El Papa señala que la oración nos obtiene grandes beneficios cuando reconocemos nuestra debilidad

Este miércoles, en la Plaza de San Pedro el Papa Benedicto XVI ha tenido su catequesis semanal con miles de fieles y peregrinos que, numerosos, acudieron al Santuario Vaticano para participar en la Audiencia General y escuchar su magisterio. En las últimas semanas Benedicto XVI está abordando el tema de la Oración, desde diversos puntos de vista. Hoy, y hablando en nuestro idioma, el Santo Padre ha tomado las páginas del Antiguo Testamento para narrar la emblemática y maravillosa historia de conversión de Jacob y su ejemplo de fe, modelo de la búsqueda perseverante del rostro de Dios que se encuentra en la conversión y el perdón. (P.L.J.R)

Texto íntegro de la catequesis del Papa en idioma español:

Queridos hermanos y hermanas:
Con el ejemplo del patriarca Jacob, continuamos hoy con el tema de la oración. La Biblia lo describe como un hombre astuto que ha conseguido las cosas con el engaño. A un cierto punto, se plantea volver a su tierra y enfrentarse a su hermano, al que le quitó la primogenitura. Espera la noche para pasar con seguridad un vado, pero algo imprevisible sucede; alguien le sale al encuentro, sin que él pueda prevenirse. Todo el relato nos plantea su lucha, que no tiene un vencedor claro, dejándonos al rival en el misterio. Finalmente, se revela que éste es Dios, que vence a Jacob haciéndole tomar conciencia de su realidad, de su ser más íntimo, expresado en su nombre; pero, en su derrota, Jacob vence, pues consigue de Dios su bendición, no la que robó a su padre con el engaño, sino la que se ha ganado en este combate espiritual. La bendición lleva consigo un cambio de nombre, que es, en definitiva, un cambio de realidad; ya no es aquél que engañaba, sino el que ha vencido a Dios, manifestando a todos, sin embargo, que Dios es el que vence. Ese combate es modelo de la búsqueda perseverante del rostro de Dios y de la victoria que se encuentra en la conversión y el perdón. La oración requiere cercanía, es una lucha, en la que hace falta fuerza de ánimo y tenacidad para conseguir la bendición, que sólo alcanzamos cuando reconocemos nuestra debilidad y nos abandonamos a su misericordia.

Saludos del Papa en español:

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular al grupo del Movimiento Scout católico, acompañado por el Señor Obispo de Solsona, así como a los demás grupos provenientes de España, México, Guatemala, Ecuador, Venezuela, Colombia, Argentina y otros países latinoamericanos. Que el Señor nos ayude a combatir el buen combate de la fe. Muchas gracias.

La vida es como “una larga noche de oración”, en la cual el hombre debe “buscar con perseverancia el amor y la bendición de Dios”.El Papa durante la Audiencia General de esta mañana en la Plaza de San Pedro ha proseguido sus catequesis sobre la oración, explicando la historia bíblica de la lucha nocturna de Jacob con Dios en el vado de Yabbok. “La Iglesia -ha dicho el Papa- “ha visto en esta historia el símbolo de la oración como la lucha de la fe y la victoria de la perseverancia”.

El texto bíblico nos habla de la larga noche de la búsqueda de Dios: del combate para conocer su nombre y ver su rostro. “Es la noche de la oración que con tenacidad y perseverancia -ha explicado el Pontífice- pide a Dios la bendición y un nuevo nombre, una nueva realidad fruto de conversión y de perdón”. La noche de Jacob en el vado de Yabboq se convierte así para el creyente en un punto de referencia para entender la relación con Dios, que en la oración encuentra su máxima expresión.

“La oración requiere confianza, cercanía, casi un cuerpo a cuerpo simbólico no con un Dios adversario y enemigo, sino con un Dios, que bendice, que permanece siempre misterioso, que parece inalcanzable. Por ello el autor sagrado utiliza el símbolo de la lucha, que implica fuerza de ánimo, perseverancia, tenacidad para lograr lo que se desea. Y si el objeto del deseo es la relación con Dios, su bendición y su amor, entonces la lucha sólo puede culminar en el don de uno mismo a Dios, en el reconociendo de la propia debilidad, que vence precisamente en el momento que llega a entregarse en las manos misericordiosas de Dios”.

“Queridos hermanos y hermanas, ha finalizado el Santo Padre- toda nuestra vida es como esta larga noche de lucha y de oración, que tenemos que vivir en el deseo y en la petición de una bendición de Dios que no puede ser arrancada o robada sólo con nuestras propias fuerzas, sino que debe ser recibida con humildad por Él, como don gratuito que permite, por último, reconocer el rostro del Señor. Y cuando esto sucede, toda nuestra realidad cambia, recibimos un nuevo nombre y la bendición de Dios. Más aún: Jacob, que recibe un nuevo nombre, se convierte en Israel, y da un nuevo nombre al lugar en el que también ha luchado con Dios, donde ha rezado a Dios, lo llama Penuel, que significa “cara de Dios.” Con ello reconoce que el lugar está lleno de la presencia del Señor. Aquel que se deja bendecir por Dios se abandona a Dios, se abandona a Él, se deja transformar por Él. Hace que el mundo sea bendecido”.

Como siempre al final de la audiencia, el Santo Padre se ha dirigido a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. Ayer celebramos la fiesta de Nuestra Señora venerada con el título de María Auxiliadora. Que María os ayude a vosotros, queridos jóvenes, especialmente a vosotros de la Escuela de San Vicente de Paula de Reggio Calabria, a consolidar cada día vuestra fidelidad a Cristo. Que obtenga consuelo y serenidad para vosotros, queridos enfermos. Que os anime a vosotros, queridos recién casados, a traducir en la vida cotidiana el mandamiento del amor.

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