Ayudó a no tener miedo de llamarse cristianos

“Juan Pablo II es beato por su fe, fuerte y generosa, apostólica”. Es beato “porque creyó” y ya durante los funerales “sentíamos aletear el perfume de su santidad”. De esta forma comenzó Benedicto XVI su homilía en la misa de beatificación de Juan Pablo II, ante un millón de fieles en la plaza de San Pedro y en las calles aledañas. Unas palabras pronunciadas después de la fórmula de beatificación y el descubrimiento del tapiz con la imagen del nuevo beato en una foto de 1995, en un clima de gran emoción. Con el canto del himno del beato en latín se llevó al altar el relicario con una pequeña ampolla de sangre de Juan Pablo II por sor Marie Simon-Pierre, la religiosa curada milagrosamente, y por sor Tobiana, que atendió al Papa Wojtyla durante todo el pontificado. En su homilía, Benedicto XVI recordó las memorables palabras de la primera misa solemne de su predecesor: “¡No tengáis miedo! ¡Abrid de par en par las puertas a Cristo! Abrió a Cristo la sociedad, la cultura, los sistemas políticos y económicos, invirtiendo con la fuerza de un gigante, fuerza que le venía de Dios, una tendencia que podía parecer irreversible…; Ayudó a los cristianos de todo el mundo a no tener miedo de llamarse cristianos, de pertenecer a la Iglesia, de hablar del Evangelio. En una palabra: ayudó a no tener miedo de la verdad, porque la verdad es garantía de libertad. Finalizando el Papa recordó la profunda amistad que le unía a su beato predecesor. “Mi servicio – dijo – siempre estuvo apoyado por su profundidad espiritual”, por el ejemplo de su oración y del testimonio de su sufrimiento. “El Señor le despojó poco a poco de todo, pero él siguió siendo una roca”, como Cristo quiso.

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