La archidiócesis de Valencia despide con dolor y gratitud al cardenal García Gasco


Seis cardenales, 31 obispos y arzobispos y más de 300 sacerdotes concelebraron ayer con el arzobispo de Valencia, monseñor Carlos Osoro, en la solemne misa exequial por el eterno descanso del cardenal Agustín García-Gasco, que ha comenzado minutos después de las 5 de la tarde en la Catedral de Valencia, según ha informado la Agencia AVAN.

En su homilía, monseñor Osoro señaló que la muerte del cardenal García-Gasco “nos ha dejado a todos consternados”, pero recordó que, “el Señor llega con su Palabra a darnos aliento y vida, a que descubramos la verdadera perspectiva de nuestra vida en la que Él nos ha situado”. Así consta en el Evangelio y por ello ayer se celebraba también en la misas de exequias la muerte y resurrección de Cristo.

Para el arzobispo de Valencia, “en Pascua nos alegramos porque Cristo no ha quedado en el sepulcro, su cuerpo no ha conocido la corrupción; pertenece al mundo de los vivos, no al de los muertos”. Pero, se preguntó: “¿En qué consiste propiamente eso de resucitar? ¿Qué significa para nosotros? ¿Y qué significa para el mundo para la historia?”

Explicó que “la muerte de Jesús fue un acto de amor” y que “la resurrección es como un estallido de luz, una explosión de amor que desató el vínculo hasta entonces indisoluble del morir y devenir. Inauguró una nueva dimensión del ser, de la vida, en la que también ha sido integrada la materia, de manera transformada y a través de la que surge un mundo nuevo”. Y habló de la resurrección, que “nos ha alcanzado en el Bautismo para atraernos”.

“Precisamente esto es lo que estamos viviendo en esta celebración, que lo que alcanzó Jesucristo, eso ha sido dado a Don Agustín. Por el Bautismo quedamos asociados a una nueva dimensión de la vida, en que en medio de las tribulaciones de nuestro tiempo, estamos inmersos. Vivir la propia vida como un continuo entrar en este espacio abierto: éste es el sentido de ser bautizado, del ser cristiano. Esta es la alegría de la Vigilia Pascual”, añadió.

Por eso, “la resurrección no ha pasado, la resurrección nos ha alcanzado e impregnado”. Y es que “Don Agustín habiendo recibido la vida de Cristo, no permaneció en la muerte, amó”.

Finalmente, señaló que el pasado 1 de mayo, fiesta de la Divina Misericordia, después de unos días de estancia en Roma para asistir a la beatificación del Papa Juan Pablo II, Don Agustín falleció. “En medio de la consternación, surgía al esperanza, pues quien había vivido para amar y para entregarse por amor en la Iglesia al servicio de todos los hombres, en él, se hacían verdad aquellas palabras del libro del Apocalipsis que antes escuchábamos: ‘Dichosos los muertos que mueren en el Señor. Desde ahora sí, dice el Espíritu, que descansen de sus fatigas, porque sus obras los acompañan’. El Señor que ha llamado a Don Agustín, se hace presente en el misterio de la Eucaristía. Asistimos a su muerte y resurrección. Que a todos nos alcance la fuerza de la resurrección y muy especialmente se lo pedimos para Don Agustín. Descanse en paz”.

En la ceremonia participaron las más altas autoridades de la Comunidad Valenciana: el presidente de la Generalitat, Francisco Camps, la presidenta de las Cortes Valencianas, Milagrosa Martínez, la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, y el presidente de la Diputación de Valencia, Alfonso Rus, entre otras personalidades.

El féretro con los restos mortales del Cardenal fue llevado a hombros, en procesión desde el Palacio Arzobispal, donde ha estado abierta hasta las 4 de la tarde la capilla ardiente, por doce sacerdotes jóvenes que recibieron la ordenación de manos del Cardenal cuando era arzobispo de Valencia.

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