"Para descubrir que Cristo nos salva", carta cuaresmal del obispo de Plasencia

Estamos ya metidos en la cuaresma, y no quiero dejar que pase esta oportunidad de gracia sin que os escriba algunas reflexiones y os haga ciertas recomendaciones para lo que resta de este tiempo cuaresmal. Seguramente a estas alturas todos habéis escuchado en la predicación de vuestros sacerdotes que esta cuaresma tiene un carácter marcadamente bautismal, que su recorrido espiritual, en sus textos litúrgicos y en sus ritos, está diseñado para acompañar a los catecúmenos que se preparaban para recibir el bautismo en la noche de pascua. Fue concebida como un periodo de purificación e iluminación en el que los que iban a ser cristianos preparaban su ya cercana incorporación a Cristo. En la cuaresma se daba un gran impulso a su conversión, sobre todo con la purificación de sus corazones en los escrutinios y con la reafirmación de su fe y vida cristiana en las entregas del credo y de padrenuestro. En este periodo se procuraba nutrir, guiar y sellar en ellos una mentalidad de fe.
Para renovar la identidad bautismal
Es evidente que todo esto es muy válido y necesario también para nosotros, con la salvedad de que nosotros hacemos este recorrido cada año para renovar nuestra identidad bautismal. Pero también para nosotros es tiempo de un mayor impulso en la conversión. Lo esencial es, por tanto, abrir nuestro corazón a Dios con una mayor intensidad, para así aprovechar esta ocasión favorable en la que todo colabora en la vida de la Iglesia a que la gracia del Señor llegue a cada uno de nosotros. Si no hay esta apertura y esta actitud favorable al cambio interior, la cuaresma no habrá pasado de ser un mero recorrido superficial, aunque esté llena de actividades religiosas e incluso piadosas. Lo fundamental en este tiempo es que lleguemos a descubrir y vivir un hecho definitivo: Cristo nos salva. Ese es el corazón de nuestra confesión de fe. Y a esa experiencia sólo se llega en el Espíritu, es un don del Espíritu.
Experiencias espirituales
Pero también es cierto que las experiencias espirituales y los actos de piedad son de una gran ayuda para que el Señor deje su impronta en nuestro corazón, con tal de que nosotros dejemos hacer con docilidad a Espíritu Santo, el gran trabajador de la cuaresma. Por eso, me voy a permitir sugeriros algunas experiencias y actividades para este tiempo a los sacerdotes, a los consejos de pastoral y a cada uno de cuantos leáis estas líneas. Como primera propuesta, considero que es especialmente recomendable la participación en unos ejercicios espirituales. Su metodología y su pedagogía espiritual se adaptan perfectamente a ese camino de perfección y santificación, es decir, de purificación e iluminación que caracteriza a la cuaresma. Junto a las que ya ha habido y habrá, organizadas por la diócesis, os animo a organizar tandas de EE adaptadas a todas las posibilidades de los fieles, en las que cuantos más mejor puedan participar. Será una gran oportunidad de renovación para todos y también para nuestras comunidades.
Cuando esto no sea posible, al menos convendría que se organizan retiros espirituales, centrados en la fuerza de los textos de la misa del domingo y siempre respetando su desarrollo. Son una gran oportunidad para el encuentro con el Señor. Son muy recomendables también las charlas cuaresmales. Pertenecen a la mejor tradición de una Iglesia que acompaña la fe de sus hijos. Con una buena programación y desarrollo le pueden dar un gran impulso a la renovación espiritual. Recomiendo de un modo especial la experiencia personal o comunitaria de la lectio divina durante la cuaresma. Los textos son especialmente ricos para ello y están especialmente pensados para llevarnos al crecimiento en la fe y a la conversión a Cristo. Naturalmente es especialmente recomendable intensificar la vida espiritual en este tiempo participando en la misa diaria y rezando en comunidad la liturgia de las horas, sobre todo laudes y vísperas. Y, aunque lo habréis dado por supuesto, es absolutamente necesario que la conversión pase por el Sacramento de la Reconciliación, tras un exhaustivo examen de conciencia, al hilo del camino hacia la pascua que la Iglesia nos ha propuesto.
Actos de piedad
En cuantos a los actos de piedad, recomiendo el siempre necesario via crucis, que afortunadamente goza de una extraordinaria acogida en las comunidades cristianas. Es una gran ocasión para interiormente la pasión de Cristo y para prepararnos e vivir ese misterio con una intensidad que nos lleve a encontrar de nuevo su amor por nosotros. Es también una oportunidad para entrar en la vida de Cristo, cuyos pasos seguimos, el rezo del Santo Rosario, que en cuaresma nos ha de llevar a contemplar con especial fervor los misterios de dolor y de gloria. Siempre serán de una gran ayuda en este periodo cuaresmal ciertas oraciones y muchos cantos que en este tiempo nos acercan con fervor a la pasión y muerte de Jesucristo, así como a la pasión maternal de María. No hemos de perder nada de lo que nos han ofrecido nuestros antepasados, como tampoco debemos de menospreciar las muy buenas ideas e iniciativas que hay hoy en la Iglesia y que se nos ofrecen como ayuda para vivir con intensidad espiritual la cuaresma. Siempre muy recomendable para la cuaresma es una buena lectura espiritual de algunos de los muchos libros que para este tiempo se suelen ofrecer.
Dejo para otra ocasión la Semana Santa que, como todos saben, es especialmente rica en posibilidades para que los cristianos la vivamos con intensidad. De momento os sugiero lo que acabo de exponer. Espero que os ayude, sabiendo como empecé diciendo que lo esencial es que el encuentro entre Jesús y nosotros funcione bien y nos lleve a la conversión.
Buena y santa cuaresma.

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Plasencia

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