Un jubiloso Hosanna en el Santo Sepulcro

Muchos ramos y palmas, decorados en forma de festivas composiciones florales, se dejan ver por las calles del barrio cristiano de Jerusalén, en la mañana del Domingo de Ramos. Los cristianos locales se preparan para vivir con fe y profunda devoción la semana más importante del año. Por lo demás, todo lo que la Iglesia conmemora y celebra en estos días santos, sucedió precisamente aquí, en su ciudad.

Una ciudad que ya va acogiendo a millares de peregrinos cristianos que llegan con motivo de la Pascua.

Muchos de ellos han participado en la primera de las grandes celebraciones que van desarrollando litúrgicamente la Semana Santa en Jerusalén, en el Santo Sepulcro: se trata de la celebración en la que se hace memoria de la Pasión del Señor y donde se conmemora su entrada triunfal en Jerusalén.

Una celebración solemne, presidida por el Patriarca Latino, Fuad Twal. Junto a él, franciscanos, sacerdotes, y muchos fieles, cristianos locales y peregrinos.

La celebración comienza delante del Sepulcro. Es ahí, dentro del templete de la tumba, donde se colocan los ramos de olivo y las palmas para ser bendecidos.

Ramos que, tras una larga oración, son distribuidos por el Patriarca a los concelebrantes, a los frailes, a los acólitos y a cada uno de los fieles, uno por uno…, mientras resuenan antífonas y salmos que cantan la victoria del Señor y la alegría de estar en Jerusalén, donde habita la presencia divina.

Llega al final el momento de la procesión: tres vueltas en torno al edículo del Sepulcro en una festiva procesión de ‘hosannas’ y de ramos que son alzados al aire por celebrantes y fieles.

Espiritual y emocionante, este intenso momento litúrgico tiene también un profundo significado teológico: celebrado alrededor de la anástasis, de la tumba vacía, esta procesión anticipa ya el triunfo verdadero de Cristo, es decir, su resurrección.

Tras la última vuelta, el Patriarca permanece durante unos minutos en oración delante del edículo santo.

Después se celebra la Santa Misa, delante del altar de la Magdalena. La proclamación de la Passio ha sido confiada a tres frailes: cantada, en latín, este año tomada del evangelio según San Mateo.

Mientras tanto, a un tiempo, en otros espacios de la Basílica se oyen otros cantos, otras oraciones, otras liturgias…: son las de los cristianos ortodoxos. Debido a la coincidencia de calendario (este año, católicos y ortodoxos celebran la Pascua en las mismas fechas), también para ellos hoy es Domingo de Ramos.

La celebración latina resulta larga, casi tres horas, e importunada ocasionalmente por los ecos de otras liturgias, pero el silencio del propio corazón y el hecho mismo de estar en este santo lugar, permite de todas formas a los fieles vivir con intensidad y devoción esta celebración.

“Mi experiencia es muy, muy… queda dentro de mi corazón! Toda semana santa vivida aquí, en Jerusalén, para mí… (perdón) para mí es la mejor. Es el mejor momento que uno puede disfrutar en su vida, porque estamos en el lugar donde pasó todo. Así que, estar en estos lugares es como una confirmación de la propia fe. Jerusalén es el centro del mundo y el Santo Sepulcro es el centro del centro del mundo. La mirada de todo el mundo está hoy dirigida aquí. No hay otra Semana Santa como esta…”

Domingo de Ramos en el Santo Sepulcro. La imagen de esta asamblea que ora y camina representa muy bien lo que sucederá aquí, en Jerusalén, en los próximos días: franciscanos y peregrinos si trasladarán de un lugar a otro, para rezar y celebrar y en aquellos mismos lugares que fueron los escenarios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.

Comienza así en Jerusalén la Gran Semana. En este mismo lugar donde tendrá su culminación, dentro de siete días. ¡Con una fiesta y una alegría todavía más grandes!

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