Mi infancia en Jerusalén

Aquí está la ciudad vieja, en el corazón de Jerusalén. Hoy es patrimonio de la UNESCO y conserva toda la maravilla de la época otomana. Estuvo en manos de los turcos hasta 1917, cuando pasó bajo el Protectorado Británico. Destinada, desde siempre, a ser la ciudad santa por excelencia, en 1949 las Naciones Unidas proclamaron su internacionalización, precisamente para favorecer la convivencia entre las varias religiones. Sólo un año después fue declarada – pero sólo y unilateralmente por Israel – capital del Estado judío, entre no pocas contradicciones y dificultades.

Habló de ello Issa Habash en un encuentro llevado a cabo ante el Centro de Información Sueco. Muchos años a cuestas y un título de honor – el de Caballero del Santo Sepulcro – Habash pasó los años de su infancia, cuando era joven, en Palestina y aun no existían divisones.

“Fue una infancia feliz. Nuestros vecinos eran nuestros compatriotas palestinos y no habíamos tenido nunca problemas con nuestros amigos judíos. Vivíamos juntos como hermanos y hermanas. Ese periodo continuó hasta el inicio de la Segunda Guerra Mundial”.

Ahí comenzaron los problemas – dijo Habash – después de aquellos años felices, el horror de la guerra trajo odio y miedo.

“Desde aquel momento los judíos comenzaron a pedir a los ingleses nuevas garantías, y las cosas comenzaron a empeorar”.

A empeorar para todos. Judíos, cristianos y musulmanes, que hoy se encuentran conviviendo, bajo otras condiciones, en esta ciudad, la que nosotros – de todos modos y a pesar de todo – llamamos santa. Una ciudad que no deja de hablar al corazón de quien la ha vivido, como cristiano, ayer como hoy, a través de todas las vicisitudes de la historia reciente.

“La belleza de Jerusalén está en su modo de orar. Y Jerusalén no es sólo el Santo Sepulcro o el Monte de los Olivos o la Vía Dolorosa, sino que es toda la ciudad vieja, en general, es la ciudad santa porque nuestro Señor caminó sobre estas piedras, predicó, respiró. La ciudad vieja es sagrada para mí y esta es la opinión de los cristianos de este país y no importa si somos más o menos. Sí cierto, ahora somos minoría, es verdad, pero ésta permanece la tierra de Nuestro Señor, por eso la llamamos ciudad santa, ¿no? Y la presencia cristiana aquí es todavía bastante fuerte, al menos por su profundo sentimiento de fe”.

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