El legado de Benedicto XVI

CARTAS DOMINICALES

Estas semanas de Pascua del año 2011 disponemos ya en castellano y catalán del segundo volumen del libro que Benedicto XVI ha escrito sobre Jesucristo. Jesús de Nazaret es su título. Este segundo volumen trata sobre los hechos centrales de la vida de Jesucristo, “desde la entrada en Jerusalén hasta la resurrección”, como afirma en su inicio. El Santo Padre ha dicho que ya trabaja en un tercer volumen dedicado a la infancia de Jesús, que cerrará este tríptico sobre Jesús de Nazaret.

En la homilía que pronunció en la basílica de la Sagrada Familia, Benedicto XVI, explicando la simbología de la obra maestra de Gaudí nos recordó de nuevo –como hace también en el volumen de su tríptico- la centralidad de Jesús en la vida de la Iglesia y del mundo. Nos dijo que “el Señor Jesús es la piedra que soporta el peso del mundo, que mantiene la cohesión de la Iglesia y que recoge en unidad final todas las conquistas de la humanidad. En Él tenemos la Palabra y la presencia de Dios, y de Él recibe la Iglesia su vida, su doctrina y su misión. La Iglesia no tiene consistencia por sí misma, está llamada a ser signo e instrumento de Cristo”.

A través de los nueve capítulos de este segundo volumen de Benedicto XVI nos acercamos más y más a Jesús de Nazaret, una figura familiar que se manifiesta muy cercana, tanto en su humanidad como en su divinidad. Benedicto XVI no ha querido escribir una vida de Jesús, sino presentar la figura y el mensaje de Jesús para facilitar el encuentro de los lectores con el Jesús real, el Jesús de los Evangelios, escuchado en comunión con sus discípulos de todos los tiempos, para alcanzar la certeza de la figura verdaderamente histórica de Jesús.

Benedicto XVI ha conseguido aplicar con gran profundidad los tres criterios de interpretación que se encuentran en la constitución Dei Verbum del Concilio Vaticano II: primero, tener en cuenta la unidad de la Sagrada Escritura; segundo, valorar el conjunto de la Tradición de la Iglesia; y, tercero, respetar la analogía de la fe. Así, el Santo Padre, partiendo de la figura central y única de Jesús, muestra la plenitud de sentido que mana de la Sagrada Escritura, “interpretada a la luz del mismo Espíritu por medio del cual fue escrita”. Se ha puesto de relieve que Benedicto XVI ha afrontado de manera práctica y ejemplar el complemento teológico deseado por la reciente exhortación apostólica Verbum Domini para el desarrollo de la exégesis de la Sagrada Escritura.

El Santo Padre no ha querido dar a esta obra suya el carácter de magisterio oficial de la Iglesia. La presenta como una obra personal que, por eso mismo, es una obra para el diálogo, y pide una actitud comprensiva hacia su trabajo, pues sin esta disposición abierta a la comprensión es siempre difícil hacer juicios justos.

El libro es una invitación al diálogo sobre aquella Persona que es esencial en el cristianismo. Diálogo, en primer lugar, en el seno de la Iglesia y con las otras confesiones cristianas, en especial con los estudiosos de la Biblia y en concreto del Nuevo Testamento, sobre las limitaciones y los resultados de los diversos métodos de interpretación de los textos bíblicos, cuestión que siempre ha merecido la atención de Joseph Ratzinger como teólogo y profesor. Diálogo también con los judíos, a quienes exculpa en el libro de responsabilidad como pueblo en la condena a muerte de Jesús. Y diálogo, asimismo, con las grandes tradiciones religiosas de la humanidad, en especial cuando explica el sentido de Dios, del hombre y del mundo que emana de la figura de Jesús. Por todo esto podemos afirmar que este libro de Benedicto XVI es la culminación de su vida de estudioso y profesor, y el verdadero legado que ofrece a la Iglesia y a la humanidad.

† Lluís Martínez Sistach
Cardenal arzobispo de Barcelona

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