Benedicto XVI en el rezo del Regina Coeli: “Allí donde está Cristo no puede faltar la presencia de la Madre”


Al final de la solemne celebración eucarística en Venecia, Benedicto XVI, dirigiendo la mirada a María, ha pronunciado una breve alocución antes de concluir la plegaria mariana propia del tiempo pascual dedicada a la Madre de Dios: el Regina Coeli.

“En el alba de la Pascua, Ella se vuelve la Madre del Resucitado y su unión con Él es tan profunda que allí donde el Hijo está no puede faltar la presencia de la Madre. En vuestros espléndidos lugares, don y signo de la belleza de Dios, cuántos santuarios, iglesias y capillas están dedicados a María!. En Ella se refleja el rostro luminoso de Cristo. Si la seguimos dócilmente, la Virgen nos conduce a Él”

Seguidamente el Papa les ha pedido que en estos días del tiempo pascual que se dejen conquistar por Cristo resucitado. En Él tiene inicio el nuevo mundo del amor y de la paz que constituye la profunda aspiración de cada corazón humano. Y ha pedido al Señor que les conceda, a quienes habitan en estas tierras, ricas de una larga historia cristiana, vivir el Evangelio enraizado en la Iglesia naciente, en la cual “la multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma” (Hech 4,32).

“Invoquemos a María Santísima, que ha sostenido los primeros testigos de su Hijo en la predicación de la Buena Noticia, para que sostenga también hoy los esfuerzos apostólicos de los sacerdotes; haga fecunda el testimonio de los religiosos y de las religiosas; anime la obra diaria de los padres en la primera transmisión de la fe a sus hijos; ilumine la vía de los jóvenes para que caminen confiados en el camino trazado por la fe de sus padres; colme de firme esperanza los corazones de los ancianos; consuele con su cercanía a los enfermos y a todos los que sufren; refuerce la obra de los numerosos laicos que colaboran activamente en la nueva evangelización, en la parroquias, en las asociaciones -como la Acción Católica- tan enraizada y presente en estas tierras; en los movimientos que, con la variedad de sus carismas, y de sus acciones, son un signo de la riqueza del tejido eclesial -pienso en realidades como la del movimiento de los Focolares, Comunión y Liberación o el Camino Neocatecumenal, sólo por mencionar algunas”

El Pontífice ha finalizado su alocución animándoles a trabajar con verdadero espíritu de comunión en esta grande viña en la que el Señor les ha llamado para trabajar. María, Madre del Resucitado y de la Iglesia, ¡Ruega por nosotros!

Texto Completo Regina Coeli

Queridos hermanos y hermanas

Al finalizar esta solemne celebración eucarística, dirijamos nuestra mirada a María, Regina Coeli. En el alba de la Pascua, Ella se vuelve la Madre del Resucitado y su unión con Él es tan profunda que allí donde el Hijo está no puede faltar la presencia de la Madre. En vuestros espléndidos lugares, don y signo de la belleza de Dios, cuántos santuarios, iglesias y capillas están dedicados a María!. En Ella se refleja el rostro luminoso de Cristo. Si la seguimos dócilmente, la Virgen nos conduce a Él.

En estos días de tiempo pascual, dejémonos conquistar por Cristo resucitado. En Él tiene inicio el nuevo mundo del amor y de la paz que constituye la profunda aspiración de cada corazón humano. El Señor os conceda, a quienes habitáis en estas tierras, ricas de una larga historia cristiana, de vivir el Evangelio enraizado en la Iglesia naciente, en la cual “la multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma” (Hech 4,32).

Invoquemos a María Santísima, que ha sostenido los primeros testigos de su Hijo en la predicación de la Buena Noticia, para que sostenga también hoy los esfuerzos apostólicos de los sacerdotes; haga fecunda el testimonio de los religiosos y de las religiosas; anime la obra diaria de los padres en la primera transmisión de la fe a sus hijos; ilumine la vía de los jóvenes para que caminen confiados en el camino trazado por la fe de sus padres; colme de firme esperanza los corazones de los ancianos; consuele con su cercanía a los enfermos y a todos los que sufren; refuerce la obra de los numerosos laicos que colaboran activamente en la nueva evangelización, en la parroquias, en las asociaciones -como la Acción Católica- tan enraizada y presente en estas tierras; en los movimientos que, con la variedad de sus carismas, y de sus acciones, son un signo de la riqueza del tejido eclesial -pienso en realidades como la del movimiento de los Focolares, Comunión y Liberación o el Camino Neocatecumenal, sólo por mencionar algunas.

Animo a todos a trabajar con verdadero espíritu de comunión en esta grande viña en la que el Señor nos ha llamado para trabajar. María, Madre del Resucitado y de la Iglesia, Ruega por nosotros!

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