Benedicto XVI: “La tentación constante para el hombre es construirse un dios comprensible y manejable”


El Papa Benedicto XVI durante la Audiencia General que ha presidido este miércoles en la plaza de san Pedro, ha continuado su ciclo de catequesis sobre la oración, dedicando la de hoy a Moisés. “Como hombre de oración Moisés, el gran profeta y líder en la época del Éxodo -ha señalado el Papa- llevó a cabo su mediación entre Dios e Israel convirtiéndose en portavoz ante el pueblo, de las palabras y de los mandamientos de Dios, y conduciendo a su gente hacia la libertad de la Tierra Prometida, enseñando a los israelitas a vivir en la obediencia y la confianza en Dios, durante su larga travesía del desierto, pero sobre todo, -ha subrayado el Papa-, orando”.
“Moisés reza por el faraón cuando Dios, con las plagas trataba de convertir los corazones de los egipcios; pide al Señor la curación de su hermana María enferma de lepra; intercede por el pueblo que se habían rebelado, asustado por el informe de los exploradores; ora cuando el fuego estaba a punto de devorar el campamento y cuando las serpientes venenosas hacían matanza; se dirige al Señor y reacciona protestando cuando el peso de su misión se había vuelto demasiado pesado; ve a Dios y habla con él “cara a cara, como se habla con un amigo”.
“La súplica de Moisés -ha explicado el Papa -está toda ella centrada en la lealtad y la gracia del Señor. “Moisés ha hecho experiencia concreta de la salvación de Dios ha sido enviado como mediador de la liberación divina, y ahora con su oración, se hace intérprete de una doble inquietud: por una parte, está preocupado por la suerte de su pueblo; pero, por otra, también está preocupado por el honor que se debe al Señor, por la verdad de su nombre.
Moisés, el intercesor, -ha explicado el Santo Padre- quiere que el pueblo de Israel pueda salvarse, porque es el rebaño que le ha sido confiado a él, pero también quiere que en aquella salvación se manifieste la verdadera realidad de Dios. Amor por los hermanos, y amor a Dios se compenetran en la oración de intercesión, son inseparables. Moisés, el intercesor, es el hombre que se desvive entre dos amores, que se superponen en la oración en un solo deseo de hacer el bien”.
Este ha sido el resumen que de su catequesis ha hecho el Santo Padre en español para los peregrinos de nuestra lengua presentes en la Plaza de San Pedro:

Queridos hermanos y hermanas:
Continuamos hoy el tema de la oración con el ejemplo de Moisés. Según la Escritura, él hablaba con Dios como quien habla a un amigo. En uno de los encuentros que la Biblia describe, Moisés sube al monte Sinaí a recibir las tablas de la ley; ayuna cuarenta días, para significar que la vida viene de Dios y que él la espera en el don de la Ley, signo de su alianza. En un determinado momento, el Señor le dice que baje del monte, pues el pueblo se ha construido un ídolo, cayendo así en una tentación constante para el hombre, construirse un dios comprensible y manejable. Ante esta infidelidad, Dios dice a Moisés que le deje destruir a ese pueblo terco y hacer de él un gran pueblo. Pero Moisés ha comprendido en el diálogo con Dios su misericordia y sabe ver con su corazón, por eso entiende que lo que Dios le pide en realidad es su intercesión. Hace caso omiso de la ‘tentadora’ propuesta y eleva una súplica a favor del pueblo rebelde, en ella no resalta ningún mérito del hombre ni tampoco intenta excusar su conducta, sino que basa todo el argumento en la honra de Dios: Dios no puede fracasar en su intento de salvar al hombre, debe permanecer fiel a su promesa. Así, Moisés asume la suerte de su pueblo y se hace portavoz de la gratuidad del don de Dios, que se hace patente con la restitución de unas nuevas tablas.
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los de la parroquia de San Juan Evangelista, de Madrid, así como a los demás grupos provenientes de España, Argentina, Ecuador, México y otros países latinoamericanos. Que el Señor nos ayude a comprender en la oración su designio gratuito de salvación, que ha llegado a su culminación en el don de su Hijo, Jesucristo, para que siguiendo su ejemplo demos la vida por los demás, sin esperar nada a cambio. Muchas gracias.
Saludando a los peregrinos de Polonia, Benedicto XVI ha recordado a los jóvenes que el próximo sábado se reunirán en Lednica y les ha pedido que den gracias Dios por la vida y por la beatificación de Juan Pablo II, padre, sacerdote y amigo de los jóvenes. ¡Él construyó la casa sobre la roca que es Cristo! Seguía la voz del Evangelio. Perseveraba en la oración y en la adoración de la Eucaristía. Para cada hombre tenía abierto su corazón. Sufría con Cristo. Era un extraordinario peregrino de la fe. Que el lema del encuentro sea para vosotros manantial de inspiración: “¡Juan Pablo II -aquello que importa es la santidad!”. De corazón, Benedicto XVI ha bendecido su camino hacia la santidad.

Dirigiéndose a los peregrinos croatas el Santo Padre les ha manifestado que el próximo sábado y domingo viajará a Zagreb en Croacia para celebrar con ellos la Jornada de las familias católicas. “Mientras espero este encuentro con alegría, os invito a rezar para que mi viaje a esta querida tierra conlleve muchos frutos espirituales y las familias cristianas sean sal de la tierra y luz del mundo ¡Alabados sean Jesús y María!”.
Como siempre al final de la audiencia, el Santo Padre se ha dirigido a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. “Comenzamos precisamente hoy el mes de junio, dedicado al Sagrado Corazón de Jesús. Detengámonos muchas veces a contemplar este profundo misterio del Amor divino. Queridos jóvenes, en la escuela del Corazón de Cristo aprended a asumir con seriedad las responsabilidades que os esperan. Vosotros, queridos enfermos, encontrad en esta fuente infinita de misericordia la valentía y la paciencia para cumplir la voluntad de Dios en todas las situaciones. Y vosotros, recién casados, permaneced fieles al amor de Dios y testimoniadlo con vuestro amor conyugal”.

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