacia el ambiente es necesario renunciar al estilo agresivo que ha dominado en los últimos siglos y adoptar una razonable “mansedumbre”. Pero sobre todo en las relaciones humanas, interpersonales, sociales, la regla del respeto y de la no violencia, es decir, la fuerza de la verdad contra todo atropello, es la que puede asegurar un futuro digno del hombre.
Queridos amigos, ayer hemos celebrado una particular memoria litúrgica de María Santísima alabando a Dios por su Corazón Inmaculado. Que la Virgen nos ayude a “aprender” de Jesús la humildad verdadera, a tomar con decisión su yugo ligero, para experimentar la paz interior y llegar a ser capaces, a nuestra vez, de consolar a otros hermanos y hermanas que recorren con fatiga el camino de la vida.

Saludos en lengua española:
Saludo con afecto a los grupos de lengua española que participan en esta oración mariana, en particular a los profesores y alumnos del Colegio Internacional Europa, de Sevilla. “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados”, nos dice hoy Cristo en el Evangelio. Que esta palabra resuene con claridad en el corazón de todos, de modo que, presentando al Señor nuestros afanes y sufrimientos, encontremos en Él la fuerza para afrontar la vida con alegría y serenidad de espíritu, siendo testigos de su amor y fuente de esperanza para los necesitados. Gracias por vuestra presencia y vuestras oraciones. Feliz domingo.

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