Benendicto XVI rememora su visita a Croacia y señala que “cada vez que el Sucesor de Pedro realiza un viaje apostólico, todo el cuerpo eclesial participa de alguna manera en él”

Este miércoles Benedicto XVI celebró en la Plaza de San Pedro la Audiencia general. Su catequesis de esta mañana la dedicó a su reciente viaje apostólico a Croacia. Un viaje que como él definió breve, y sin embargo rico de encuentros y sobre todo de un intenso espíritu de fe, considerando que los croatas son un pueblo profundamente católico, según ha informado Radio Vaticano.

Con el lema “Juntos en Cristo” y en la jornada nacional de las Familias croatas, el Papa hizo un llamamiento a las autoridades europeas a promover y defender a la familia. Como dijo el Santo Padre, vivida en el contexto de la novena de Pentecostés, el clima espiritual parecía a un gran cenáculo, con las familias invocando juntas el don del Espíritu Santo. Este lema, les dijo el Papa, expresa sobretodo la experiencia de encontrarse todos unidos en el nombre de Cristo, la experiencia de ser Iglesia, manifestada en el encuentro del pueblo de Dios alrededor al Sucesor de Pedro.

“El Beato Juan Pablo II el cual visitó tres veces este país, dio una gran importancia al papel de la familia en la Iglesia, de manera que con este viaje, siguió Benedicto XVI, he querido dar continuidad a este aspecto de su magisterio”. En la Europa de hoy, las naciones de sólida tradición cristiana tienen una especial responsabilidad en el defender y promover el valor de la familia fundada en el matrimonio, que permanece decisiva en el campo educativo y en el social.

Sin embargo el Papa recordó que en esta época por desgracia se constata el multiplicarse de las separaciones y divorcios, la fidelidad de los cónyuges se ha convertido en un testimonio significativo del amor de Cristo, que permite vivir el matrimonio como lo que es, la unión de un hombre y una mujer que con la gracia de Cristo, se aman, y se ayudan toda la vida, en la alegría y en el dolor, en la salud y en la enfermedad.

Y es en este punto, que el Pontífice dijo que la primera educación a la fe consiste en el testimonio de esta fidelidad en el pacto conyugal, de allí los hijos aprenden sin palabras que Dios es amor fiel, paciente, respetuoso y generoso. El testimonio de una fidelidad al amor conyugal se traduce naturalmente en amor por los hijos, fruto de esta unión. Pero esta fidelidad no es posible sin el apoyo de la fe y del Espíritu Santo.

En cambio en la Vigilia con los Jóvenes, Benedicto XVI dijo que a ellos les recordó que la alegría de la fe es descubrir que Dios es el primero que nos ama. Y de los otros dos momentos importantes de esta visita, a decir, la celebración de las vísperas con los obispos, sacerdotes, religiosos, seminaristas y novicios, el Papa dijo que también aquí en modo particular, se experimentó el ser “familia” como comunidad eclesial.

Y hablando del beato cardenal Alojzije Stepinac, Benedicto XVI dijo que a la luz de su testimonio animó a los obispos y a los presbíteros en su ministerio, exhortándoles a la comunión y al empuje apostólico. “Les volví a proponer, dijo, la belleza y la radicalidad de su forma de vida, e invité a los seminaristas y novicios a seguir con alegría a cristo que los ha llamado por nombre”.

Y sobre el encuentro con los exponentes de la ciudad civil y religiosa, el Papa dijo que en este último encuentro, hablando de la tradición cultural croata, recordó la profunda vocación de Europa por cuidar y renovar un humanismo con hondas raíces cristianas. Un humanismo que pone en el centro la conciencia del hombre, su apertura trascendente y al mismo tiempo su realidad histórica, capaz de inspirar proyectos políticos diversificados pero convergentes en la construcción de una democracia sustancial, fundada en los valores éticos radicados en la misma naturaleza humana.

El Papa rindió homenaje a la gran tradición cultural croata, inseparable de su historia de fe y de la presencia viva de la Iglesia, promotora desde hace siglos de múltiples instituciones y sobre todo formadora de ilustres investigadores de la verdad y del bienestar común. Entre estos el Papa recordó al padre jesuita Ruder Boskovic, gran científico del cual este año se cumplen sus 300 años de nacimiento.

Este fue el resumen que de su catequesis hizo el Papa en español para los fieles de nuestro idioma.

Queridos hermanos y hermanas:
Hoy quiero hablarles de mi viaje apostólico a Croacia. Con el lema “Juntos en Cristo”, he realizado está visita para expresar no sólo la experiencia de unidad en el nombre del Señor, manifestada en el encuentro del Pueblo de Dios junto al Sucesor de Pedro, sino también el valor de la familia con ocasión de la celebración de la primera Jornada Nacional de las familias católicas croatas. Con gran gozo me he reunido con los diversos estamentos eclesiales y civiles, confirmando así en la fe a la familia croata. He rendido un homenaje a la gran tradición cultural de ese amado país, en el que, a lo largo de los siglos, la Iglesia ha sido promotora de múltiples instituciones y ha formado ilustres buscadores de la verdad y del bien común. Una vez más, en Croacia, se hizo visible la profunda vocación que tiene Europa de cuidar y renovar un humanismo con hondas raíces cristianas; que sea fiel al hombre en su apertura trascendente y al mismo tiempo en su realidad histórica; y que sea además capaz de inspirar proyectos políticos diversificados, pero convergentes, para la construcción de una democracia sustancial, fundada sobre los valores éticos arraigados en la misma naturaleza humana. Agradezco a los que me han acompañado y sostenido con la oración en este viaje realizado con gran satisfacción.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos de España, Puerto Rico, Costa Rica, México, Perú, Argentina y otros países Latinoamericanos. Os invito a dar gracias al Señor por esta visita apostólica a Croacia, y a rogar, por intercesión de Santa María Virgen, que cuanto he podido sembrar en estos días genere frutos abundantes para las familias croatas, para esa noble Nación y para toda Europa. Muchas gracias.

Como es habitual el Papa saludó en distintos idiomas. Al dirigirse a los fieles de habla inglesa, saludó a los miembros del seminario sobre cristiandad y cultura patrocinado por la Seton Hall University, también a los miembros del Consejo internacional católico carismático y a los delegados del congreso mundial sobre la menopausia.

A los fieles polacos, el Papa les recordó que en estos días que preceden a la solemnidad del Pentecostés, pidamos en modo particular los dones del Espíritu Santo: sabiduría, intelecto, ciencia, consejo, fortaleza, piedad, temor de Dios, y todo lo que nos da el Consolador, como frutos del misterio pascual de Cristo.

Al dirigirse a los fieles en lengua italiana saludó a las diferentes religiosas que en estos días están celebrando los respectivos Capítulos Generales. Y como es tradición saludó a los jóvenes, enfermos y recién casados. Les recordó que este domingo será la Solemnidad de Pentecostés. A los jóvenes, el Papa les exhortó a invocar frecuentemente el espíritu Santo, que nos hace intrépidos testimonios de Cristo.

Y que el Espíritu Consolador, dijo el Papa, ayude a los enfermos a acoger con fe el misterio del dolor y ofrecerlo para la salvación de todos los hombres, y apoye a los recién casados en la construcción de sus familias, en la base sólida del Evangelio.

Benedicto XVI bendice la ‘Antorcha de la Paz’
Al final de su audiencia general de hoy, Benedicto XVI ha bendecido la ‘Antorcha de la Paz’ de la tradicional peregrinación, que se realiza cada año, desde la ciudad italiana de Macerata hasta el Santuario Mariano de Loreto y que tendrá lugar el próximo sábado, llegando a su trigésimo tercera edición.

Esta peregrinación, promovida por el Movimiento Comunión y Liberación, es un gesto de fe popular, en el que participan cada año miles de personas, sobre todo jóvenes. Durante el camino nocturno, que se desarrolla por cerca de 26 Km. entre las colinas de Le Marche, los peregrinos alternan el rezo del Rosario con cantos y testimonios significativos.

En sus tradicionales palabras de saludo a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados, que participaban en la audiencia general de hoy, el Papa ha recordado que el próximo domingo se celebra la solemnidad de Pentecostés. Tras exhortar a la juventud a invocar frecuentemente al Espíritu Santo, para ser intrépidos testigos de Cristo, Benedicto XVI ha deseado que el Espíritu Consolador ayude a los queridos enfermos a acoger con fe el misterio del dolor y a ofrecerlo por la salvación de todos los hombres. Y que ayude a los recién casados a construir su familia sobre el sólido cimiento del Evangelio.

CATEQUESIS COMPLETA
Hoy me gustaría hablar de la visita pastoral a Croacia, que realicé el pasado sábado y el domingo. Un breve viaje apostólico, que se celebró en su totalidad en la capital, Zagreb, sin embargo, rico de encuentros y sobre todo un intenso espíritu de fe, ya que los croatas son un pueblo profundamente católico. Reitero mi más sincero agradecimiento al cardenal Bozanic, arzobispo de Zagreb, a Mons. Srakić, Presidente de la Conferencia Episcopal, y a los demás obispos de Croacia, así como al Presidente de la República, por la cálida acogida que me dispensaron. Mi agradecimiento va a todas las autoridades civiles y a cuantos colaboraron de diversas maneras en este evento, especialmente a las personas que han ofrecido oraciones y sacrificios por esta intención.

“Juntos en Cristo”: este fue el lema de mi visita. Éste expresa principalmente la experiencia de encontrarnos todos unidos en el nombre de Cristo, la experiencia de ser Iglesia, manifestada por la reunión del pueblo de Dios en torno al Sucesor de Pedro. Sin embargo, “Juntos en Cristo” tenía, en este caso, una referencia particular a la familia: de hecho, el objetivo principal de mi visita era la 1ª Jornada Nacional de las familias católicas croatas, que culminó con la Celebración Eucarística en la mañana del domingo, y que contó con la presencia, en el Hipódromo de Zagreb, de una gran multitud de fieles. Ha sido muy importante para mí confirmar en la fe, especialmente a las familias, que el Concilio Vaticano II llama “iglesias domésticas” (cf. Lumen gentium, 11). El Beato Juan Pablo II, quien visitó Croacia en tres ocasiones, dio gran importancia al papel de la familia en la Iglesia; por lo que, con este viaje, he querido dar continuidad a este aspecto de su Magisterio. En la Europa de hoy, las naciones de sólida tradición cristiana tienen una especial responsabilidad en la defensa y en la promoción del valor de la familia fundada en el matrimonio, que sigue siendo crucial, tanto en los frentes educativo y social. Este mensaje tenía por lo tanto, una particular relevancia para Croacia, que, por su rico patrimonio espiritual, ético y cultural, se está preparando para entrar en la Unión Europea.

La Santa Misa se celebró en el peculiar clima espiritual especial de la Novena de Pentecostés. Al igual que en un gran “cenáculo” a la intemperie, las familias croatas se reunieron en oración, pidiendo, juntas, el don del Espíritu Santo. Esto me dio la oportunidad de destacar el don y el compromiso de la comunión en la Iglesia, así como para alentar a los esposos en su misión. En nuestros días, mientras lamentablemente se constata el creciente número de separaciones y divorcios, la fidelidad de los cónyuges se ha convertido en sí mismo en un signo importante del amor de Cristo, que permite vivir el Matrimonio por lo que es, es decir, la unión de un hombre y de una mujer que, por la gracia de Cristo, se aman y se ayudan mutuamente durante toda la vida, en la alegría y en el dolor, en la enfermedad y en la salud. La primera educación en la fe consiste, precisamente, en el testimonio de esta fidelidad en la alianza matrimonial: de ella los niños aprenden sin palabras que Dios es amor, fiel, paciente, respetuoso y generoso. La fe en el Dios que es amor se transmite principalmente a través del testimonio de una fidelidad al amor conyugal, que naturalmente se traduce en amor por los hijos, fruto de esta unión. Pero esta fidelidad no es posible sin la gracia de Dios, sin el apoyo de la fe y del Espíritu Santo. Es por eso que la Virgen María no deja de interceder ante su Hijo para que -como en las bodas de Caná- renueve en los esposos continuamente el don de “buen vino”, es decir, la Gracia, que permite vivir en “una sola carne” en las diferentes edades y situaciones de la vida.

En este contexto de gran atención a la familia, se ubicó muy bien la Vigilia con los jóvenes, en la noche del sábado, en la plaza Jelacic, en el corazón de la ciudad de Zagreb. Allí pude reunirme con la nueva generación de Croacia, y percibí toda la fuerza de su fe joven, animada por un gran entusiasmo por la vida y su significado, hacia el bien, hacia la libertad, es decir, hacia Dios. ¡Fue muy hermoso y conmovedor escuchar cantar a estos jóvenes con alegría y entusiasmo y, luego en el momento de la escucha y la oración, recogerse en profundo silencio! A ellos les repetí la pregunta que hizo Jesús a sus primeros discípulos: “¿Qué es lo que buscáis” (Jn 1,38), pero les dije que Dios les busca antes y más de lo que ellos mismos le buscan a Él. “Ésta es la alegría de la fe: ¡descubrir que Dios nos ama primero! ¡Es un descubrimiento que nos mantiene siempre discípulos, y siempre jóvenes en el espíritu! Este misterio, durante la Vigilia, se vivió en la oración de adoración eucarística: en silencio, nuestro ser en Cristo “encontró su plenitud. Así mi invitación a seguir a Jesús fue un eco de la Palabra que Él mismo dirigía al corazón de los jóvenes.

Otro momento que podemos llamar ‘de cenáculo’ fue la Celebración de las Vísperas en la Catedral, con los Obispos, los sacerdotes, los religiosos y los jóvenes que se están formando en los Seminarios y en los Noviciados. También aquí, de modo particular, experimentamos nuestro ser “familia” como comunidad eclesial. En la Catedral de Zagreb se encuentra la monumental tumba del beato Cardenal Alojzije Stepinac, Obispo y Mártir. Él, en nombre de Cristo, se opuso con valentía, primero a los abusos violentos del nazismo y del fascismo y, luego, a los del régimen comunista. Fue encarcelado y confinado en su pueblo natal. Creado Cardenal por el Papa Pío XII, murió en 1960, por una enfermedad que contrajo en la cárcel. A la luz de su testimonio, alenté a los Obispos y a los presbíteros en su ministerio, exhortándolos a la comunión y al impulso apostólico; he vuelto a proponer a los consagrados la belleza y la radicalidad de su forma de vida; he invitado a los seminaristas, a los novicios y a las novicias a seguir con alegría a Cristo, que los ha llamado por su nombre. Este momento de oración, enriquecido por la presencia de tantos hermanos y hermanas que han dedicado su vida al Señor, ha sido para mí un gran aliento. Y rezo para que las familias croatas sean siempre terreno fértil para el nacimiento de numerosas y santas vocaciones al servicio del Reino de Dios.

Muy significativo fue también el encuentro con los exponentes de la sociedad civil, del mundo político, académico, cultural y empresarial, con el Cuerpo Diplomático y con los Líderes religiosos, reunidos en el Teatro Nacional de Zagreb. En ese contexto, tuve la alegría de rendir homenaje a la gran tradición cultural croata, inseparable de su historia de fe y de la presencia viva de la Iglesia, promotora a lo largo de los siglos de múltiples instituciones y sobre todo formadora de ilustres buscadores de la verdad y del bien común. Entre ellos, recordé en particular al jesuita Padre Ruđer Bošković, gran científico, cuyo tercer centenario de nacimiento se conmemora este año. Una vez más, todos percibimos la evidencia de la vocación más profunda de Europa, que es la de custodiar y de renovar un humanismo que tiene raíces cristianas y que se puede definir “católico”. Es decir universal e integral. Un humanismo que coloca en el centro la conciencia del hombre, su apertura trascendente y, al mismo tiempo, su realidad histórica, capaz de inspirar proyectos políticos diversificados, pero convergentes en la construcción de una democracia sustancial, fundada sobre los valores éticos arraigados en la misma naturaleza humana. Mirar a Europa desde el punto de vista de una Nación de antigua y sólida tradición cristiana, que es parte integrante de la civilización europea, mientras se apresta a ingresar en la Unión política, ha recordado de nuevo la urgencia del desafío que interpela hoy a los pueblos de este Continente: es decir, la de no tener miedo de Dios, del Dios de Jesucristo, que es Amor y Verdad, y que no le quita nada a la libertad, sino que la devuelve a sí misma y le dona el horizonte de una esperanza fiable.

Queridos amigos, cada vez que el Sucesor de Pedro realiza un viaje apostólico, todo el cuerpo eclesial participa de alguna manera en el dinamismo de comunión y de misión propio del su ministerio. Agradezco a todos aquellos que me han acompañado y sostenido con la oración, logrando que mi visita pastoral se pudiera desarrollar óptimamente. Ahora, mientras agradecemos al Señor por este gran don, pidámosle, por intercesión de la Virgen María, Reina de los Croatas, que cuanto he podido sembrar produzca frutos abundantes, para las familias croatas, para toda la Nación y para toda Europa.

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