El Papa Benedicto XVI visita en Roma el lugar en donde las tropas de ocupación de la Alemania nazi perperaron una matanza en 1944


Esta domingo, acogiendo con gratitud y aprecio la invitación de la Asociación Nacional de las Familias Italianas de los Mártires caídos por la libertad de la Patria, el Papa Benedicto XVI salió del Vaticano, para visitar de forma privada el Sagrario de las Fosas Ardeatinas. Lugar donde se perpetró la matanza llevada a cabo por las tropas de ocupación de la Alemania nazi, en Roma en la que fueron asesinados 335 civiles y militares italianos, como acto de represalia por la muerte de 33 soldados alemanes, en un ataque de partisanos italianos, que había tenido lugar el día anterior en la calle Rasella.
Según Radio Vaticano, peregrinando a este lugar querido para todos los italianos, en particular para el pueblo romano – después de detenerse en oración ante las tumbas de los caídos – el Papa pronunció unas palabras de saludo dirigiéndose a los presentes en esta visita, entre ellos, al Cardenal Vicario, al Rabino Jefe de Roma, y, en especial, a los familiares de las víctimas.

«Creo en Dios y en Italia, creo en la resurrección de los mártires y de los héroes, creo en el renacer de la patria y en la libertad del pueblo». Benedicto XVI citó estas palabras escritas en la pared de una celda de tortura, en Roma, durante la ocupación nazi, calificándolas de testamento de una persona desconocida, prisionera en ese lugar, que «demuestran que el espíritu humano queda libre aun en las condiciones más duras».

Señalando el 150 aniversario de la unidad de Italia, que se celebra este año, el Obispo de Roma destacó que ese «creo en Dios y en Italia» afirma la primacía de la fe, como manantial de confianza y esperanza para esta nación y su futuro. Luego evocó con conmoción la violencia perpetrada hace 67 años, rindiendo homenaje a las víctimas:

«Lo que ocurrió aquí el 24 de marzo de 1944 es una ofensa gravísima a Dios, porque es violencia deliberada del hombre contra el hombre. Es el efecto más execrable de la guerra, de toda guerra, mientras que Dios es vida, paz y comunión. Como mis predecesores, vengo aquí a rezar y renovar la memoria. A invocar la divina Misericordia, la única que puede colmar los vacíos, las vorágines abiertas por los hombres cuando, empujados por la ciega violencia, reniegan su dignidad de hijos de Dios y hermanos entre ellos. Yo también, como Obispo de Roma, ciudad consagrada por la sangre de los mártires del Evangelio del Amor, vengo a rendir homenaje a estos hermanos, asesinados a poca distancia de las antiguas catacumbas»

Haciendo hincapié en los lazos entre fe y amor a la patria y reiterando que todo hombre está llamado a realizar su propia dignidad – testimoniando aquella verdad que reconoce con su propia conciencia – el Santo Padre hizo resonar otro vibrante testimonio:

«Otro testimonio que me impactó es el que se encontró justo aquí, en las Fosas Ardeatinas. Una hoja de papel en la que un caído escribió: Dios mío Padre grande, te rogamos que puedas proteger a los judíos de las bárbaras persecuciones. 1 Padre Nuestro, 10 Ave Marías, 1 Gloria al Padre’. En aquel momento tan trágico e inhumano, en el corazón de esa persona surgió la invocación más alta: Dios mío Padre grande ¡Padre de todos!»

«Como en los labios de Jesús, muriendo en la cruz: Padre en tus manos encomiendo mi espíritu». Evocando las palabras de Nuestro Señor, el Papa, subrayó una vez más la importancia de rechazar el mal y de aceptar a Dios Amor y Padre de la humanidad:

«En el nombre Padre está la garantía segura de la esperanza, la posibilidad de un futuro distinto, libre de odios y venganzas, un futuro de libertad y de fraternidad, para Roma, Italia, Europa, el mundo. Sí, por doquier, en cada continente, a cualquier pueblo pertenezca, el hombre es hijo de aquel Padre que está en los cielos. Es hermano de todos en humanidad. Pero ser hijo y hermano no es algo descontado. Lo demuestran, lamentablemente, también las Fosas Ardeatinas. Hay que quererlo, hay que decir ‘sí’ al bien y ‘no’ al mal. Hay que creer en el Dios del amor y de la vida. Y rechazar toda otra falsa imagen divina, que traiciona su santo Nombre y, por tanto, traiciona al hombre, hecho a su imagen»

Benedicto XVI culminó sus intensas y emocionadas palabras invocando la paz para la familia humana:

«En este lugar, doloroso memorial del mal más horrendo, la respuesta más verdadera es la de tomarse de la mano, como hermanos y decir: Padre nuestro, nosotros creemos en Ti y con la fuerza de tu amor queremos caminar juntos, en paz, en Roma, en Italia, en Europa y en el mundo entero. Amén»

A su llegada a las Fosas Ardeatinas, el Papa había sido acogido por el Cardenal Vicario Agostino Vallino; el Cardenal Andrea Lanza di Montezemolo, cuyo padre fue de una de las víctimas; el general Vittorio Barbato, Comisario General para los homenajes a los caídos en la guerra; el director de este Mausoleo, y la señora Rosina Stame, presidenta de Asociación Nacional de las Familias Italianas de los Mártires caídos por la libertad de la Patria y por el Rabino Jefe de la Comunidad Judía de Roma, Riccardo Di Segni. Después de un homenaje floral ante la lápida que recuerda la matanza, el Santo Padre entró al Sagrario y de rodillas se detuvo en oración ante las tumbas.

Luego el Rabino Jefe de Roma rezó en hebreo el Salmo 129 ‘De profundis’ y el Santo Padre rezó el Salmo 23, «El Buen Pastor», y una Oración.

«Oh Dios, Padre misericordioso, te agradecemos por habernos donado a tu Hijo Jesús, Pastor Bueno, que dio su vida por nosotros.
Con su muerte y resurrección Él nos liberó de la esclavitud del pecado y nos abrió el pasaje a la vida eterna.
Te rogamos por nuestros hermanos que en este lugar fueron asesinados sin piedad:
Concédeles que gocen por siempre de la luz y la paz de tu Reino.
Te lo rogamos por Cristo nuestro Señor.
Amén»

Saliendo del Monumento Benedicto XVI firmó en el Libro de visitas, escribiendo en latín «Ningún mal temeré, pues estás Tú junto a mí», frase tomada del Salmo 23. Recordamos que Benedicto XVI es el tercer Papa que visita las Fosas Ardeatinas, rezando ante las tumbas de las víctimas. El Siervo de Dios Pablo VI estuvo el 12 de septiembre de1965 y el Venerable Juan Pablo II el 21 marzo de 1982.

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