Un amor procesionado

Queridos hermanos y amigos: paz y bien.

No fue por los modernos sistemas de comunicación rápida como sms, correos electrónicos, burofax o las redes sociales más frecuentadas. No fue tampoco a través de los sistemas antiguos de paloma mensajera, o de mensajeros sin más. Y sin embargo, Dios mismo quiso decirnos todo lo que quería comunicarnos de tantos modos. La carta a los Hebreos comienza precisamente así: “de muchos modos habló Dios…”, y pasa a relatar cómo ha habido mensajes suyos que fielmente iban trayendo los mensajeros de turno. Pero llegó un momento en el que Él decidió que mensaje y mensajero coincidiesen, y fue el mismo Dios quien quiso hablarnos de Dios.
Jesucristo es el Hijo de Dios, que sin dejar su condición divina no se disfrazó tampoco de una ropería humana. Verdadero Dios y verdadero hombre, para que el hombre tuviera un acceso cordial a la entraña de Dios.
Cada generación se ha preguntado sobre el porqué de semejante lance. ¿Será que Dios se hizo débil y de pronto sintió la necesidad de aliarse con el hombre? ¿Será que Dios envejeció de repente y le entraron morriñas de anciano? ¿Será que el hombre, quizás, forzó el encuentro por alguna razón? Ninguna de esas razones explican lo sucedido. Lo único que cabe, lo único que aconteció, es que el Dios Todopoderoso quiso acercarse por amor al hombre todomenesteroso. Es la omnipotencia del amor y no la prepotencia de la soberbia.
Cuando celebramos la festividad del Corpus Christi precisamente al domingo siguiente de haber celebrado la Santísima Trinidad, viene a ser como una catequesis litúrgica: de ese Dios Uno y Trino, al Hijo que nos lo ha contado todo hasta entregársenos completamente dándonos su vida, su palabra, su cuerpo resucitado. La Santa Eucaristía es el sacramento del amor entregado: no os dejaré solos, estaré con vosotros todos los días, nos dijo al despedirse de nosotros, mientras nos decía el “tomad y comed mi Cuerpo”. Y esta presencia que se hace compañía, se hace alimento, es la que celebramos mirando el Cuerpo de Cristo que por nosotros nació de María Virgen, por nosotros aprendió a ser humano, por nosotros se entregó a la muerte de cruz, y por nosotros resucitó su muerte y la nuestra.
Paseamos al Señor por nuestras calles y plazas, tras haber celebrado esa Presencia eucarística en la Santa Misa. Él camina por donde andan nuestros pasos, en las encrucijadas de nuestros encuentros y nuestros desencuentros, allí por donde deambulan nuestras penas y llantos y nuestras esperanzas y sonrisas. Pero ese Dios que pasea su vida por donde camina la nuestra, quiere que salgamos al encuentro de los hermanos y hermanas que pone a nuestro lado, y que repitamos con ellos su mismo divino gesto solidario: Eucaristía y Caridad se abrazan en una misma fiesta, como si fuera la misma medalla, la idéntica moneda, con sus dos caras tan inseparables como inconfundibles. Amar a Dios y los que Dios ama. Amar al hombre reconociendo en él a quien Dios amó entregándose del todo.
Corpus Christi, compromiso de Dios que pasea nuestras vidas e historias, que acompaña nuestras soledades y nos abraza con una entraña sólo digna y sólo propia del Señor. Dios es Amor. Como dice Benedicto XVI, “todo proviene de la caridad de Dios, todo adquiere forma por ella, y a ella tiende todo. La caridad es el don más grande que Dios ha dado a los hombres, es su promesa y nuestra esperanza” (Caritas in veritate,2). Es la fiesta del amor de Dios que se hace fraterna caridad, asombro ante el Corazón de Dios y abrazo a los hermanos.
Recibid mi afecto y mi bendición.

+ Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

Mons. Jesús Sanz
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Mons. Jesús Sanz Montes nació en Madrid el 18 de enero de 1955. Ingresa en el Seminario Conciliar de Toledo en 1975 donde realiza los estudios institucionales teológicos (1975-1981). En 1981 ingresa en la Orden Franciscana, haciendo su profesión solemne el 14 de septiembre de 1985 en Toledo. Es ordenado sacerdote el 20 de septiembre de 1986 en Alcorcón (Madrid). El 14 de diciembre de 2003 es ordenado obispo en la Catedral de Huesca. En la actualidad es Arzobispo de Oviedo y Presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada de la Conferencia Episcopal Española.